—¿Abuelo, qué es un monoplaza? —pregunté sentada en su regazo, expectante.
—Un tipo de auto de carreras, querida —respondió con su voz áspera de cansancio.
—¿Son como los que vemos en televisión?
—Así es. Se llama Fórmula 1, Yasmin. Grandes carreras alrededor del mundo.
Me levantó de su regazo y me llevó hasta un cuadro colgado en la pared.
—Esa fue la primera vez que vinieron aquí.
—São Paulo del 73 —dijo señalando el cuadro, el cual mostraba unas curvas extrañas—. Yo tomé la foto.
—¿Qué son esas curvas, abuelo? —pregunté siguiendo con mis dedos las líneas de la imagen.
—Son curvas de una pista de carreras, como las que vemos en televisión.
¿Qué pensaría mi abuelo al saber que aquella Yasmin que veía las carreras detrás de una pantalla ahora las vive en vivo y en directo?
Al parecer bajaron el video donde salgo yo en el piso, lo cual me tranquiliza bastante. No quería pasar el resto del fin de semana pensando en qué tanto alcance podría llegar a tener ese video.Probablemente debería dejar de sobrepensar tanto lo que ocurrió, pero no todos los días me choco con un piloto de Fórmula 1. En fin.
Hoy va a ser un día soleado, por ende usaré un vestido ligero junto a mi bolso de confianza, obviamente de tela. Me pongo mis sandalias, mis lentes de sol y salgo directo a la carrera.
Ana decidió quedarse en el spa del hotel porque, según ella, Australia es una sauna portátil, lo cual me parece gracioso teniendo en cuenta que vivimos en Río. Pero estoy feliz de que pueda disfrutar este viaje aunque sea a su manera, y yo me aproximo a disfrutarlo a la mía.
El ruido es una de las cosas de las que nadie me advirtió. El paddock parece una auténtica locura, hay demasiado sonido para mi gusto. Me coloco mis audífonos y toco reproducir la canción Like a Tattoo de Sade, e instantáneamente la melodía llega a mis oídos. Ahora sí, con un poco de paz, reanudo mi recorrido.
Faltan 10 minutos para que la clasificación comience. Ya el paddock está despejado, con los pilotos en los monoplazas listos para intentar marcar el mejor tiempo y ganar la pole.
Yo, por mi parte, me preparo para ir por un helado. Son prioridades.
La calle está más vacía, la gente ya está en las gradas y puedo caminar tranquilamente.
—Buenos días, ¿qué desea? —pregunta amablemente la chica detrás del mostrador.
—Un cono con dos bolas de chocolate, por favor.
—Enseguida.
Amo el chocolate en todas sus formas: helado, bebida, dulce, todo.
—Aquí tiene —dice la chica entregándome el helado.
Le agradezco, pago y salgo de aquella heladería color rosa.
Miro el reloj y la clasificación empezó hace diez minutos, pero no me preocupo. La mayoría de las veces los pilotos salen faltando pocos minutos, y lo confirmo al entrar nuevamente, porque apenas están saliendo de los garajes.
Me acomodo en mi asiento y disfruto de mi helado cuando siento personas detrás de mí. Me volteo y, por la forma en que están vestidos, creo que son staff de Ashford Racing.
—¿Cómo se llama, señorita?
—Yasmin... Yasmin Costa.
—Señorita Yasmin, Aiden requiere de su presencia.