Papá es el jefe

Capítulo 11.

Violet sostenía a Salomé ya profundamente dormida, esperando a que Ignacio dejara de mirarla del modo en que lo hacía y decidiera irse.

—Creo que debería irse Ignacio.

—Cierto, estaba mirando a Salomé.

Violet sonrió, no era cierto, la miraba a ella.

—La veo mañana a medio día, Violet, lleve a la pequeña con usted, por favor, acordaremos mañana cuando tendremos tiempo para hacer los trámites y que sea una O’kelly.

—Muy bien, nos vemos mañana, Ignacio, buena suerte con su esposa.

Él negó con la cabeza y finalmente se despidió, miró su móvil y en el, la hora, suspiró y la preocupación se adueñó de él.

Intentó llamar a Fermina y esta no le respondió, decidió llamar a su casa, no respondió nadie, era tarde, ya los empleados debían estar descansando.

Ignacio decidió ir a casa, la buscaría al día siguiente. Al llegar y observar por la ventana de su habitación la luz encendida, supo que eso que pretendía dejar para el día siguiente, pasaría en cuanto el pusiera sus pies dentro de la casa.

Ignacio había abierto y pretendía entrar como ladrón, sin hacer ruido.

—Ahora hasta actúas como un adolescente inmaduro, ¿Ignacio que haces cerrando la puerta como si te les hubieras escapado a tus padres?

—¡Hola Fermina!

—¿¡Hola Fermina!? ¿Es todo lo que pretendes decirme?

—No, por supuesto que no, tenemos que hablar, pero no está mal que te salude antes, lamento haberte dejado esperando, tuve una situación de suma importancia.

Fermina se echó a reír, como burlándose del hombre.

—No me digas, ¿se puede saber cuál es la situación importante que te impidió ir a buscarme al aeropuerto aun cuando lo habíamos acordado, Ignacio?

Ignacio se acercó, dejó en la mesa su teléfono y las llaves del auto, caminó hasta el estante de vinos, le preguntó a la mujer si quería un poco.

—Ya basta de tantos rodeos, Ignacio, ¿por qué no me dices de una vez que es lo que pasa entre esa mujer y tú? ¿Qué significa esa niña para ti?

Ignacio pretendía servirse vino, pero sirvió algo más fuerte, llenó la copa y se la bebió de un solo sorbo.

Se acercó y resumió la historia, de cómo hacía un año y meses atrás, estando en Islas margaritas, se había embriagado y todo parecía indicar que también drogado, resumió lo que recordaba había sucedido.

 La mujer había escuchado sin interrumpir hasta cuando Ignacio mencionó que Salomé era fruto de aquella noche.

—¿Me crees estúpida, Ignacio? ¿Pretendes que me crea el cuento de que fueron drogados y te acostaste con ella y que de la nada ahora resultan tener una hija?

—Créeme Fermina, no te estoy mintiendo, fue exactamente lo que pasó. Salomé es mi hija y pretendo hacerme responsable de ella.

Ella lo miró con asombro y soltó una risita incrédula.

—¡Dime que escuché mal Ignacio! No puedes estar hablando en serio, no puedes hacerte responsable de una mocosa a la que ni siquiera conoces, el que lleve tu sangre no la hace tu hija. ¿No te das cuenta? Puede ser una trampa de su madre, que lo único que busca es estafarte, piénsalo, tiene lógica, cómo es posible que haya dado justo contigo, no puede ser solo una simple casualidad, que haya dado con el supuesto padre, no piensas siquiera en hacer una prueba de paternidad.

—Es mi hija Fermina, de eso no hay dudas, no es necesaria la prueba, al verla mejor sabrás el porqué, lo siento. Lo siento por que sé que va contra toda mis reglas, contra nuestros planes, pero créeme que es mi hija, voy a hacerme responsable, esto no tiene por qué afectar lo nuestro, es una niña encantadora si te das la oportunidad tal vez…

—¿Acaso te estás escuchando? Me estás pidiendo que forme parte de la vida de esa mocosa, Ignacio, esto solo te deja como el más hipócrita de los hombres. ¿Dónde está tu honor? ¿Tu palabra? Ese hombre que decía, no, no solo decías, afirmabas y demostrabas que no te gustaban los niños, ni las jóvenes, ¿Ahora qué? Nos vas a humillar presentándole al mundo una hija, además con una mujer que también podría ser tu hija, no, no lo voy a aceptar, tienes que elegir Ignacio.

Ignacio la miró confundido.

—Sé lo que dije Fermina, y te doy la razón, pero esto va más allá de todo eso, no me importa quedar como un hipócrita o perder mi honor, esa pequeña merece tener un padre, ella no es culpable del modo en que fue concebida, te pido el favor de que no la llames mocosa, su nombre es Salomé. Quisiera saber a qué exactamente te refieres cuando dices que debo elegir.

—Entre ellas y yo, Ignacio, porque no voy a estar con un hombre que aseguró no querer hijos, que aseguró no gustarle las mujeres jóvenes y ahora no solo resulta con una hija, sino que también es de una mujer joven, no me someteré a semejante humillación, así que debes elegir, ¿ellas o yo?

—No puedes hacerme esto, Fermina, tú sabes que lo nuestro es sólido, que somos una excelente pareja, yo te quiero, tú me quieres, podemos hacer que funcione. Salomé no tiene por qué ser un impedimento, si solo la conocieras, es una niña encantadora, podría cambiar tu forma de pensar, en cuanto a su madre, no tengo nada más qué asuntos laborales con ella.

—¿Lo ves? Esto es una clara señal, será un problema, entiendo qué pasó antes de que tú y yo estuviéramos juntos, lo que no voy a tolerar es que estén presentes en nuestra relación, y no, no me interesa conocerla, así como a ti nunca te interesó conocer a los niños de mi familia, que me pidas esto resulta muy hipócrita de tu parte; sin embargo, estoy dispuesta a olvidarlo si tú te alejas, olvidas el asunto, por lo que vi esa mujer tiene dinero, no hace falta que te hagas responsable de esa mocosa.

—Tienes razón, ella tiene dinero, mi presencia no hace falta. Soy yo que quiere hacerse responsable, la pequeña es mi hija y lamento no haber sido muy agradable con tus sobrinos. Pero esto es diferente.

Fermina lo miró y negó con la cabeza, imposible de creer lo que le estaba pareciendo el acto más egoísta de todos.




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