Pacto de Cenizas

Capítulo 4: La tinta sobre las cenizas

El ascensor privado del edificio subió en un silencio tenso que solo era interrumpido por el leve zumbido del motor. Elena mantenía las manos firmes sobre el asa de su única maleta de cuero. Cuando las puertas de cristal bronceado se deslizaron en silencio, la penumbra del penthouse la recibió con el aura sobria y dominante de su dueño.

El espacio era amplio, minimalista y frío. Paredes de hormigón visto, ventanales de piso a techo con una vista panorámica e imponente de la ciudad iluminada y una cocina de diseño industrial en acero cepillado que parecía más un laboratorio de precisión que el corazón de un hogar. Olía a madera noble, cuero y esa nota distante a cedro y pimienta que pertenecía intrínsecamente a Jack.

Él avanzó unos pasos, se quitó el saco del traje y lo arrojó con indolencia sobre el respaldo de un sofá de cuero negro. Se desabrochó los dos primeros botones de la camisa blanca, rompiendo por primera vez en la noche la imagen de perfección inalcanzable que vendía al mundo.

—Tu habitación es la del fondo a la derecha —dijo Jack, señalando el pasillo sin girarse a mirarla mientras caminaba hacia el bar integrado—. Tiene baño privado. Tus otras maletas llegarán mañana por la mañana.

Elena no se movió. Se quedó en el centro de la sala, sintiéndose una intrusa en un territorio diseñado para intimidar.

—No necesito un recorrido turístico, Jack —respondió, manteniendo la voz firme—. Solo dime dónde están las reglas del juego.

Jack sirvió dos dedos de whisky en un vaso de cristal pesado. Los hielos chocaron con un sonido seco. Se giró despacio, sosteniendo la mirada de Elena con esa intensidad gris que parecía medir cada una de sus reacciones.

—Están sobre la mesa de noche de tu habitación —dijo, dando un sorbo pausado—. El documento original. Tu copia.

—¿No vas a explicarme tú mismo lo que firmaste en mi nombre?

—Es tarde, Elena. Y no me gusta discutir con personas que están demasiado exhaustas como para pensar con claridad —replicó él, marcando una distancia calculada mientras rodeaba la barra de la cocina—. Léelo esta noche. Cláusula por cláusula. Anota cada duda, cada objeción o cada punto en el que sientas que estoy acorralándote. Mañana en el desayuno repasaremos el texto completo.

Elena apretó el agarre de su maleta. Hubo una chispa de desafío en sus ojos, pero la fatiga del día —la emboscada de Marcos, la humillación pública y la farsa del compromiso— amenazaba con hacer mella en su compostura.

—Está bien —murmuró—. Mañana a primera hora.

—Que descanses, Elena —dijo él, pero su tono no tenía nada de amabilidad; era una advertencia velada de que el verdadero control acababa de empezar.

La habitación principal de invitados era amplia, dominada por una cama tamaño king vestida con sábanas de lino gris oscuro. Pero Elena ni siquiera se fijó en el lujo del lugar. Lo único que atrajo su atención fue la carpeta de piel negra dispuesta en el centro de la mesa de noche, junto a una lámpara de luz cálida.

Se cambió por un pantalón de pijama holgado y una camiseta de tirantes, se recogió el cabello en un moño desprolijo y se sentó cruzada de piernas en medio de la cama enorme. Tomó el documento. Las páginas tenían el peso y la textura del papel de alta gramaje, e impreso en letras sobrias leía: ACUERDO DE COMPROMISO Y PROTECCIÓN CORPORATIVA.

CLÁUSULA 1: NATURALEZA DEL VÍNCULO PÚBLICO

Las partes acuerdan simular un compromiso matrimonial sólido y exclusivo por un periodo ininterrumpido de seis (6) meses a partir de la firma del presente documento. Ambos se comprometen a proyectar absoluta devoción, química y estabilidad ante medios de comunicación, eventos de la industria gastronómica y círculos sociales.

CLÁUSULA 2: FINANCIACIÓN Y CO-PROPIEDAD DEL PROYECTO CULINARIO

La Firma Corporativa de Jack asumirá el cien por ciento (100%) de los costos operativos, de remodelación y de apertura del nuevo restaurante de Elena. Elena conservará el control creativo absoluto de la cocina. En contraprestación, la Firma mantendrá el cincuenta por ciento (50%) de los derechos de explotación comercial únicamente durante la vigencia del contrato.

CLÁUSULA 3: COHABITACIÓN OBLIGATORIA

Para evitar filtraciones o sospechas de la prensa, Elena trasladará su residencia habitual al penthouse de Jack. Ambos mantendrán dormitorios separados, pero deberán compartir espacios comunes y rutinas diarias. La presencia de terceros en la residencia requerirá notificación previa.

Elena tragó saliva. La frialdad con la que estaba estipulada su vida personal la hacía hervir por dentro, pero fue la siguiente cláusula la que hizo que sus dedos apretaran el papel con fuerza.

CLÁUSULA 4: LÍMITES PERSONALES Y CONTACTO FÍSICO

El contacto físico quedará estrictamente restringido a apariciones públicas donde la credibilidad de la farsa lo exija (tomarse de las manos, abrazos, besos protocolarios o gestos de complicidad). En la intimidad de la residencia, queda estrictamente prohibido cualquier involucramiento sentimental, romántico o de índole sexual. Cualquier transgresión romperá el contrato de inmediato con penalizaciones financieras severas para la parte infractora.

CLÁUSULA 5: CONFIDENCIALIDAD Y EXCLUSIVIDAD




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