Pandora.
Decir que la tensión que se percibía en el ambiente era nula, sería una gran mentira. Más aún, porque nadie se atrevía a mencionar palabra alguna.
Luego de que Asher formulara esa bendita pregunta, Dana palideció al no poder encontrar una respuesta, que despistara a su hijo y él hecho de ser consciente de como este la observaba expectante y ansioso por una respuesta por su parte, lo único que pudo salir de sus labios fue solo una incoherencia.
No podía seguir aquí.
No podía exponer a mi hija a este drama.
No a ella.
—Tengo que irme—Sujete el pequeño cuerpo de Lara entre mis brazos y volví a girar con la intención de marcharme y no volver, al menos de que estuviera segura que Asher no estaría aquí.
—No—Sentí mi brazo ser sujetado con rapidez por él—Está a punto de llover y hace un frío del demonio…—Lo miré mal—No seas terca, la niña podría enfermarse.
Observé el cielo y quise maldecirlo por ser tan inoportuno, pero me contuve a hacerlo, puesto que Lara estaba presente.
Y aunque quisiera negarlo, muy dentro de mí, sabía que tenía razón.
—Llamaré a un taxi—Dije muy de mal humor.
Asher suspiró—Haz lo que quieras, pero entra—Insistió—Desde aquí logro escuchar el castañear de sus dientes—Señaló a Lara quién se encontraba enrollada como un gusano alrededor de mi cuerpo.
Apreté mis brazos alrededor de ella—Bien—Caminé hasta Dana, la cual, nos observaba en silencio. Detrás de ella, ingresé a su hogar y un suspiro por parte de Lara y de mí, se hizo presente al percibir la calidez y el característico olor a donas que inundaba el lugar.
Sentí la puerta cerrarse, tras de mí, sin embargo, no volteé. Con cuidado, puse a Lara en el suelo y ella, inmediatamente se cubrió con mi cadera. Usualmente hacía eso, cuando estaba en presencia de alguien a quien no conocía.
En este caso, el extraño era su padre.
Perfecto.
—¿Alguna de ustedes se dignará a responderme? —Tragué saliva, girando sobre mi eje y enfocándolo e inspeccionándolo en silencio. Era increíble como mi mente lo había imaginado y como su físico se amoldaba perfectamente a esa imagen de mi cabeza—Veo que ninguna está dispuesta a darme una maldita respuesta—Quise callarlo, puesto que no me agradaba la idea de que Lara agregara maldiciones a su vocabulario, pero la aguda voz junto a mí, me detuvo.
—Has maldecido—Comentó Lara, luciendo impactada.
Asher bajó sus ojos hacia ella y la observó confundido—Eh…sí. Eso…hice.
—¿Eres un príncipe? —Continuó ella y quise bufar ante ello. Asher elevó sus cejas—¿Eres Eric?
—¿Eric? —Cuestionó este—¿Quién es ese?
Lara arrugó su nariz con disconformidad—El príncipe de Ariel—Explicó—Te pareces a él—Agregó—Mamá no me permite maldecir y las princesas y príncipes tampoco pueden… ¿Por qué tú lo haces?
—Bueno, eh…
—No vuelvas a hacerlo—Ordenó alejándose un poco de mi cuerpo. Asher asintió lentamente y algo estupefacto—Mi nombre es Lara ¿Y el tuyo?
—Soy Asher.
—No me gusta—Admitió Lara y no pude evitar sonreír. Ella era única al igual que su rara personalidad.
—Ah, ¿no? —Dijo Asher sorprendido—¿Por qué no?
—Porque no—Lara se encogió de hombros—Te llamaré Príncipe—Dictó, para luego acercarse a Dana—¿Abuela? —Dana, descendió sus ojos hasta ella—Tengo hambre.
Dana sonrió con ternura—Ve a la cocina, allí está tu chocolate—Lara asintió con una gran sonrisa, y luego de dejar su mochila blanca en el sofá, se encaminó con rapidez, obedeciendo a su abuela.
—¿Vas a responderme, mamá? —Enfoqué a Asher, luciendo tenso ante su madre.
—No sé qué decir, hijo.
Asher frunció el ceño, luciendo molesto. Aun así, no acotó nada, solo hizo silencio y sus ojos se perdieron en algún lugar de la habitación. Parecía ido, como si intentara, de alguna manera, poder encontrar una respuesta.
Mi tranquilidad interna se esfumó al ver sus ojos, posarse en mí—Dime su edad.
¿Qué?
Tragué saliva—¿Eh?
—Su edad, dímela—Ordenó con seriedad.
—Tiene nueve—Mentí descaradamente y podría decirse que parecía bastante creíble, excepto por…
—No mientas, es imposible que tenga nueve años—Negó—Solo hay que verla—Mordí mi labio inferior—Dime su edad.
Expulsé el aire contenido en mis pulmones—Cumplirá cinco en una semana.
No hubo respuesta por su parte, simplemente oyó mi contestación y volvió a sumirse en sus pensamientos. Por otra parte, Dana y yo nos observábamos nerviosas ante cualquier conclusión que Asher pudiera tener.
Y al perecer, por su expresión, acababa de obtenerla.
—Ella…—Murmuró incrédulo, observándonos tanto a su madre como a mí y luego a la cocina por donde Lara había desaparecido—Ella…e-es…—Presionó con fuerza sus puños—¿E-es mía?
Santa mierda.
Jamás imaginé que algo así viniendo de él, me molestara tanto. Lara no era suya, jamás lo fue. No desde que él se negó a ella.
Yo era su madre.
—No—Dije con seriedad—Es mi hija.
Asher observó a Dana, ignorándome—¿Por qué…? —Tragó con dificultad—¿Por qué no me dijiste nada?
¿Era broma?
Dana suspiró—Les hice promesas, tanto a ti como a Pandora y no podía mencionar nada.
Él la observó dolido—Es mi hija… ¡Y tú lo sabías! —Ambas saltamos en nuestro lugar, producto del susto—¡Jamás dijiste nada! ¡Se supone que eres mi madre, joder! ¿¡Cómo fuiste capaz de ocultarme algo así!?
—¡Tú me hiciste prometer que jamás le diría a nadie en donde te encontrabas! —Chilló Dana desesperada.
Con incredibilidad posé mis ojos en ella.
¿Siempre lo supo?
—Y Pandora me hizo prometer que no mencionaría nada, respecto a Lara—Continuó—Y sabes que cumplo mis promesas, además, ese derecho no me correspondía mí—Finalizó con sus ojos cristalizados, viendo como su hijo caminaba de un lado a otro, luciendo furioso.
—Cinco años, mamá—Susurró Asher—Perdí cinco años…—Volteó hacia mí—¿Y tú no dirás nada? —Su voz era filosa y hostil—¿No crees que me debes una explicación?
#10663 en Novela romántica
reecuentro familiar, amor romance bebé reencuentro dolor, reencueentro padre hija besos
Editado: 03.01.2026