Papá es el jefe

Capítulo 34.

Violet frunció el ceño e Ignacio sonrió con picardía.

—No sé qué es lo que más me gusta de estas conversaciones, si tenerlas con usted Violet, o ver sus gestos, sus expresiones.

—Honestamente, es muy gracioso esto, no me imaginé que fuera así… es decir, tan celoso, tan…

—No, podría decir que no lo soy, es un privilegio solo para mis mujeres.

—Ah, ¿sus mujeres?

—Así es, dijo que no eran unas mujercitas y ahora lo creo Violet, creo que debería irme, si me quedo no le garantizo poder controlar mis impulsos, mis deseos de sus sexuales labios.

Ella retrocedió, Ignacio sonrió, sonrisa que se esfumó al escuchar a Salomé llamarlo papá desde los brazos de Zaid.

Violet sonrió al verle la expresión.

—Creo que debe controlar mejor sus expresiones cuando está celoso Ignacio.

—¿Eso cree, Violet?

 Con una amplia sonrisa ella respondió que sí.

Ignacio se acercó, saludó a Zaid, se despidió de Salomé, lleno de celos al ver que no lloraba ni hacía berrinches por su partida. Ignacio se había marchado y Violet habló con Zaid, quedaron de verse nuevamente, esa vez como amigos, él se adelantó a decir que sabía lo que estaba sucediendo, que era evidente lo que pasaba entre ella e Ignacio.

Violet lo negó, pero él optó por quedarse con la versión que ya había asumido, ofrecer su amistad.

Después de un par de minutos conduciendo Ignacio había llegado a la empresa, en donde se dispuso a cumplir con sus labores, con un estado de ánimo tolerable era movido de un lado a otro, cumpliendo con sus compromisos retrasados.

Había recibido una llamada de Richard, quien le contó sobre el proyecto que estaba realizando Fermina, conociéndolo, quiso informarle, le contó que sería una buena labor, Ignacio le ordenó participar sin involucrarlo, lo dejó a cargo, él tenía otros proyectos en mente.

Violet y compañías habían llegado a casa, donde se quitó los zapatos y puso algo cómodo, su amiga había llamado, avisando que no era necesario recogerla, que ella llegaría, pidió la dirección, Violet aprovechó el tiempo, para contar a Mariska lo que estaba pasando con Ignacio.

No negó lo que sentía, pero si su confusión en como actuar, Mariska le aconsejó dejarse llevar y vivir lo que se diera.

—No lo sé, por ahora quiero que Franyely me diga la verdad de lo que pasó esa noche, ¿por qué te ríes, que es gracioso?

—Nada, solo el imaginarme el rostro de la ex de Ignacio, no creo que le agrade mucho la idea cuando el robot te presente como su mujer.

—No digas tonterías, no es gracioso, no seré su mujer, solo vamos a conocernos mejor, por Salomé.

—Claro, si tú lo dices, por cierto, mañana debo salir a concretar algunos asuntos con el nuevo proyecto, te informaré mañana, socia.

Mariska se había retirado, Violet se quedó a jugar con Salomé hasta que se quedó dormida, Ignacio seguía trabajando, Fermina estaba haciendo varias llamadas para concretar los lugares en que ofrecería sus servicios, logrando que muchos médicos se unieran a su causa.

Las horas pasaban, Ignacio trabajaba con la idea de la cena en su cabeza, cumplía sus compromisos pensando en lo que la amiga de Violet le diría sobre lo que había pasado aquella noche.

Violet había decidido interactuar con sus fans mientras trabajaba en la campaña con Michael, se le había ocurrido un lugar para hacer las fotografías, la colección ya estaba, del mismo modo la competencia trabajaba para sacar la campaña cuanto antes y dejar mal a Ignacio, quien había recibido una llamada con el fallo de su solicitud, siendo negada la posibilidad de sacar a su padre a menos que demostrase que tendría las condiciones para llevar su enfermedad.

Sabiendo que lo podía sacar bajo su responsabilidad, este decidió esperar, el lugar en que lo tenía era exageradamente costoso, por los servicios que ofrecían y entre ellos estaba el velar por el bienestar de sus pacientes como ningún otro lugar lo hacía, personas pudientes y con recursos.

Un poco descontento con la situación decidió ampliar su horario y días de visita, incluyendo a Salomé en sus planes.

Unas horas más tarde, después de haber cerrado su compañía, Ignacio se había dirigido a casa, al igual que sus empleados, quienes se disponían a descansar para su siguiente día laboral, acto que también Ignacio debía repetir, pero en su lugar él estaba mirando detenidamente un par de camisas sobre su cama.

«Muy bien, la negra me hará ver elegante, imponente, es mi personalidad, pero la azul me hará ver joven, atractivo, pero qué demonios, por qué estoy queriendo verme más joven, a ella le gustan maduros, la negra es buena opción»

Sin tomar una decisión seguía mirando el par de camisas, rascaba su barbilla pensativo, aquello nunca le había importado, solo iba a recoger sus cosas, a ver a su hija, según sus excusas, pero le estaba dando importancia a su presencia.

Después de comprobar la hora en su reloj y ver que se hacía tarde, Ignacio se decidió por la camisa azul, con un atuendo un tanto casual, salió de su casa con rumbo a la residencia de Violet, al ser tarde y no haber floristerías abiertas, decidió llevar algo ligero para comer, golosinas.

Violet sentada con una libreta a su disposición dejaba fluir sus ideas, desempolvando su talento en el diseño, creaba nuevos diseños, que compartía con Michael, dejando de lado todo pensamiento disfrutaba de algo que amaba, que hacía mucho no hacía, crear diseños, mientras vigilaba el sueño de Salomé.

Ignacio había llegado y recogió lo que había llevado, comprobó como veía su rostro, ensayó algunas sonrisas y salió.

Se acomodó la camisa antes de llamar a la puerta, Violet quien no se había organizado, salió con el libreto en sus manos, llena de tinta y virutas de lápiz, echa un desastre.

Violet abrió y tragó grueso al verlo.

—¡Ignacio! Hola, no recordaba que venía.

Él se quedó mirándola de abajo arriba, sonrió al detener su mirada en su rostro.




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