La sala de conferencias del piso catorce de la torre corporativa de Jack estaba abarrotada de periodistas, fotógrafos y cadenas de televisión nacional. El murmullo de los flashes y las murmullos de los analistas del sector culinario creaban una atmósfera de expectación sofocante. La noticia del supuesto embargo judicial interpuesto por Marcos contra el restaurante Cenizas había circulado a primera hora por las redacciones, provocando un revuelo mediático enorme.
A las once en punto, las puertas laterales de roble se abrieron. Jack ingresó al recinto vistiendo un traje cruzado color gris marengo, impecable, proyectando una presencia fría e inalcanzable. A su lado, Elena caminaba con la barbilla en alto, vistiendo un traje sastre blanco impecable que resaltaba su compostura y la seguridad de sus movimientos.
En la tercera fila de la sala, Marcos permanecía de pie junto a su abogado, con una sonrisa de satisfacción mal disimulada. Había acudido personalmente para presenciar lo que creía que sería la capitulación pública de la pareja o la cancelación preventiva de la inauguración.
Jack y Elena ocuparon sus lugares tras el podio principal. Mateo distribuyó carpetas de prensa con el sello de la firma a cada uno de los periodistas presentes.
Jack se acomodó frente al micrófono. La sala guardó silencio absoluto en un segundo.
—Buenos días a todos —comenzó Jack, su voz sonando clara, profunda y libre de cualquier atisbo de duda—. Los hemos convocado hoy para aclarar de manera definitiva las especulaciones malintencionadas que han circulado sobre la apertura del restaurante Cenizas y sobre la propiedad intelectual del menú de la chef Elena.
Marcos cruzó los brazos con altanería, haciendo un gesto casi imperceptible a las cámaras de televisión.
—El señor Marcos y la firma Sabor & Raíz han intentado montar un espectáculo mediático alegando que nuestra propuesta gastronómica incurre en el plagio de una patente registrada a su nombre —continuó Jack, clavando su mirada gris directamente en los ojos de Marcos—. Sin embargo, lo que el señor Marcos olvidó mencionar a este auditorio y a las autoridades judiciales es la forma en que obtuvo esos borradores hace tres años, y los métodos delictivos que ha utilizado en las últimas cuarenta y ocho horas para intentar frenar este proyecto.
Un murmullo de sorpresa corrió entre los periodistas. Los flashes comenzaron a multiplicarse sobre el rostro de Marcos, cuya sonrisa empezó a congelarse.
Elena se acercó al micrófono con serenidad absoluta.
—La receta que se servirá en la noche de apertura de Cenizas —declaró Elena con voz firme— no es una versión de nada de lo que exista en la carta de Sabor & Raíz. Se trata de una formulación registrada esta misma mañana bajo la patente de autoría de mi firma personal, validada por el instituto de propiedad industrial. Pero más allá de la disputa culinaria, lo que realmente debe importar a esta ciudad es el sabotaje sistemático que hemos sufrido.
Jack tomó la palabra de nuevo, oprimiendo un control remoto que desplegó en las pantallas gigantes detrás del podio una serie de fotografías en alta resolución y documentos periciales.
—Lo que ven en pantalla —explicó Jack con tono implacable— son las pruebas del sabotaje realizado ayer al mediodía sobre nuestro suministro de mariscos y la reserva de aceite de oliva virgen extra de la cooperativa local. El informe químico confirma la inyección de reactivos de descomposición orgánica. Y el documento que ven abajo es la confesión firmada ante la fiscalía de turno por el chofer de la empresa de logística, quien admite haber recibido una transferencia bancaria directa desde una cuenta vinculada a Sabor & Raíz para ejecutar la contaminación del producto.
La sala estalló en un caos de preguntas y exclamaciones. Los camarógrafos giraron masivamente sus lentes hacia Marcos, quien dio un paso atrás, con el rostro totalmente descolorido y los ojos desorbitados por el impacto del contraataque.
Su abogado intentó sujetarlo del brazo para sacarlo disimuladamente de la sala, pero dos agentes de la policía provincial en civil, acompañados por el fiscal de delitos económicos, bloquearon la salida principal de la sala de conferencias.
—Señor Marcos —anunció el fiscal con voz fuerte para que resonara en toda la sala—, queda usted formalmente notificado de la orden de detención preventiva por intento de fraude comercial, sabotaje industrial y la reapertura de la investigación penal por el incendio del establecimiento Aura.
Los flashes capturaron cada segundo de la escena: Marcos intentando protestar amargamente mientras los agentes le leían sus derechos y lo escoltaban fuera del recinto bajo la mirada estupefacta de toda la prensa gastronómica de la región. El imperio que había construido a base de plagios y trampas se desplomaba en directo ante los ojos de la industria.
Cuando la sala volvió a un orden relativo, un periodista de la sección de espectáculos levantó la mano y dirigió la pregunta hacia la mesa principal.
—Jack... Elena... tras este escándalo y el éxito de la defensa legal, muchos se preguntan si esta alianza es puramente corporativa o si los rumores sobre su compromiso personal son reales. ¿Qué hay de cierto en que este proyecto nació de una estrategia mediática?
Jack miró al periodista y luego se giró hacia Elena. Sin dudar un solo segundo, estiró la mano sobre la mesa y cubrió los dedos de la chef con la suya, entrelazándolos con una firmeza pública y rotunda que congeló a los fotógrafos.