Pacto de Cenizas

Capítulo 14: Polvo, Sangre y Cenizas

El olor a tierra seca, combustible quemado y olivares maduros llenaba el aire en el callejón de acceso a la finca. El galpón de empaque, una estructura gigantesca de chapa galvanizada y vigas de hierro, se erguía en penumbras bajo el cielo plomizo de la tarde.

Frente al camión de carga, dos hombres fornidos vestidos con chaquetas oscuras descargaban apresuradamente las cajas de madera de pino con el sello de la cooperativa, apilándolas sobre la plataforma de un vehículo sin patente.

Jack no esperó a que la patrulla de seguridad de Mateo llegara al cruce. Ajustándose la camisa azul noche, avanzó a pasos firmes por el suelo de tierra, cortando la distancia con una fría determinación. Elena bajó de la camioneta apenas un segundo después, ignorando la advertencia implícita de Jack de quedarse en el vehículo.

—¡Hey! ¿Quién les dio autorización para mover ese cargamento? —la voz de Elena resonó con la fuerza de un treno en el galpón, haciendo que los dos sujetos se giraran de golpe.

El más alto, un tipo con una cicatriz en la ceja y las manos enfundadas en guantes de cuero, soltó una carcajada amarga mientras dejaba caer una caja contra el piso con un golpe sordo.

—Mira quién vino... La chef estrella y el magnate —dijo el sujeto de la cicatriz, metiendo la mano en el bolsillo interno de su chaqueta—. Señores, este cargamento fue embargado por incumplimiento de contrato con la distribuidora central. Tienen que retirarse si no quieren problemas.

Jack no aminoró la marcha. Llegó frente al tipo de la cicatriz y, sin pronunciar una sola palabra de advertencia, descargó un puñetazo seco y brutal directamente contra su mandíbula. El sonido del impacto fue como el quiebre de una rama seca. El hombre se tambaleó hacia atrás, chocando contra el lateral del camión antes de desplomarse sobre la tierra.

El segundo matón reaccionó de inmediato, sacando una barra de hierro de la caja del camión y arremetiendo contra Jack. Elena actúo por puro instinto: tomó una pesada tabla de embalar de roble apoyada contra la pared y la estrelló con rabia contra la espalda del agresor justo cuando este levantaba el hierro hacia la cabeza de Jack.

El sujeto se giró furioso hacia Elena, pero Jack aprovechó la distracción para sujetarlo por el cuello, estamparlo contra la chapa del camión y arrebatarle el arma improvisada con un movimiento rápido y entrenado, dejándolo fuera de combate con un golpe certero en las costillas.

El silencio volvió bruscamente al galpón, roto solo por el jadeo pesado de ambos y el zumbido distante del viento entre los olivos.

Elena permaneció de pie con la tabla de madera aún entre las manos, la respiración agitada y el pecho subiendo y bajando bruscamente under la tela de su camisa. El sudor le pegaba varios mechones de cabello a la frente y sus ojos brillaban con una adrenalina salvaje.

Jack se giró hacia ella lentamente. Tenía un leve rasguño en el pómulo derecho del que goteaba un hilo fino de sangre, y los nudillos de su mano derecha estaban rojos y marcados. Sus ojos grises, oscurecidos por una mezcla de rabia y excitación pura, se clavaron en ella con una intensidad devastadora.

—Te dije que te quedaras en el auto, Elena —murmuró él con la voz ronca, avanzando despacio hacia ella.

—Y yo te dije que nadie juega con los insumos de mi cocina —replicó ella, dejando caer la tabla al suelo con un golpe seco.

Jack no se detuvo hasta acorralarla contra el lateral de madera del camión de carga. Apoyó ambas manos a los lados de la cabeza de Elena, atrapándola entre su cuerpo y la estructura del vehículo. El calor que emanaba del torso de Jack era sofocante, mezclado con el aroma a cuero, tierra y el perfume de su piel.

—Eres completamente insensata —susurró Jack, inclinándose hasta que la punta de su nariz rozó la mejilla de Elena, siguiendo el rastro del hilo de sudor que le bajaba por el cuello.

—Y tú eres un imprudente que cree que puede arreglar todo a golpes —respondió ella en un hilo de voz, aunque sus manos, traicionando su discurso, subieron instintivamente al pecho de Jack, sintiendo la dureza de sus músculos y el latido desbocado de su corazón.

—Me salvaste la espalda, chef —admitió él con un registro grave, profundo, casi en un gruñido.

Jack alzó la mano y con el pulgar limpió suavemente una mancha de polvo del pómulo de Elena. Su toque no tenía nada de corporativo; era una caricia lenta, cargada de una posesividad latente que le hizo dar un vuelco al estómago a la joven. Deslizó sus dedos hacia la nuca de ella, apretando con firmeza el cabello de la chef para obligarla a inclinar la cabeza hacia atrás.

—Me vuelve loco la forma en que me miras cuando tienes rabia —confesó Jack, acercando sus labios hasta rozar los de ella sin llegar a cerrarse la distancia—. Y me vuelve aún más loco saber que cualquier otro hombre en esta ciudad mataría por estar a un metro de ti esta noche.

Elena entreabrió los labios, sintiendo el aliento cálido y alcohólico de la adrenalina de Jack invadir sus sentidos.

—No hay ningún otro hombre aquí, Jack... —provocó ella en un susurro entrecortado, clavando las uñas en la tela de su camisa azul.

—Más le vale —sentenció él antes de devorar su boca con un beso salvaje, sucio y hambriento.

El choque de sus labios en medio de la penumbra del galpón fue una explosión. Jack la pegó a su cuerpo con una fuerza que le quitó el aire a Elena, levantándola ligeramente del suelo mientras la pierna de él se abría paso entre los muslos de ella, generando una fricción abrasadora que sacó un gemido ahogado del pecho de la chef. Elena le rodeó el cuello con ambos brazos, respondiendo al beso con la misma voracidad, mordiendo el labio inferior de Jack hasta sentir el sabor metálico de la sangre.




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