Paddock a toda velocidad

Capitulo 4

La manipulación emocional es un arma muy fuerte contra alguien que ya está mal mentalmente. Usar los miedos, la culpa y las inseguridades de alguien para influir en sus decisiones es algo serio, Yasmin. Eso fue más que solo una relación tóxica.

—¿Y qué va a ser lo primero que vas a fotografiar, Yas? —preguntó Ana sentada a mi lado en las gradas del circuito.

—Ya que estamos en un buen puesto, quiero replicar la foto que tomó el abuelo —con mis dedos acaricio lentamente los bordes de la cámara.

—La vuelta de formación puede ser un buen momento, ya que van más o menos lento —me volteo con cara atónita—. ¿Qué? Algo debo aprender, ¿no? Estoy contigo todos los días.

—Pues deberías, pero lo detestas.

—Detesto estar sentada dos horas bajo el sol y ver autos pasar cada dos minutos, pero no a los pilotos —bromeó con una sonrisa de lado.

—Ay, Ana, por favor, ten un poquito de ética deportiva aunque sea.

—Ay, por favor, no me vas a decir que los pilotos no están guapos, porque lo están —ruedo los ojos con una sonrisa en el rostro. Adoro a Ana.

La vuelta de formación está por comenzar y tomo el consejo de mi prima: tomaré la foto en esta vuelta. Las luces rojas aparecen y los pilotos empiezan a andar, giran en la primera curva que es donde estoy, así que alzo mi cámara rápidamente con intención de tomar la foto, pero un destello tenue dorado me despista.

—¿La tomaste? —pregunta Ana inclinándose.

—No... yo me despisté con algo.

—Está bien, no te preocupes, tienes más tiempo para intentar.

Bajo la mirada confundida. ¿Qué fue ese destello? Miro a mi alrededor, pero no veo nada. Vuelvo a bajar la mirada, pero esta vez a la cámara. Si cuando iba a tomar la foto lo vi, tal vez...

Alzo la cámara al mismo ángulo de hace un momento y veo el destello otra vez.

—Entonces sí viene de la cámara —susurro para mí.

Inclino la cámara levemente y veo de dónde viene el brillo dorado: Aiden grabó mis iniciales en esta cámara.

Escucho los motores de los monoplazas acercándose y tomo mi oportunidad. Aiden viene de primero, veo el 81 en el monoplaza y hago clic.

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—Estuvo bastante entretenida la carrera —expresó Ana guardando su teléfono—. Casi Tao le gana a Aiden, esos dos casi se chocan, estaban muy agresivos.

Lo usual. Siempre va a haber rivalidad entre pilotos, y más si son de la misma escudería. Tienen que competir con autos iguales... o bueno, deberían. Igual lograron un buen resultado: 1–2.

—Apresúrate, casi estamos al frente —insistió jalándome del brazo.

Casi tuvimos que saltar una valla para poder estar en la premiación. Con esta cámara nueva tomaré fotos increíbles.

Nos hacemos paso entre las personas y logramos estar bastante al frente. Empieza a sonar el himno nacional de Inglaterra por Aiden, ya que ganó la carrera. Aprovecho el momento y le tomo una foto: está con los ojos cerrados, rojísimo, pero sonriendo. Yo también lo estaría si hubiera ganado una carrera. Enfoco mejor la cámara para tomarle una más de cerca cuando el himno se detiene, abre los ojos y, de alguna manera, me encuentra. Su sonrisa se ensancha y no puede ser...

—Ana, dime por favor que vi mal —susurro con el corazón en la boca.

—No, Yas, viste perfectamente. Aiden te acaba de guiñar el ojo.




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