Papá es el jefe

Capítulo 20.

Violet se había acostado, revisaba desde su móvil los costos e información de la carrera que deseaba estudiar.

No escuchó la respiración fuerte de los últimos días de Salomé, se acercó, pensó que estaba en mala posición, pero se dio cuenta de que no estaba respirando bien.

Asustada, la sacó de la cuna y gritó a Mariska por ayuda, le puso el inhalador, pero no sirvió.

Con Salomé en brazos y las llaves de su auto llegó a la sala.

—¿Que sucede, Violet por qué gritas?

Somnolienta no esperó respuesta, al darse cuenta corrió por su móvil y un abrigo, quiso llamar a emergencias.

—No, no hay tiempo, vamos al hospital, por favor, Mariska.

—Yo conduzco, yo lo hago —dijo Mariska al abrir la puerta.

Bajaron y rápidamente abordaron el auto.

Violet le puso el inhalador, se dio cuenta de que no estaba sirviendo, Mariska nerviosa le pedía calmarse.

—No, mi bebé no, por favor respira, ya vamos a llegar —la movía intentando estabilizarla—. Rápido, por favor, rápido Mariska.

En tanto, Violet angustiada, intentaba mantener a Salomé estable, Fermina le hacía un baile a Ignacio.

Quien no había dicho mucho, sorprendido al verla en aquel atuendo, que usaba por consejo de su hermana y colega, verla moverse de ese modo que no la había visto en su año y meses de relación.

Fermina se acercó, rodeó el cuello del hombre con sus brazos.

—Ignacio hemos sido una pareja ejemplar, funcional, lo que tenemos va más allá del placer, nos comprendemos, buscamos lo mismo, no tenemos por qué dejar que acabe así.

Ignacio permaneció en silencio y como el hombre que era se dejó llevar por el apasionado beso de Fermina,

Ella lo condujo a la enorme cama, había logrado desabrochar algunos botones.

Violet y compañía habían llegado y Salomé fue atendida por urgencias.

—Si le pasa algo me muero, no lo entiendo, Mariska, no entiendo que puede ser.

—Cálmate, va a estar bien, es una niña fuerte, estará bien.

Violet caminaba de un lado a otro desesperada.

—Avísale a Ignacio, Violet.

Lo intentó, pero las manos le temblaba.

—No respondas, no debe ser nadie importante —dijo Fermina y le quitó el móvil.

Al intentar apagarlo, Ignacio vio el nombre.

—Mi hija —le arrebató el móvil.

Ignacio, al escuchar lo que Mariska explicó, se abrochó la camisa.

—Cierra al salir, por favor Fermina.

—No, no puedes irte, Ignacio no puedes dejarme así, Ignacio hice esto para ti, por nosotros, Ignacio no te atrevas a dejarme aquí —lo siguió hasta ver cómo tiró la puerta.

Furiosa se asomó por la ventana y lo vio subir con prisa al auto.

—Lo sabía, sabía que esas aparecidas serían un problema, pero no permitiré que me humillen de esta manera. Yo, Fermina Duarte, una mujer respetada y que ha logrado ser la mujer ideal para ti… no, Ignacio no vas a librarte de mi tan fácil, no me gusta perder, no me gusta —se repitió en voz alta, en tanto recogía todo.

Molesta se quitó la lencería y se vistió, con la cara en alto, para seguir en una guerra que solo existía en su mente, decidió ser un poco más astuta, de pronto el consejo de su amiga tuvo sentido.

«Quieres un hijo, bien Ignacio, yo te voy a dar un hijo, pero a mí no vas a humillarme, a cambiarme por esas aparecidas, no, no seré yo quien se someta a la burla de verte con ellas, no… nadie va a decir que me dejaron por lo que tanto te negabas a tener en tu vida» pensó y furiosa se quitaba el labial.

Ignacio había regresado la llamada, aún no decían nada, obtuvo la dirección y aceleró.

—Violet hola, Mariska, ¿cómo están? ¿Cómo está mi hija, que les han dicho?

Justo en ese momento salió el médico.

—Doctor, mi hija, ¿cómo está mi hija?

—Bien, señorita, está bien, hemos logrado estabilizarla.

—¿Doctor que ocurrió? Es asmática, pero no pareció ser eso, ¿que es lo que tiene mi hija? —inquirió Violet, preocupada.

—Sí, doctor, nuestra hija, queremos verla.

—La pequeña está bien, parece que sufre de apnea del sueño, es una afección frecuente en la que la respiración se detiene y se reinicia muchas veces durante el sueño. Eso puede impedir que el cuerpo reciba suficiente oxígeno, la causa del episodio pudo deberse a la posición al dormir o el uso excesivo del chupete. Sin embargo, debemos esperar los resultados de los exámenes para descartar o afirmar dicha posibilidad, puede que, como lo indica su historial clínico, sea solo un ataque asmático.

—¿Es grave, es curable? —cuestionó Ignacio angustiado.

—No tiene cura. Afortunadamente, la apnea del sueño es fácil de tratar. Recibir un tratamiento efectivo para la apnea del sueño tiene muchos beneficios —explicó el médico y les pidió seguirlos—. Sin embargo, debemos esperar los exámenes para conocer a ciencia cierta, que le ocurrió a la pequeña.

El médico iba explicando en tanto ellos lo seguían, les hizo recomendaciones y mencionó los cuidados a tener, de inmediato Ignacio pidió recomendaciones para la adquisición de todos los equipos médicos, y todo aquello que Salomé necesitara para estar a salvo.

Violet se acercó a la camilla, no pudo evitar las lágrimas al verla dormida, pero con esos equipos que la mantenían estable, Ignacio experimentó un sentimiento que no se explicaba, pero que lo tenía deseando estar en su lugar.

A su condición de asmática debía sumarle un nuevo trastorno.

Se acercó a Violet.

—Ella va a estar bien, Violet le prometo que estará bien, contrataré los mejores especialistas, haré lo que sea necesario, pero estará bien.

—Gracias, Ignacio, gracias por estar aquí, no podría soportar si algo le sucede, disculpe si eché a perder su noche.

—No, al contrario, me ha salvado la noche y créame nada, es más importante que Salomé, Violet me retrato de todo lo que haya dicho, yo… Violet ella se ha robado mi corazón, haré lo que sea por su bienestar, ella siempre estará primero que todo, debe saber que desde que llegó a mi vida se ha convertido en mi prioridad, no puedo explicar el sentimiento ni el deseo de en este momento evitarle pasar por esto.




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