Por suerte para Lyra, estuvo muy ocupada con las mediciones del reactor. Las cuentas no daban, por muy poco, pero era suficiente para no pasarlo por alto. O quizás, era lo que quería, que una pequeña variación, que normalmente se pasaría por alto, sirviera de distracción a sus pensamientos. Le costaba concentrarse como antes, debía releer tres o cuatro veces lo mismo porque estaba dispersa. Las cosas se le caían de la mano, chocaba la taza volcando el contenido en el escritorio. Estaba desenfocada.
Se dio cuenta que a pesar de controlar lo que sucedía en el reactor, de entender su funcionamiento, de saber lo que había por saber de toda la teoría en él, nunca había bajado a verlo.
Eran cosas que no solía hacer, salir de su sector. No estaba mal visto, pero no era normal en ella. De todas formas, ya no sabía cómo era sentirse normal para ella. Muchas cosas habían cambiado sin que se diera cuenta.
Abandonó la pulcritud del sector de adelante, comenzó a caminar los pasillos. No recordaba cuando había estado por esos lugares. Ignoraba a quienes se cruzaba, no deseaba hablar con nadie, solo afirmaba un pie delante del otro. Fue bajando escaleras, notando como el ambiente cambiaba. El aire se espesaba, los aromas eran distintos. Había llegado al sector técnico inferior. Si bien era parte del sector delantero de la nave, era considerado de menor rango. Allí se encontraban todo lo referido a servicios vitales de la nave, incluido el reactor, el corazón de todo.
Fue avanzando por el pasillo principal, según las indicaciones de los letreros, el reactor estaba al final de este. Ahora entendía por qué los de su sector no bajaban; el ruido a maquinas, aire y fluidos circulando constantemente por todos lados, arriba abajo, las constantes vibraciones que se sentían en el suelo, era desorientador para alguien que no estaba habituado a eso. Apenas tocó algo que ya se ensució la mano. No sabía dónde limpiarse para no ensuciar su ropa blanca, solo atinó a frotarse con su otra mano, empeorando la situación. A pesar de eso, siguió avanzando. Llegó un momento en que la luz comenzó a volverse cálida, casi que podía sentirse. Estaba llegando al reactor, y esas luces provenían de él. Un pequeño visor al final del largo pasillo dejaba entre ver toda su energía y resplandor.
- Hola. ¿Se perdió?
Volteó para ver de quien se trataba. No había sentido que alguien se había acercado por todo el ruido ambiente.
- Hola. No, solo quería ver.
- ¿Primera vez que baja?
- Si.
- Suele pasar. No es el lugar preferido de los de blanco. Soy Anton. – Dijo extendiendo la mano.
- Lyra. – Respondió estrechando la suya.
- ¿Qué la trae tan lejos de las pantallas?
- Solo, trabajo con el reactor. Me di cuenta de que nunca lo había visto.
- Aquí está, en todo su esplendor. ¿Resolvieron la demora en el pulmón?
El rostro de ella se encendió al oír esto, inclinó la cabeza para responder.
- ¿Cómo sabes de eso?
- Lo sé.
- Pero nadie lo sabe. Solo el Capitán, su hijo y yo.
- Conozco cada ruido aquí abajo. Es donde vivo.
- Igual me sorprende.
- Entonces no lo resolvieron.
- Aun no. – Respondió volviendo a admirar el reactor.
- ¿Puedo hacer una sugerencia? – Quedó mirándola, esperando alguna respuesta, pero se dio cuenta que con su silencio y como lo observaba, estaba esperando. Ella en su mente, solo pensaba en qué clase de sugerencia podría venir de un simple técnico. – Habría que atrasar el ciclo. Pero muy poco.
- ¿No sabes lo que sucede si se atrasa el ciclo?
- Claro que lo sé. Por eso debe ser un poco. Hay un desfase entre el ciclo y el pulmón. Pero si lo atrasamos solo un poco.
- La corrección sería acumulativa.
- Y cuando vuelvan a estar sincronizados…
- Se vuelve como estaba antes.
- Casi. Un poco menos. Sino en el futuro va a volver a pasar.
- Es verdad.
- ¿Como se te ocurrió todo esto?
- Ya te dije. Vivo aquí. Conozco el reactor mejor que a cualquier persona.
- Tendría que analizarlo, pero podría funcionar.
Lyra estaba sorprendida con este técnico. Sobre todo, porque siempre los técnicos del sector bajo solo eran considerados mano de obra sin mucho intelecto, pero necesarios para las tareas pesadas y sucias. Sin embargo, parece haber dado con una solución potencial, antes de que el error acumulativo pudiera hacer fallar algo más.
Realizar estas maniobras, en la teoría sencilla, en la práctica requería de muchas precauciones y maniobras en un área peligrosa, expuesta a alta radiación. No podía demorar mucho ya que cada ciclo que se completaba en el reactor iba acumulando error a lo ya desfasado.
No salía de su asombro, que esta solución viniera de un técnico. ¿Cómo no lo pensó ella antes? Quizás haya estado distraída el último tiempo. Los eventos con Iván la habían desestabilizado un poco. Sin embargo, no dejaba de pensar, en ese técnico, incluso no recordaba su nombre, apenas lo había oído una vez. Tenía el impulso de hablarle una vez más, entender como una idea así pudiera venir de alguien considerado inferior. No era necesario que fuese, pero la curiosidad le ganaba.
- ¿Vas a poder hacer ese procedimiento?
- No creo tener problema.
- Tiene que ser todo muy preciso y movimientos delicados.
- Lo sé perfecto. Todo aquí es con esa precisión.
Se produjo un breve silencio. De esos que no se sabe con qué llenar. Esos que tampoco quieren llenarse con una despedida.
- ¿Cómo es tu vida aquí? – Preguntó ella para su sorpresa, no esperaba una pregunta fuera del asunto del reactor.
- Normal supongo. Comer, dormir, hacer las tareas de rutina. Cada tanto alguna tarea especial como esta, aunque nunca tan delicada hasta ahora.
- No deja de sorprenderme como conoces tanto del reactor.
- Debe ser la forma que me enseñaron. Quizás para ustedes sea incomodo estar aquí. Pero aquí crecí, aquí estuve siempre, es mi lugar. Uno tiene que querer lo que hace para poder hacerlo bien. Todo este lugar, es como una extensión de mí mismo. Conozco cada rincón.