Otra version: un nuevo despertar

Capitulo 2

Poco y nada pudieron hacer para ignorar esa sensación escalofriante que recorrió todo su cuerpo en aquel momento. Con el pasar de las clases, intentaron hacer fuerza para dejar atrás ese sentimiento y centrarse en el porvenir. Con el plan de María Paz aun en pie, les esperaba una tarde particular.

Tras sonar la última campana, todos los alumnos guardan sus cosas y salen rápido del aula. La sensación de pesadez y hartazgo era tan común como en cualquier otro primer día. Uno esperaría estar más descansado, pero la cantidad de nueva información entrando en la cabeza no les hizo bien. Mucho menos en la situación de los nuevos.

Natha, Galileo, Sofi y Robin se encuentran esperando a Maria Paz en la puerta principal de entrada. Sus mochilas ya cargadas y al hombro. Sus uniformes mas descuidados que cuando entraron. Los botones superiores en las camisas de los muchachos ya desabrochados. Arrugas en las telas resultado de un día de descuido. Maria, haciendo acto de aparición por un pasillo, se aproxima hacia ellos con entusiasmo mientras sujeta del brazo al chico que antes les habia señalado.

—¡Maria, espera, no termine de cerrar la mochila! – Exclama el joven, quien ahora traía una cámara colgando de su cuello.

—¡Dale, Kyle, no quiero que se nos haga tarde!

Acercándose al grupo y estando los seis juntos, Kyle plantea la duda.

—Lo de los fantasmas es solo una leyenda reciente, ¿se los dijiste no?

Las caras de los nuevos cambia ligeramente, reforzando la duda que aun mantenían hacia las palabras de su compañera. Galileo no tarda en sembrar una chance con otra pregunta.

—¿No son todas las historias de fantasmas leyendas? Quizás lo que haya detrás sea lo importante.

Sofi, mientras con una mano se acomoda los anteojos, con la otra saca del bolsillo su libreta. Aprovechando el flujo de la conversación, se prepara para anotar. Sin embargo, con la lapicera casi por alcanzar el papel, se detiene.

—A veces las personas pueden crear historias de fantasmas para hablar de otros males más fuertes, evitando tocar el tema directamente, ocultando su verdadero temor tras una leyenda poco creíble – Explica Sofi, ganando la atención curiosa de todos y volcando la suya en su libreta

—Dicen que la chica se suicidó en esas vías…-Aclara Kyle.

Con tan solo unos segundos de silencio, Maria Paz agrega.

—Y bueno, ellos tienen que hacer un proyecto sobre como las vidas fueron afectadas por el terremoto. Y terremoto con muertos, muertos con fantasmas, y tatata ¡Se relacionan!

Rindiéndose junto a un gran suspiro, su compañero se ajusta la correa de la cámara y cierra su mochila.

—Si realmente quieren hacer esto, habría que partir ahora. El camino hasta allá son unos cuarenta minutos en tren. Por lo menos van a poder disfrutar del paisaje.

Y Kyle no mentía. Desde que partieron del colegio hasta que llegaron a la estación del tren, exploraron la pequeña pero moderna ciudad que ahora los acogía. Calles de cemento con la pintura al día, edificios que no tapaban el cielo y varios locales que recibían con gusto a sus clientes. Entre las vistas y los comentarios que María Paz iba agregando, aconsejando a donde ir y a donde no, los nuevos estaban endulzados de información. Tanta que por momentos la voz de María se hacía imperceptible.

Al llegar a la estación, no pasan más de diez minutos hasta que el tren aparece y un hombre anuncia desde un megáfono “Ciudad Zirconita”. Ninguna persona desciende de la formación, por lo que los muchachos se adelantan y lo abordan.

Alli comienza un largo viaje. En el transcurso, Sofi ignoro su propia libreta para centrarse en los paisajes que se podían ver desde la ventana. Sin haberse alejado mucho de la ciudad, contemplo una costa hermosa con arena resplandeciente y olas que abrazaban cariñosamente la orilla. El olor a playa y el sonido del agua la hipnotizaron por completo. Muy por el contrario, Maria Paz parecía evitar ver hacia afuera del vagón. Su mirada solo revoloteaba entre los asientos. Intentando interrumpir un silencio que no incomodaba a nadie mas que a ella, intenta sacarle charla a Robin, pero esta apenas responde. Ella, muy inmersa en sus pensamientos, se mantiene con la mirada fija a un punto. Por otro lado, Nathan, inquieto, camina desde un lado del vagón a otro jugando con el movimiento del mismo vehículo. Intentando mantener el equilibro sin sostenerse de ningún lado y evitando llevarse puesto a alguien. Galileo y Kyle charlan apenas lo suficiente como para llamarlo conversación, forzando diálogos secos y sencillos sobre el hobby del fotógrafo.

—Estacion … —Anuncia el megáfono interno del tren seguido de un sonido de interferencia.

Con ese aviso, los alumnos descienden de la formación confundidos e intercambiando miradas dubitativas entre ellos. Siendo los únicos que salen del vagón, sienten que están en la estación correcta. Los primeros pasos sobre esa estructura deteriorada le dieron los indicios necesarios para saber que el lugar había estado abandonado por mucho tiempo. En las grietas y quebraduras se notan la falta de mantenimiento. Galileo es el primero en afilar su ojo y detenerse en los daños estructurales del cemento. Rajaduras profundas a lo largo del suelo delatan lo que los alumnos necesitaban saber. Lo mas extraño para ellos es encontrar esta lastimada estación en medio de un descampado sin rumbo. Pastizales se extienden hacia todas las direcciones, mostrando nula presencia de civilización mas que las vías y la estación misma.

—¡Ey! —Exclama para llamar la atención del grupo mientras se acerca a la grieta —Esto podría servir.

—¡Enseguida voy! —Responde Kyle con la cámara en mano ganando entusiasmo.

Sofi parece retomar la conciencia y reinsertarse en el objetivo del grupo. Rapidamente toma su libreta y apunta los sucesos uno por uno. Por otro lado, Robin se detiene antes de acercarse demasiado a Galileo. Un extraño olor invade sus sentidos. La inquietante sensación no le permite hablar hasta discernir lo que realmente era.




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