Orgullo Frío

Extra 6. Quedarse sin razón.

El destello de la cámara desapareció tan rápido como apareció. Sin embargo, durante un segundo extraño, Damián tuvo la sensación de que algo acababa de cerrarse.

No una puerta, sino algo más difícil de explicar. Como cuando un libro llega a la última página de un capítulo particularmente importante y, aunque la historia continúa, el lector entiende que jamás volverá a encontrarse exactamente en ese mismo lugar.

El fotógrafo revisó las imágenes en la pantalla de la cámara mientras Clark intentaba asomarse por encima de su hombro como un buitre emocionalmente inestable.

—Necesito verificar que mi belleza haya sido correctamente documentada, por favor.

—Necesitas alejarte cinco metros —respondió Jensen.

—Los artistas siempre son incomprendidos.

—Tú juegas hockey.

—Eso no limita mi sensibilidad.

Marshall decidió abandonar cualquier intento de intervenir. Probablemente porque ya había aceptado que Clark era una fuerza de la naturaleza más que un ser humano y, mientras no se tratase de Hockey, tal vez fuese piadoso. Las risas siguieron expandiéndose por el grupo mientras varios jugadores comenzaban a dispersarse lentamente sobre el hielo. Algunos tomaban fotografías adicionales con sus teléfonos. Otros intercambiaban bromas o recordaban jugadas de la temporada.

Damián observó en silencio, pudo contemplarlos sin ansiedad.

Sin preguntarse qué pensaban de él.

Sin intentar adivinar si encajaba.

Sin buscar señales de rechazo donde no existían.

Simplemente estaba ahí. Y aquello seguía sintiéndose como una especie de milagro.

—Te fuiste otra vez.

La voz grave de Theodore apareció a su lado. Damián giró apenas la cabeza.

—¿Qué?

—Estás pensando demasiado.

—Tú también haces eso a veces.

—Sí.

—Entonces no puedes juzgarme.

—Puedo porque lo reconozco cuando lo veo.

Damián estrechó los párpados con agudeza.

La sonrisa apareció sola.

Theodore llevaba las manos dentro de los bolsillos de la chaqueta mientras observaba al resto del equipo sobre el hielo. Las luces del estadio iluminaban parcialmente sus facciones, creando sombras suaves sobre el puente de la nariz y la mandíbula.

Y Dios.

Seguía siendo ridículamente atractivo. Después de todo aquel tiempo, después de todos aquellos capítulos de sus vidas, todavía ocurría, todavía le aceleraba el pulso.

Damián apartó la vista antes de que Theodore pudiera atraparlo observándolo otra vez.

No funcionó.

—Ahora me estabas mirando tú.

Mierda.

—No.

—Ajá.

—No.

—Claro.

La satisfacción tranquila que apareció en la expresión de Theodore consiguió arrancarle otra risa. Y quizá aquello era precisamente lo más peligroso. La facilidad… esa forma en que Theodore conseguía hacerlo feliz sin intentarlo realmente; sin grandes gestos, sin discursos, simplemente estando ahí tan firme como un roble.

La reunión comenzó a deshacerse poco a poco después de la fotografía.

No de golpe.

Como suele ocurrir con las cosas importantes, algunas personas tenían planes, otras debían trabajar al día siguiente, varios simplemente empezaban a notar el cansancio acumulado después de una noche larga de recuerdos, comida y conversaciones.

Clark fue el primero en convertir la despedida en una experiencia traumática.

—No estoy preparado para esto.

Gabo apenas levantó la vista.

—Nos vemos la próxima semana.

—Ese no es el punto, tú, cosa sin emociones.

—Literalmente sí lo es.

—¿Y si el destino nos separa?

—Vivimos en el mismo campus.

—No puedes garantizar nada.

Jensen terminó empujándolo hacia la salida mientras Clark seguía protestando sobre la crueldad inherente de la existencia humana. Damián observó la escena intentando no reírse demasiado, porque, aunque exagerado, algo de verdad había detrás de aquello.

La temporada realmente había terminado, y aun cuando todos seguirían viéndose, algo estaba cambiando.

La vida siempre seguía moviéndose.

Siempre.

Los jugadores comenzaron a desaparecer gradualmente por los pasillos del estadio. Abrazos, golpes amistosos en los hombros, choques de puños y promesas de reunirse pronto. Pequeños rituales de despedida que parecían simples hasta que uno se detenía a observarlos con atención.

Porque estaban construidos sobre algo más profundo.

Tiempo compartido.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.