Pasajeros en extinción

3.2 - Lyra

Otra vez le había ganado. Ella había sacado mejor nota en el examen. No importaba de que materia se tratara, si había números, ella siempre lo hacía mejor, dejándolo en segundo lugar. Sin embargo, los resultados eran diferentes en las demás materias. Ahí él, casi siempre lograba la mejor nota. Lyra en cambio, rara vez quedaba en tercer puesto. Competir por la nota, era un entretenimiento de los niños del sector de adelante. Los que competían por las posiciones medias, eran los más variables, pero los primeros lugares, solían ser de los mismos tres o cuatro.

- No sé cómo haces para ganarme siempre en los números.
- Porque soy más inteligente.
- Pero en las otras materias te gano yo.
- Pero esas no son importantes.
- ¿Cómo qué no?
- No, nomás lo decís porque te conviene. Pero física nuclear es más importante que historia.
- Pero es importante saber quién fue Salvatier.
- Mentira, no hace falta saber quién fue sino estudiar lo que inventó.
- Sos insoportable.
- Por eso te gano en números.
- ¿Jugamos un rato antes de cuántica aplicada?
- Bueno, pero sin trampa.

Era claro que Iván tendría atracción por Lyra. Parecía predestinado. Crecieron juntos, estudiaban juntos, sabían que eran de los mejores de la clase, conocían la misión de la nave y, por lo tanto, su rol en esa misión. Él sentía que era prácticamente un hecho que estarían juntos. Era lo que se esperaba de ambos. Y sabían que el otro, era el candidato ideal para formar pareja y engendrar a la segunda generación de tripulantes. Sin embargo, cuando él intentaba tratar el tema, le ganaban los nervios, y toda su seguridad sobre el futuro juntos, quedaba difuso ante sus evasivas.

- ¿Qué piensas de lo que dijo la profesora en clases?
- ¿Sobre qué?
- Ya sabes de que. Me da cosa decirlo.
- No, no se. Dijo muchas cosas. – Respondió ella desentendiendo el tema.
- De nuestra misión, de tener hijos que sean los tripulantes del futuro.
- Que falta para eso. No se permite formar parejas ni engendrar antes de recibirnos.
- Lo sé, pero podemos ir ganando tiempo.
- ¿De qué hablas?
- De que tendríamos que ser pareja. – Dijo ya con vos temblorosa.
- Si. Pero aún falta.

Esto era lo más cercano que ella podría dar a una afirmación concreta, poniendo a prueba la paciencia de Iván más y más a medida que el tiempo pasaba.
Se sentía seguro, era cuestión de tiempo para que ella lo aceptara. Pero la leve mueca entre amable y relajada, habitual en el rostro de Lyra, se desvanecían cada vez que él intentaba tratar el tema. Y su seguridad, lo abandonaba por completo. Ambos conocían la misión y su rol, pero insistiendo, solo lograba ponerla de mal humor. Debía ser paciente. Pero el tiempo seguía pasando. Su paciencia se iba agotando, poco a poco, al verse ya recibidos, que ya participaban en las tareas de la tripulación, que las primeras parejas ya estaban dando a la misión la segunda generación de tripulantes. La impaciencia aumentaba.

- ¿Cómo te fue con el informe del reactor?
- Bien, aunque con algunas variaciones.
- ¿Que variaciones?
- El pulmón térmico está tardando un poco.
- ¿Cuanto?
- Casi nada, pero nunca había pasado.
- ¿Hay que hacerle algo?
- Por ahora no, pero hay que seguir controlándolo.

Luego de un breve silencio, Iván soltó al fin el comentario que lo había llevado al módulo técnico de Lyra. Era consciente que hablar de ellos siempre tenía el mismo resultado, pero no lo quería terminar de aceptar. Molestarla mientras ella trabajaba en su informe periódico del reactor, tampoco era buena idea, pero siempre estaba trabajando, por lo que era prácticamente lo mismo hablarle en cualquier momento, ella siempre estaba ocupada.

- ¿Te enteraste? Nació el primer bebé de segunda generación.
- No, no lo sabía. – Respondió enfriando un poco la voz, anticipando la intención del comentario.
- Si, estudiábamos con ellos. Mas tarde pasaré a saludarlos. ¿Quieres acompañarme?
- No puedo, estoy muy ocupada con esto, es importante.
- Esto también es importante.
- El reactor es más importante.
- Esto también es importante. Es parte de la misión. – Concluyó levantándose de su asiento, dejándola sola con su trabajo, como le gustaba.

El siguiente nacimiento de segunda generación del que él le había hablado, fue el suyo propio. Lyra se enteró por otros. Entre informes, turnos y silencios, él había dejado de esperarla. A ella le pareció extraño que pasara tanto desde la última vez que trataron el tema. Por otro lado, fue un alivio. Pero la noticia no dejó de sorprenderla. Ahora tenía sentido su calma, su cambio de ánimo, que solo hablaran del reactor cuando era necesario. Supo entonces que algo dentro de él se había acomodado, sin ella.

Se sentía desorientada. Nunca había considerado esta posibilidad. Tenía que ser como él, su madre, y todos los demás siempre le habían dicho. Eran los más inteligentes de su generación. Estaban destinados a estar juntos. Pero no fue así. Algo cambió. Mientras ella se enfocaba en el reactor, algo dejó de ser como era, sin que ella lo notara.

Las parejas no se podían repetir, era contra las reglas. Iván ya no era su alternativa segura. Ahora no sabía cómo cumpliría con la otra parte de su misión. Era la mujer más inteligente de su generación, no podía no cumplirla. Pero quien era su pareja destinada desde siempre, ya no lo era. Nunca imaginó un desenlace así. Esto la obligaba a replantearse todo. La dejaba en el punto de partida otra vez, siendo que desde niña se sintió a un paso del final, y no sabía cómo hacer.

Lyra se dirigió al sector de maternidad. Nunca había ido pero sabia más o menos donde, aunque debió chequear donde estaba un par de veces. No lo pensó demasiado, solo sabía que no podía no ir. Quizás así dejaría de tener ese pensamiento permanente, que no la había abandonado desde que se enteró del nacimiento.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.