El aire en la sala de pánico todavía olía a gas somnífero cuando Jungkook abrió los ojos. Lo primero que sintió fue un dolor sordo en la nuca y un peso insoportable en el pecho: el peso del fracaso. A su lado, Taehyung intentaba incorporarse, chocando contra la mesa de acero.
—¡Estrella! —gritó Tae, pero su voz salió como un graznido seco.
Jimin estaba de pie frente a ellos, pero no parecía el Jimin que conocían. No había llanto, solo una palidez mortal y una mirada fija en la nota del "arcoíris". Sus manos no temblaban; estaban entrelazadas con una fuerza que amenazaba con romper sus propios huesos.
—Se la llevó —dijo Jimin. Su voz era un susurro que cortaba más que un cristal—. Se la llevó en mis narices, en la casa que yo construí, mientras mis hermanos estaban aquí.
Jungkook se puso de pie, tambaleándose, y tomó a Jimin por los hombros.
—Hyung, pégame. Haz lo que quieras, pero no te quedes así. La vamos a encontrar. El rastreador de la lancha...
—Lo cortaron, Kook. Encontré el dispositivo flotando cerca del sauce —Jimin lo miró, y por fin, una lágrima de pura rabia rodó por su mejilla—. Pero sé qué significa "el final del arcoíris". Es el nombre del orfanato abandonado en las colinas de Busan donde grabamos aquel video corto hace siete años. Ella estuvo ahí. Me envió una foto de ese lugar hace meses y pensé que era solo una fan nostálgica.
A kilómetros de allí, en un sótano iluminado por lámparas de luz cálida que intentaban emular un ambiente acogedor, Estrella luchaba por no perder el sentido. El lugar estaba decorado de forma enfermiza: paredes pintadas de azul pastel, una cuna antigua restaurada y fotos de Jimin pegadas por todas partes, pero con el rostro de Estrella recortado y reemplazado por dibujos de una mujer sin rostro.
Una contracción brutal la hizo arquearse en la camilla donde estaba atada de una mano.
—¡Ahhh! ¡Por favor... ayuda! —gimió Estrella.
La mujer del impermeable, que ahora vestía un uniforme de enfermera impecable, se acercó con un cuenco de agua tibia y una esponja. Su nombre, según el carné que colgaba de su pecho, era Hana.
—Tranquila, mamá —dijo Hana con una voz aterradoramente dulce—. El dolor es necesario para limpiar el pecado de haberlo alejado de nosotros. Jimin-ah estará aquí pronto. Él entenderá que yo soy la que puede cuidar de ambos.
Estrella, a pesar del dolor cegador, obligó a su mente a trabajar. Sabía que su única arma era la palabra. Observó las manos de Hana; estaban llenas de cicatrices viejas, marcas de cortes finos y precisos.
—Hana... —susurró Estrella entre respiraciones cortas—. Tú también... tú también perdiste algo, ¿verdad? Esas fotos... no son solo obsesión. Estás buscando algo que te quitaron.
Hana se congeló. Su sonrisa desapareció, reemplazada por una mueca de dolor tan profundo que Estrella sintió un escalofrío de empatía real.
—Ellos me dijeron que no era lo suficientemente bonita para el debut —dijo Hana, sus ojos perdiendo el foco—. Me hicieron operarme tres veces. Y cuando finalmente estaba lista, me dijeron que mi cuerpo era "demasiado grande", igual que dicen de ti. Me echaron de la agencia sin nada. Perdí a mi familia, perdí mi sueño... y perdí al bebé que esperaba de aquel instructor que me prometió el cielo.
Estrella contuvo el aliento.
—Lo siento... Hana, yo no sabía...
—¡Tú no sabes nada! —gritó Hana, golpeando la camilla—. Pero Jimin... él me miró una vez en un fanmeeting.
Me sonrió y me dijo que mi esfuerzo valía la pena. Él es el único que reconoció mi existencia. Por eso este bebé no puede ser tuyo. Tú eres débil, tú te deprimes, tú lo haces sufrir. Yo soy la que sobrevivió al infierno. Yo seré la madre que este niño merece.
Otra contracción, mucho más larga y violenta, hizo que Estrella gritara de nuevo. Sintió una presión insoportable. El bebé no iba a esperar a que Jimin descifrara el camino.
—Hana, escucha... —jadeó Estrella, tomando la mano de la mujer con una fuerza desesperada—. Si no me ayudas... el bebé morirá. Mira mis piernas... hay sangre. No soy un médico, pero tú sabes que esto no está bien. Si quieres a este bebé, tienes que dejar de ser una fan y empezar a ser la enfermera que dices ser. ¡Ayúdame a salvarlo!
Hana miró la sangre y luego el rostro desencajado de Estrella. La realidad de la situación empezó a chocar con su fantasía. Por un segundo, la psicópata retrocedió y apareció la mujer traumatizada y asustada.
—No... no puede morir —sollozó Hana, tomando el instrumental médico—. Él es mi redención.
Mientras tanto, en la carretera, tres camionetas negras volaban sobre el asfalto. Jimin iba al volante de la primera, con Jungkook y Taehyung armados con equipos de rescate.
—Si le toca un solo cabello —susurró Jimin para sí mismo, con los ojos inyectados en sangre—, el orfanato no será lo único que termine hoy.