Paddock a toda velocidad

Capitulo 1

Yasmin

-¿Por qué Australia decidió ser una sauna portátil justo hoy? -murmuró Ana, abanicándose con el pase del paddock, que por fin sirve como abanico.

-Estamos a 24 grados -dije sonriendo.

-Exacto. Veinticuatro grados al sol australiano equivalen a cuarenta en cualquier país decente.

En el paddock de Melbourne huele a gasolina, energizantes y emoción... mi combinación perfecta. Los últimos cinco años de mi vida han sido ahorrar sin parar para poder presenciar un Gran Premio, y estar aquí se siente simplemente irreal. Pero lo es, es real.

-Ya he caminado demasiado, necesito un descanso, un... -empezó Ana a decir casi jadeando-. No sé lo que necesito, pero mejor me quedo aquí.

-Pero quiero ir a ver el paddock.

-Pues ve, tonta. Me encuentras en el restaurante -dijo Ana antes de irse al respectivo lugar.

Sujeté bien mi bolso de tela y empecé mi recorrido por las calles del paddock, lugar que siempre veía en televisión y ahora estoy en él. Pasillos interminables de movimiento constante, mecánicos entrando y saliendo de los garajes, jefes de equipo caminando con prisa, invitados VIP tomando fotos con sus gafetes colgando, justo como el mío, solo que lo compré yo, nadie me invitó.

Con mi cámara empiezo a tomar fotos de todo: mecánicos llevando las llantas hacia el garaje, un par de hombres tomando un café en un idioma que desconozco, los monoplazas, aquellos autos capaces de llegar a los 300 km/h que han sido mi obsesión por años. Tomo fotos de todos los garajes: Kingswell Racing, Valente, Ravenshaw, todos, hasta que llego a mi destino: Ashford Racing, con su icónico color verde oscuro llamándome desde lejos. Me apresuro a llegar y preparo mi cámara. Estoy ajustando el brillo cuando una sombra se fusiona con la mía y, de un momento a otro, estoy en el suelo.

Todo a mi alrededor se apagó por un segundo y lo único que escuchaba era un zumbido en mi oído. No sé cómo llegué a caer, pero seguramente mi cámara está completamente rota y alguna costilla también. Siento unas manos agarrando mis hombros y alguien diciendo algo rápidamente, pero mi mente está en blanco, no tengo la menor idea de lo que dice.

-I'm so sorry, lo siento tanto, ¿estás bien? -dijo esa persona, por fin mi mente conectó dos neuronas.

-Nossa... eu tô bem.

-¿Qué?

-Estoy bien.

-Lo siento, venía apurado y no te vi, de verdad, perdón.

-Ya te disculpaste como cinco veces -dije con una risita intentando abrir los ojos-. No te preocupes, los accidentes pasan.

Terminé de decir, logrando abrirlos, y lo que vi hizo que mi mente regresara a estar en blanco. Frente a mí está Aiden, el piloto de Ashford Racing.

-Esto no fue un accidente, fue... ¡Dios, estás sangrando! -gritó Aiden.

Quedé paralizada sin saber qué decir, con los ojos bien abiertos. Miré a mi alrededor y las personas estaban mirándonos, algunos con las cámaras de sus celulares en lo alto.

En ese instante salí casi corriendo. No sé qué está sangrando, pero me niego a hacerlo frente a Aiden y al resto de personas. Al fondo escucho lo que creo que es él gritando, pero no me volteo. Sigo caminando lo más rápido posible, doblo a la izquierda y por fin diviso el restaurante. Entro y busco desesperadamente a Ana, y doy en el clavo: veo al fondo sus trenzas rojas. Las personas alrededor me miran, pero actúo como si nada, no quiero ser humillada dos veces el día de hoy.

-Ana...

-¡Yas! ¡Estás sangrando!

-¡Cállate!

-Perdón, pero tienes sangre en tu cara, Yasmin, ¿qué te pasó? -susurra.

-Alguien cayó encima mío.

Si supiera quién fue...

-Aiden Maxwell.

-¿Qué?

-Fue Aiden, el piloto ese al que apoyas -dijo con cara de disgusto mientras limpiaba la sangre en mi cara-. Desde lejos se ve que iba directo a ti, ¿cómo no se dio cuenta?

-¿Cómo sabes que fue Aiden, Ana?

-Yas, salió en la televisión -con el dedo índice señala detrás de mí, y cuando volteo estaba la televisión transmitiendo en vivo.

No, por favor.

-Oh, mira, ya subieron el momento a internet.

Le di play al video y ahí estoy yo, en el suelo, con mi cámara efectivamente rota y Aiden levantándome. Todo parece ser como lo recuerdo, solo una cosa parece que no noté: hay una chica detrás de él, más a la derecha, pero está detrás. No sé quién es, pero definitivamente no está por las carreras: vestido corto, tacones de aguja y un bolso que probablemente cuesta más que mi casa.

-Bueno, así no era como quería empezar este fin de semana, pero ya qué -susurré con desgano, quitándome el gafete y dejando mi bolso a un lado.

-Ya sé, pero es viernes apenas. Tenemos mañana y pasado para disfrutar de Australia, además aún estamos en prácticas. Mañana empieza lo bueno.

-La clasificación.

-Así es, y luego el domingo la carrera, así que no te desanimes. Aún tenemos mucho por recorrer. Además, esto a la gente se le olvidará para mañana.

Luego de lo que pareció una eternidad regresamos al hotel, que está solo a unos minutos del circuito de Albert Park. Al entrar noto que todos me miran: recepcionistas, botones, servicio de limpieza, los mismos huéspedes, todos. Ese video de verdad se hizo viral.

Trágame tierra, por favor.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.