Bueno, perderme toda la clasificación no estaba en mis planes, pero tampoco lo estaba que Aiden Maxwell quisiera verme. Pensé que ya se había olvidado del accidente, pero ya vi que no.
Luego de que me preguntaran mi nombre, me llevaron a una especie de ¿sala de juntas? No tengo la menor idea de qué era, pero había varias personas. Después de un rato de preguntas personales como mi edad, nacionalidad, entre otras que ya olvidé, entendí el motivo de mi "secuestro".
Querían asegurarse de que no iba a cancelar en redes a Aiden por el accidente de ayer, lo cual, cuando lo dijeron, me reí, y no disimuladamente. Les respondí que no lo iba a hacer y que, de hecho, ya hasta lo había olvidado.
Estar dentro de los garajes es una mezcla de emoción y nerviosismo. Puedo ver cómo son por dentro, lo cual es emocionante, pero las circunstancias no. No tengo idea de a dónde me llevan.
Las personas delante de mí me guían por unos pasillos. Doblamos a la izquierda, luego a la derecha y ya dejo de contar las vueltas que damos. Después de un rato se detienen y lo que ven mis ojos no lo procesa mi cerebro.
AIDEN MAXWELL en mayúsculas, grabado en la puerta de una habitación.
Tocan dos veces por mí y se van, dejándome en un mar de nervios.
-Adelante -escucho la voz de Aiden dentro de la habitación.
Tomo el pomo de la puerta y lo giro lentamente, repasando en mi mente si es realmente necesaria esta visita. Entro y ahí está, con el uniforme aún puesto, rojo como un tomate por la intensa clasificación, la cual me perdí, por cierto.
Creo que no me ha notado, pero no digo nada. Cierro la puerta detrás de mí y solo lo observo. Está... ¿haciendo ejercicio después de manejar? Este chico está loco.
-Acabas de manejar un auto a más de 300 km/h, creo que las lagartijas están de más, Maxwell.
-Tú.
-¿Yo?
-Después de caer encima de ti, te busqué como loco, en serio, y tú solo desapareciste -dice aún flexionando los brazos.
-He estado aquí todo el tiempo, Maxwell.
-Solo di mi nombre.
-Tú solo deja de hacer flexiones.
-Tú ganas, Yasmin -ríe.
-Entonces... -digo caminando alrededor del lugar, lo cual se traduce en preguntar por qué este sitio es tan pequeño.
-Quiero pedirte perdón, y antes de que digas que ya lo hice, mereces una disculpa real.
Después de mi recorrido de dos segundos quedo frente a él y, por primera vez, veo algo diferente en sus ojos. Distinto a la habitual determinación que muestra en cada entrevista que veo, pero no sé qué es.
-Ya te discul...
-No lo digas -me interrumpe.
-Eres terco -digo entre risas-. Bien, señor no-disculpas, ¿qué planeas?
-Quería darte esto. -Se voltea y rebusca entre sus cosas y saca una cajita-. Toma, es para ti. Lo vi cuando te fuiste.
Abro la caja y... ay, no puede ser.
-¡¿Una cámara?! Mi cámara no se parecía en nada a esta. Esto debió costarte una fortuna... ¿qué te pasa?
-¿Estás emocionada o molesta? No logro descifrar tu cara...
-Obvio emocionada -lo interrumpo-, pero ¿por qué me compraste una cámara totalmente nueva? Pudiste solo darme la mía, aunque estuviera rota.
-¿Quién en su sano juicio regalaría algo roto?
-Todos.
-¿Todos quién?
Todos él.
*Yasmin, es algo súper normal. Todos mis amigos les regalan cosas rotas a sus novias, así ellas desarrollan su creatividad arreglándolas. Deberías hacer eso tú también, a ver si eres útil en algo aparte de ser fastidiosa.*
-Me... tengo que ir -dije en un hilo de voz, saliendo por la puerta.