La reunión con el Capitán y su hijo, que era el próximo al mando y lo acompañaba en todas las cuestiones de la nave, fue bastante simple. Lyra tenía la confianza de ambos, y solo necesitó exponer los estudios y análisis que había estado preparando. El reactor necesitaba ser intervenido, de lo contrario, el ciclo de energía del cual dependía toda la nave comenzaría a verse afectado, cada vez más, quien sabe hasta qué punto y con qué consecuencias para todos. Algo era seguro, que ninguno de esos eventos posibles podría resultar en algo bueno, si no se hacía algo pronto.
- ¿Cuáles son los riesgos de la maniobra?
- En teoría, ninguno, ya que solo revertiríamos los desfases con los que ya el pulmón ha estado trabajando.
- ¿Y si no lo hacemos?
- En ese caso, el ciclo podría saturarse de aire sucio, y no realizaría un correcto filtrado. Terminaría forzando el reactor de a poco, hasta que no resista.
- Bien, parece que no hay más alternativas. Quiero que tengas todo previsto, lo que haga falta, errores posibles, maniobras alternativas. Los protocolos de seguridad y maniobras posteriores de descontaminación y observación del técnico también, eso es muy importante, no quisiera que haya contaminación interna. Quiero que esté bien coordinado con ese técnico, que tenga bien claro los protocolos. Quiero conocerlo antes. Quiero ver en manos de quien va a quedar el corazón de mi nave. Es la primera vez que hará falta abrir la escotilla al reactor, es algo que siempre temí, pero en algún momento sería necesario hacerlo.
- Entendido Capitán. Solo necesito repasar los detalles, pero ya tengo todo bastante adelantado.
- Perfecto. Hijo, te quedas tomando nota de lo que haga falta. Voy a ver otro asunto.
- Entendido.
El capitán se levantó de su asiento en la oficina de Lyra, a pesar de conocer cada lugar en el sector de adelante, no recordaba otra oficina con tantas pantallas, datos, números y dibujos dando vueltas por toda la habitación, esquematizando y mostrando información del reactor, o del sector que quisiera. Saludó y se fue, dejando a los dos solos.
- ¿Crees que haga falta anotar ahora lo necesario para la maniobra?
- Creo que no, de hecho, podría pasarte todo en el informe cuando lo termine.
- Me parece bien. – Respondió con expresión evaluativa.
- Y… ¿Cómo está la pequeña?
- Bien, a veces no me deja dormir de corrido, pero está todo bien.
- Eso es lo importante. Iván. ¿Qué pasó? – Soltó finalmente después de una pausa tensa.
- ¿Con qué específicamente?
- Con vos, con nosotros. ¿Con que más?
- Creo que ya no tiene caso hablar del tema. No se puede volver atrás.
- Lo sé. Pero, necesito entender. Y aun no puedo, por más que intente, no puedo.
- ¿Qué parte no entiendes?
- Como pasó todo lo que pasó. crecí convencida que tendríamos que estar juntos. Los dos lo sabíamos. Éramos los más inteligentes. Tenía que ser así. Aunque siempre te ganaba en los exámenes. Y ella no es más inteligente que yo.
- Hay más cosas que solo cerebro Lyra.
- Lo sé. Pero, tenía que ser así.
- Quizás eso pasó, diste por seguro algo y lo descuidaste, lo postergaste demasiado.
- Quizás, por creerlo asegurado. Y ahora, no sé qué se supone que deba hacer. Nunca me imaginé en esta situación. No hay nadie más que esté a mi altura. – La frase le salió un tono más bajo de lo que pretendía. La voz se le cortaba.
- Creo que no había nadie a bordo que te fuera suficiente. Ni siquiera yo estaba a tu altura. Yo en cambio, no necesito eso. Solo, creo que esperé demasiado. El hijo del Capitán no podía no cumplir su parte de la misión. – Concluyó levantándose lentamente de su asiento. No tenía más que decir, era ella quien debía procesar. – Cuando sepas lo que hace falta avísame.
Ella se quedó sentada, escuchando en eco una y otra vez las frases de Iván. Quería objetar, pero no tenía nada que decir que pudiera hacer alguna diferencia. No había escusa que no naciera de cómo le afectaba solo a ella. Por primera vez tenía la otra versión, y la entendía. Y ese nudo en el pecho que pocas veces había sentido en su vida, no la dejaba respirar normal, ni tragar saliva sin que la garganta le raspara. Iván tenía razón. Era muy tarde.
Solo había una cosa que podía hacer, y era lo que siempre hacía: trabajar. Tanto hasta el punto de que las voces de su cabeza se callaran. Aunque esta vez le hablaban con mucha fuerza, casi le gritaban, era difícil ignorarlas. Repitiendo una y otra vez las mismas frases, las mismas preguntas sin respuesta. Pero no tenía otra alternativa. No conocía otra forma. Fue siempre su refugio, su forma de escapar de la realidad.
Una vez terminado todo el relevamiento, envió los informes faltantes, detallando el procedimiento y protocolos a seguir. Estaba todo descrito al detalle, sin lugar a duda, como debía ser. Solo restaba definir cuando se haría, y naturalmente, ultimar los detalles con Anton. Él le había demostrado tener los conocimientos necesarios para lo que había que hacer. Incluso siendo alguien de primera generación, sus compañeros de sector no parecían entusiasmados con realizar esa tarea por demás expuesta a la radiación, los gases, y la temperatura que salía del reactor. Naturalmente usaría un traje de protección, estaban previstas maniobras de este estilo en las que fuera necesario ingresar a esta área. Pero no había alguien más interesado en exponerse así. Sin embargo, a Anton parecía gustarle o disfrutar de estar en esa situación peligrosa, mientras los demás solo la evitaban. El tiempo no era ilimitado, ahí estaba lo tenso de la tarea. El operario cuenta con un tiempo límite tras el cual la exposición podría ser nociva para su organismo. De igual manera que la radiación aumentara o resultara más alta de lo esperado, disminuiría el tiempo para maniobrar antes que comenzara a afectarle.