Agosto 6 de 2027.
Pandora.
El agua del surtidor cayó sobre mis manos, empapándolas y arrastrando con ella, los últimos rastros de jabón. Tomé un papel descartable y sequé mis manos mientras en el proceso, elevaba mi rostro y lo observaba frente al espejo.
Un suspiro escapó de mis labios.
Estaba agotada.
El ser madre y trabajar a la vez, se volvía agotador. Casi no dormía y no por no tener tiempo, es que simplemente, este último tiempo no he podido lograrlo. Por un lado, estaba el regreso de Asher, el cual, no le veía nada positivo a excepción, de que reconocía a Lara. En segundo lugar, estaba ese niño del demonio, el cual le hacia la vida imposible a mi hija y su madre y, por último, Paul.
Desde el cumpleaños de Lara y su llegada con el oso Charly, Lara no había dejado de preguntar por él. Básicamente estaba encantada, lo que molestó en demasía a los tres mosqueteros, así los llamaba Penny.
Dick y Asher miraban con enojo cuando los cumplidos salían de la boca de Paul hacia mí. Sin mencionar los gruñidos, cuando se atrevió a coger en brazos a Lara y girar sobre sí mismo. Bueno, fue solo un giro, puesto que Ben, se acercó y arrebató el cuerpo de mi hija y se la llevó a la cocina junto a Casper.
Asher y Dick, sonreían enormemente.
—Aquí estabas—Mi mente abandonó sus divagaciones, debido a la persona que había ingresado al sanitario.
Sonreí levemente—Dorothy.
Ella sonrió haciendo notar las líneas de expresión sobre su frente—Estuve buscándote, te vi cuando llegaste, pero me fue imposible acercarme—Explicó caminando hacia mí.
—Aquí estoy ¿Por qué? ¿Ha sucedido algo malo?
Dorothy se encogió de hombros—El Sr. Bernard ha solicitado tu presencia—Suspiró—No sabría decirte si se trata de algo malo, linda.
Pasé saliva sintiéndome repentinamente nerviosa—¿E-el jefe? —Ella asintió—De acuerdo—Di unos cuantos pasos hacia la salida, pero me detuve—¿Dorothy?
—¿Sí?
—He llegado siempre a horario, y no me he ausentado a menos que haya sido algo importante y siempre lo he notificado con anterioridad… y creo que he hecho bien mi trabajo ¿Tú crees que él me despedirá?
—Solo puedo decirte que si yo fuera el Sr. Bernard no cometería semejante locura—Sonreí agradecida—Ve tranquila, niña. Todo irá bien.
Asentí dirigiéndome hacia las últimas oficinas, ubicadas en el último piso. Consideré ir por las escaleras, de esa manera retrasaría algo inevitable, pero llegar completamente agitada y sudada a la oficina de tu jefe, no era una opción.
—Hola—Saludé incómoda ante el escrutinio de la morena en recepción—Yo, eh…
—¿Srita O’ Neil?
Carraspeé—Sí, el Sr. Bernard quería verme.
Asintió—Estás en lo correcto—Se puso de pie y rodeó el escritorio—Sígueme por aquí—Obedecí su orden y me situé justo detrás de ella. Frente a nosotras, al final del pasillo color Beige, se encontraba una puerta de color marrón oscuro, casi platinado y junto a esta, un escritorio, blanco con una computadora y lo demás completamente vacío.
Fruncí el ceño.
La morena golpeó delicadamente con su puño, la puerta y al cabo de unos segundos se emitió desde el interior un “Adelante”
—Sr. Bernard, la Srita, O’ Neil.
Di un paso al costado, haciéndome notar. Mis ojos se posaron en un hombre que rondaba los sesenta años de edad, cabello castaño, pero casi cubierto por canas grises empapadas en gel, un traje azul oscuro, junto a una corbata roja bordó y unos muy claros ojos verdes.
—Gracias, Cristal—El hombre sonrió—Puedes irte—La morena sonrió amable y luego de voltear, se marchó, cerrando la puerta tras de sí—Tome asiento, Señorita.
Asentí nerviosa, haciendo exactamente lo que él decía.
—Estoy seguro de que se estará preguntando la razón de mi llamado—Comentó tomando asiento frente a mí.
Asentí acariciando con nerviosismo mis rodillas—Sí, Señor.
Él Sr. Bernard sonrió—Llámame Sam, no abusemos de las formalidades—Mordí mi labio inferior, intentando fingir una sonrisa—Es algo rutinario, pues ¿Qué clase de jefe sería, sino conociera a mis empleados? —Suspiró—Así que puede relajarse.
Suspiré silenciosamente—Disculpe mi indiscreción, pero ¿Por qué sería necesario conocerme a mí? —Observé como él prestaba total atención a mis palabras—Quiero decir, solo me ocupo de las llamadas al igual que muchos aquí y… bueno, jamás se citó aquí a alguien de ese sector.
El Sr. Bernard jugó con un lapicero entre sus dedos—Verá, hace como unos… —Hizo una mueca, intentado recordar—Ocho años, contraté a su madre, la Sra. Selene O’ Neil—Asentí ceñuda—La contraté, puesto que, Hailey me pidió un favor.
—¿Mi abuela? —Él asintió esbozando una leve sonrisa—¿La conoce?
—Sí, fuimos amigos desde la infancia—Comentó sonando afligido.
—Oh.
—Cómo decía, ella recomendó a su madre y debo decir que no me arrepiento de haberle dado una oportunidad, ya que, su desempeño en la empresa fue... ¿Cómo decirlo? Satisfactoria, gratificante, exitosa—Lanzó una breve sonrisa—Y como muchos dicen, de tal palo tal astilla, su madre suplicó porque le diera un lugar a usted en la empresa y solo quiero chequear que su desenvolvimiento esté siendo el correcto ¿Me entiende? —Asentí—Comenzaré con unas cuantas preguntas personales ¿Esta bien con eso?
—Claro.
Tomó un juego de hojas y luego de colocar sus gafas sobre el puente de la nariz, prosiguió con leer el archivo—Aquí vamos…—Carraspeó—Nombre completo, Pandora O’ Neil ¿Correcto?
—Correcto.
Asintió—¿Veintisiete años?
—Correcto.
—Graduada de la preparatoria Royal College of Atlanta, en 2019.
—Sí, Sr. Bernard—Me observó con reproche—Lo siento.
Su ceño se frunció—No quiero parecer fisgón, pero ¿Por qué no continuó con alguna carrera? —Lo observé neutra—Pregunto porque, tengo sus calificaciones y puedo notar lo buena que era en Informática.
—Eh, sí. Solía irme muy bien en esa asignatura, no era muy complicado—Carraspeé—En cuanto a su anterior pregunta, tuve mis motivos.
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Editado: 03.01.2026