Padres Por Una Venganza

Capítulo 8

Un mes después de la boda, la rutina de frialdad y rechazo en la residencia en las colinas se interrumpió por una orden indiscutible de Vincenzo Moretti. La mafia organizaba su gala anual en un exclusivo club privado de la ciudad, un evento diseñado para exhibir poder, cerrar pactos y mostrar al mundo la impecable "unión" entre la firma Miller y el clan Moretti.

El vestido que elegí para la ocasión era de seda verde esmeralda, elegante y sobrio. Sin embargo, mientras me terminaba de abrochar la joya de diamantes que Vincenzo me había enviado como obsequio, una náusea repentina y violenta me obligó a correr al baño.

Apoyé las manos sobre el lavabo de mármol, respirando agitadamente. No había comido casi nada en todo el día; el estrés acumulado, las pesadillas constantes sobre la noche del secuestro y el desprecio diario hacia Luca estaban pasándole factura a mi cuerpo. Los mareos habían comenzado hacía una semana, pero los atribuía a la gastritis que me provocaba esta vida de farsa.

Un golpe suave en la puerta del baño me hizo sobresaltar.

—¿Elena? —la voz de Luca sonó al otro lado, llena de preocupación—. ¿Estás bien? Te escuché desde el pasillo.

—Estoy bien —respondí con aspereza, abriendo el grifo para lavarme la cara con agua helada—. No necesito tu supervisión.

Salí del baño y me encontré a Luca apoyado contra la pared del dormitorio, vistiendo un esmoquin negro impecable. Me observó con una mirada analítica, fijándose en la palidez de mi rostro y en la leve rigidez de mis hombros.

—Estás muy pálida —dijo sin dar un paso hacia mí, manteniendo la distancia que yo le exigía—. Si te sientes mal, puedo decirle a mi padre que tuvimos un inconveniente y nos quedamos.

—¿Y arriesgarme a que tu padre le cobre la falta de respeto a mi familia? De ninguna manera —le corté con amargura, tomando mi bolso de mano—. Vamos de una vez a terminar con esto.

El viaje en auto fue silencioso. En el club, la atmósfera era sofocante: el olor penetrante a puros costosos, el perfume pesado de los invitados y el tintineo constante de las copas de cristal me provocaron un dolor de cabeza instantáneo. Sostuve el brazo de Luca frente a las cámaras y los socios comerciales, sonriendo de forma autómata mientras él respondía con cortesía a las felicitaciones por nuestro "reciente matrimonio".

En un momento de la noche, Luca tuvo que alejarse hacia la terraza privada para atender una breve llamada de un socio de ingeniería. Me quedé cerca de la barra, pidiendo un vaso de agua con hielo para calmar la sensación de ardor en el estómago.

—Vaya, pero si la flamante señora Moretti está sola —una voz envenenada resonó a mi espalda.

Me giré para encontrar a Marco Moretti. Llevaba un vaso de whisky en la mano y los ojos entrecerrados por el alcohol. Se inclinó hacia mí con una sonrisa desagradable, rompiendo mi espacio personal.

—Veo que sigues con esa cara de pocos amigos —se burló Marco, exhalando el humo de su cigarro directamente hacia mi rostro—. ¿Qué pasa, Elena? ¿Mi hermanito no te satisface en la cama? Aunque, por lo que recuerdo de aquella noche, no necesitabas mucho para...

El olor denso del humo mezclado con el whisky me golpeó la garganta. La náusea volvió con una fuerza brutal, acompañada de un mareo tan intenso que el suelo pareció inclinarse bajo mis pies. Me llevé una mano al vientre, tambaleándome hacia atrás y chocando contra la barra.

—Aléjate de mí... —murmuré con un hilo de voz, sintiendo que la vista se me nublaba por completo.

Marco soltó una risa seca y estiró la mano para sujetarme del brazo con brusquedad.

—No te hagas la delicada conmigo, perra...

Antes de que pudiera tocarme, una mano de hierro le sujetó la muñeca con una fuerza bruta que hizo que Marco soltara el vaso de whisky, estrellándose contra el suelo.

Luca apareció como una sombra mortal. Sus ojos verdes ardían en una furia desenfrenada que jamás le había visto. Le retorció el brazo a su hermano con un movimiento seco, obligándolo a dar un paso atrás y colocándose frente a mí como un muro infranqueable.

—Te dije que no la volviera a tocar, Marco —sentenció Luca en un susurro grave y letal que congeló el aire entre ellos—. Si vuelves a acercarte a mi esposa, te juro que ni papá podrá salvarte de lo que voy a hacerte.

Varios guardias de seguridad de la familia se tensaron a la distancia, pero nadie se atrevió a intervenir. Marco apretó la mandíbula, sobándose la muñeca con rabia, pero al ver la mirada desquiciada de Luca, dio dos pasos atrás y se perdió entre la multitud con una maldición entre dientes.

Luca no esperó a que su padre se diera cuenta del altercado. Se giró hacia mí de inmediato. Al ver que mis piernas cedían, me tomó suavemente por la cintura para sostener mi peso, evitando apretarme.

—Elena, mírame —pidió con tono urgente, la furia desapareciendo de su rostro para dar paso a un pánico puro al ver mi palidez—. Te voy a sacar de aquí ahora mismo.

No tuve fuerzas para apartarlo ni para insultarlo. El mareo me consumía. Luca me llevó casi en brazos hacia el estacionamiento privado, ignorando las miradas de los invitados y las preguntas de los guardias. Me acomodó en el asiento del copiloto de su auto, ajustándome el cinturón de seguridad con una delicadeza extrema antes de subir al lado del conductor y arrancar a toda velocidad.

Durante el trayecto de regreso, Luca conducía con una mano en el volante mientras la otra permanecía cerca de la palanca, echándome miradas constantes para asegurarse de que seguía consciente.

Al llegar a la residencia en las colinas, aparcó en el garaje y corrió a abrir mi puerta. Me ayudó a bajar y me sostuvo con firmeza mientras subíamos las escaleras hacia el segundo piso. Me llevó directamente a mi habitación, ayudándome a sentarme en el borde de la cama.

—Voy por agua y una compresa fría —dijo en un susurro, saliendo a toda prisa y regresando en segundos con un vaso de agua y una pequeña toalla húmeda.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.