Papá es el jefe

Capítulo 43.

 

Ignacio, al ver que, como pocas veces, Salomé no estaba prestándole atención, accedió hacerlo, entró a la habitación, justo cuando Violet salía de la ducha.

—Lo siento Ignacio, parece que la cena le sentó mal y me ha vomitado, ya estaba lista, pero…

Se acercó y la silenció con un beso. El cual ella respondió rodeándolo con sus brazos.

—Me encanta como huele Violet —rozó su brazo con los pulpejos de sus dedos, consiguiendo que se erizara—. Qué hermosa.

Se acercaron de nuevo, se besaron, él soltó el lazo de su bata y tragó grueso al ver sus curvas, y aunque las había visto en fotos, las veía mucho mejor.

Al ver su reacción, Violet se encogió de hombros, él se acercó y le dejó un beso en el cuello, para después susurrar que la deseaba.

El móvil de Ignacio sonó y estos se apartaron, antes de responder, él le dio el detalle, quiso salir, pero su notable erección le hizo quedarse cerca a la puerta a responder su llamada, mientras la miraba ponerse su ropa íntima y sin poder controlar sus pensamientos, no consiguió disimular su erección, se le había hecho más notable.

Violet se puso un vestido elegante, asimétrico, fruncido con lentejuelas en color negro, para combinar con zapatos también negros y altos. Ignacio había dejado la llamada con Richard, quien llamaba para recordarle que ese día era el evento.

—Violet qué hermosa, está usando la pulsera, me alegro de que le haya gustado —él la sujetó autoritario por la cintura—. Me encanta mujer.

—Dijimos que nos tutearíamos, Ignacio creo que deberíamos irnos, ya me imagino lo que pasará al vernos juntos.

Él sonrió, le recibió la cartera, ella se retocó el labial y puso perfume. Salieron y se despidieron de Salomé, pidieron a Mariska los llamara, cualquier novedad, Salomé estaba tan entretenida con su nuevo juguete, que pareció no darse cuenta de que sus padres se iban.

Habían salido de casa para abordar el auto, Ignacio conducía, besando la mano de Violet y sonriéndole coqueto, estaba dejando notar sus sentimientos, aunque intentaba no ser muy empalagoso, no lograba controlarse del todo.

Al igual que Fermina, quien a pesar de seguirse sintiendo mal, se dirigía al lugar con toda la seguridad de que sus planes funcionarían esa vez, había llegado un poco antes, para asegurarse de que el hombre supiera que debía hacer.

Fermina escogió sentarse en un lugar donde no sería vista, al menos no por Ignacio hasta que ella lo decidiera, la gente había empezado a llegar, al igual que Ignacio y Violet que al ser vistos la prensa los abordó, Violet pidió a Ignacio no decir nada, para no arruinar el evento con su revelación, siendo que posiblemente acaparaban la atención.

No respondieron preguntas, procedieron a seguir, como en las veces anteriores, Ignacio no tuvo problemas en estrechar la mano del anfitrión del evento, dueño de su competencia.

Aunque estaba molesta y celosa, Fermina sonrió al estar segura de que vería a Ignacio lamentar su decisión, su remordimiento se había ido.

Violet e Ignacio se habían sentado, recibieron un par de copas de los camareros que atendían el lugar, Ignacio estaba feliz de tener a Violet a su lado, saludó algunos empleados.

—¿Qué sucede, Violet? Se ve nerviosa.

—Estoy bien, es solo que nos miran mucho.

Él le aconsejó no darle importancia, y trató de ayudarle a mantener la calma, la gente seguía llegando, los reporteros, fans, el público en general, parecían ansiosos por el comienzo del evento.

Finalmente, habían silenciado la música para escuchar al anfitrión, explicó todo e indirectamente dijo que gracias a alguien especial, la campaña había salido antes, dijo, se reservaba el nombre.

Miró con una sonrisa de satisfacción a Ignacio, quien disimuladamente sujetó la mano de Violet, ignorando el usual comportamiento de su competencia y quien lo consideraba su enemigo.

—¡Qué demonios significa esto! Esa… esa es mi colección —expresó confundido y mirando al lugar en donde estaba el hombre sonriéndole y que le levantó la copa como simulando un brindis.

Ignacio soltó la mano de Violet, se levantó sin importarle interferir y perturbar la vista de los demás.

—¿Me puedes explicar que demonios significa esto, Tobías? Esa colección me pertenece, me has robado, no te atrevas a negarlo.

—Era tu colección, no he robado ni plagiado nada, la compré por un buen precio.

—No seas imbécil, ninguno de mis empleados sería capaz de traicionarme, ¿cómo diablos obtuviste mi colección?

—No todos tus empleados son leales —miró en la dirección en que estaba Violet—. Le pagué muy bien por la campaña.

Ignacio se quedó cuál estatua, mirándola y sintiéndose idiota, sin nada que decir al asumirla culpable, le permitió a Tobías alejarse, para después hacerlo él.

Se pasó del mismo modo, ignorando el interrumpir, la tomó del brazo sin hacer presión.

—¿Ya nos vamos, Ignacio? ¿Qué es este lugar? ¿Qué hacemos aquí? —interrogó ella al verlo cerrar la puerta de lo que asumió era un camerino.

—¿Cuánto les pagó?

Violet lo miró extrañada, sin entender.

—¿De qué estamos hablando, Ignacio?

—Ya basta de fingir, el retraso en la campaña, el cambio del mismo, el que no me permitieran verla, y todas esas estúpidas excusas, fingirse interesada en mí, ahora entiendo el que no estuviera convencida de venir, sus supuestos nervios, como fui tan idiota, como carajos cambié mi vida y reglas, lo sabía, sabía que no era diferente.

Con los ojos llenos de lágrimas, Violet escuchaba sin entender, pero sintiéndose acusada de algo de lo que no tenía idea.

—Me está acusando de algo Ignacio, pero no comprendo de que…

—Basta de hipocresías Violet, ya basta, ya lo sé todo, solo quisiera saber si valió la pena lo que le pagaron por vender mi campaña, ya me lo dijo su compli…

Ella lo abofeteó, furioso apretó la mandíbula.

—Ahora se hace la digna, todo tiene sentido, el que no me permitiera ver la supuesta campaña en que estaba trabajando, supongo que Michael, también tiene que ver, que es cómplice.




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