Pandora.
—¿Y bien? —Escuché su voz impacientada. Sin embargo, no respondí, solo permití que mis ojos vagaran por todo el lugar. No fue necesario que cuestionara donde estábamos, puesto que el olor que el cuarto desprendía, hacía que mi memoria lo recordara.
Su habitación.
—¿Vas a continuar en…?
—¿Lo lograste? —Susurré, interrumpiéndolo y girando sobre mis talones—¿Lograste graduarte?
Asher frunció su ceño—¿Qué? —Sacudió su cabeza—¿Qué tiene eso que ver en todo esto?
—Responde o juro por lo más sagrado, que no abriré mi boca para decir absolutamente nada—Lo amenacé bruscamente.
Carraspeó, asintiendo con incomodidad—Sí, lo hice.
—Empresas—Afirmé caminando con parsimonia hasta los pies de su vieja cama.
—Y hotelería—Completó sin quitar sus ojos de mí.
Sí había algo que aun persistía en mí, era la capacidad de notar cuando alguien posaba sus ojos fijamente sobre mí. Había cosas que por más que el tiempo pasara, no cambiaban. Solo se mantenían allí, latentes, esperando el momento por reaparecer de las sombras.
Asentí observándolo—Vaya…—Di unos cuantos aplausos—Lo has conseguido, felicitaciones. Ya eres todo un hombre de títulos, justo como querías—Posé mis manos a cada lado de mi cadera—¿Ha valido la pena?
Sus ojos marrones, descendieron al suelo—No lo sé, supongo.
—Ahora dime…—Nuevamente sus pupilas se dirigieron hacia mí—Tener estudios, un título y una carrera ¿Te hace merecedor del derecho de posarte sobre mí y juzgarme a tu antojo?
—Eso no es…
—O peor aún, tener el descaro de pedirme explicaciones—Lancé una risita carente de humor. Honestamente estaba a tan solo una gota de que mi vaso se viera rebalsado, a tan solo un leve roce de que estallara de pura cólera y él verlo aquí, exigiendo, solo empeoraba aún más las cosas—¿Tú me pides explicaciones?... ¿Tú? —Hice una mueca—¡Yo, soy la que merece explicaciones! ¡Yo! —Me señalé furiosa—¡Fuiste tú, quien se marchó sin decir nada! ¡Fuiste tú, quien luego de una discusión decidió tirar todo por la borda e irse sin dejar un maldito mensaje! ¿¡Y tienes la osadía de cuestionar mis decisiones!?
—¡Me ocultaste la existencia de mi hija! —Exclamó y eso bastó para que por fin estallara.
—¿¡Ocultarla!? —Chillé—¿¡Cómo puedes ser tan imbécil!? —Acorté los pocos pasos que me alejaban de él y lo empujé desde su pecho—¡Tú renegaste de ella!
Asher tomó mis manos, deteniéndome—¿¡De qué estás hablando?
—Oh, por favor—Me solté de su agarre con rabia—Supiste de ella desde el primer momento…—Negué—Y, aun así, finges indignación ante todo esto. Eres patético.
Él sacudió su cabello—¿En serio crees que fingiría? —Tomó el puente de su nariz—Estás loca. Hoy supe de la existencia de Lara o tengo que recordarte que le pediste a mi madre que la ocultara de mí.
—Lo hice porque quien tenía el derecho de hacértelo saber era yo—Dije con furia—Y lo hice.
Abrió sus labios—¿A qué te refieres con que lo hiciste? —Lo miré con una pizca de confusión—Tú jamás dijiste nada.
Rodé mis ojos, cansada—Las cartas enviadas por mail—Admití—Tenía tu correo electrónico y las envié por allí. Por eso sé que nunca quisiste saber de Lara y que lo que sea que tuvimos te importó poco—Suspiré algo dolida—Penny dijo que estabas en línea al momento de recibirlas, las leíste y te valió mierda—Su mandíbula se tensó y solo se mantuvo en silencio. Achiné mis ojos ante eso.
¿Será que…?
—J-jamás las leíste ¿Verdad? —Murmuré intentando no quebrarme—¿Verdad?
Negó con suma lentitud, rompiendo lo poco que quedaba en mí—No quise abrirlas—Mojó sus labios—Jamás imaginé que contenían información tan importante.
Mis mejillas se rebalsaron de lágrimas—Doscientas diez cartas…—Cubrí mis ojos—Tiempo empleado en… escribirlas, en suplicarte que volvieras y tú solo…decidiste que lo mejor era ignorarme—Hice descender mis manos hasta mis mejillas—Eres una mierda—Asher presionó sus puños—Al principio escribí esas palabras por mí, porque te necesitaba, pero luego solo lo hice con la intención de que supieras de Lara—Humedecí mis labios—Porque ella tiene el derecho de conocer a su padre, sin importar cuanto lo odie—Al momento de decir eso, sus ojos se aguaron—Y en una de esas estúpidas cartas, te hice una promesa y voy a cumplirla… si quieres conocerla, lo harás—Me observó sorprendido—Pero no como su padre—Su mirada cambió.
—¿Qué?
—Si quieres llegar a ella, harás las cosas como yo las decida—Dicté completamente decidida—No voy a permitir que la ilusiones y luego decidas desaparecer sin rastro alguno—Expliqué—Puedes discutir, puedes herirme, pero cuando se trata de Lara, soy capaz de cualquier cosa y no voy a permitir que la lastimes ¿Me oyes?
—Jamás le haría daño.
—Me da igual lo que pienses ahora—Lo miré—No tengo la seguridad de que un futuro vayas a cambiar de parecer, porque no es un juego todo esto. Es una niña, no un juguete y para que lo sepas no eres el único con sentimientos, los demás también comparten esa cualidad y si te atreves a herirla, vas a conocerme.
—Está bien—Aceptó—Si esa es la única forma de conocerla, lo aceptaré—Me observó resignado—No voy a lastimarla, no podría hacerlo…lo prome…
—No lo hagas—Lo detuve a media oración—Con el tiempo aprendí que no eres alguien que cumple sus promesas, así que no lo hagas. No prometas cosas que no serás capaz de cumplir—Me observó dolido, pero no me importó. Quité todo rastro de lágrimas—Ahora, déjame salir—Asintió sacando la llave de su bolsillo y me la tendió. Sin rozarlo demasiado, la tomé y pasé junto a él, introduciendo la llave y dando paso para escapar de esa habitación.
—Sí leía esas cartas…—Su voz me detuvo—Hubiese bastado para que volviera a ti—Presioné mis puños—Porque ante ti, siempre fui débil. Siempre fui valiente y cobarde al mismo tiempo, pero no me importaba porque me agradaba que solo tú me hicieras sentir así—Carraspeó—Prometí que sería el primer rostro al que vieras cuando decidieras recuperar la vista y te fallé, no estuve allí.
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Editado: 03.01.2026