Ambos caminaron afuera de la enfermería. Se olvidó siquiera que el médico le permitiera salir o no. No importaba. Para él ya era suficiente tiempo inactivo. Además, le gustaba tenerla cerca a Lyra. Estar hombro contra hombro con su mano sobre el de ella para no marearse tanto
Fueron al sector bajo. Él quería sentirse en su área nuevamente. Las instalaciones de los técnicos del sector bajo se encontraban un piso sobre el piso de máquinas. Caminaron hasta el sector de alimentos donde ambos se sirvieron. Ella no tenía hambre, pero le pareció buena idea acompañarlo.
- ¿Cómo fue estar ahí dentro?
- Fue raro. Mas denso, más pesado todo. El aire pesaba para subir o bajar los brazos. Era como si la gravedad estuviera suspendida, todo pesaba, no había arriba ni abajo.
- Que descripción tan extraña. Me cuesta imaginarlo – Comenta entrecerrando los ojos un instante de más, intentando imaginar algo que nunca experimentó.
- Si. No encuentro otra forma de describirlo. Nunca sentí algo así. Ni supe de alguien que nombrara algo similar. Ni al propio Salvatier.
- Que bárbaro, que ese lugar esté tan cerca de nosotros y nadie sepa de eso.
- ¿Y vos, como es que llegaste a estar en el control del reactor?
- No sé. Creo que siempre supe que iba a hacer esto. De niña era la más inteligente del grupo. Bueno, casi. Solo me ganaba Iván en promedio, el hijo del capitán.
- ¿Sacaba mejores notas?
- No en todo. Solo en las materias menos importantes. En esas no me iba tan bien.
- Entonces lo tuyo son los números. ¿Verdad?
- Si. Veo números por todos lados. – Respondió soltando una leve sonrisa.
- Yo ¿Qué número tengo? – Preguntó señalándose la frente inclinando leve la cabeza.
- No – Respondió soltando una leve carcajada -, así no; En todo veo estadística, promedios, probabilidad. Esa clase de cosas.
- Ahora por ejemplo ¿Qué números ves?
- No sé – Soltó otra leve risa – Si me fuerzas no me sale.
- Bueno – Contentó riendo también, dando paso a un leve silencio entre ambos, esperando a ver quién lo cortaba primero mientras veían a las bandejas vacías en la mesa.
- Creo que es tiempo de regresar a lo mío – Dijo ella finalmente - ¿Te acompaño a la enfermería?
- No, prefiero ir a mi camarote.
- ¿Cómo te sentís?
- Aún un poco mareado – Respondió a pesar que se sentía mucho mejor, pero sabía que esa leve mentira le permitiría volver a tocarla.
- ¿Vamos? – Concluyó indicándole que se sostenga de su hombro.
- ¿Qué resta hacer con el reactor?
- Seguir controlándolo.
- ¿Y luego?
- Cuando los valores den lo esperado, vamos a realizar la segunda maniobra.
- Quiero recuperarme lo antes posible para poder hacerlo.
- Según mis cálculos aún falta. Creo que vas a llegar a recuperarte. Igual consideramos la opción de mandar un suplente.
- Pero ¿por qué? – Respondió con sorpresa y algo de molestia.
- Por cómo te afectó estar ahí.
- ¿Qué hay con eso?
- Que, si te afectó de esta manera y vuelves a entrar, podría ser peligroso para vos.
- Llegamos – Dijo él mientras abría la puerta entrando ambos casi sin meditarlo – Soy fuerte, voy a estar bien.
- Eso lo tendría que corroborar el médico.
- Ahora me siento mucho mejor, voy a poder – Concluyó apoyándose en una mesa en su habitación.
Dejó de apoyarse sobre su hombro y la dejó ahí unos segundos, comenzó a deslizar su mano en su brazo suavemente en una sola caricia, mientras descendía, le hacía erizar la piel a cada centímetro. Solo lo observaba con los ojos entrecerrados, inmóvil, fue un gesto que no esperaba, no sabía cómo reaccionar, era una sensación agradable, pero completamente ajena y desconocida. Volvió a sentir su mano deslizándose, pero en otra parte, era su rostro, le acomodaba el pelo ondulado y rebelde que tenía por detrás de la oreja despejándole la mejilla.
Él se levantó de la mesa, se acercó lentamente, pero sin pausa. Se mojó los labios y los apoyó suavemente en el medio de su mejilla, retirándolos y acercándose unos milímetros hacia su boca. Volvió a apoyarle los labios, esta vez en la comisura de los suyos. Ella intuía donde iba a ser el próximo beso. Volteó el rostro cuando lo sintió acercarse y dio un paso atrás.
Él solo atinó a seguirla en los pasos que ella retrocedió, llevado como por un magnetismo invisible hacia ella, pero sus manos lo frenaron.
- No voy a abandonar mi misión. Perdón.
Fue todo lo que ella dijo antes de caminar hacia la puerta. El la acompañó, quiso decir algo que la hiciera detenerse y regresar unos segundos atrás. Pero se dio cuenta que nada la haría regresar.
Abrió la puerta, girando media vuelta sobre sí misma, él estaba detrás, a solo dos pasos. Extendió su mano para despedirlo, como se despide a alguien por compromiso, con lejanía, con neutralidad fría. Anton solo sonrió, sabía que no había vuelta atrás. Sin pensarlo, sin meditarlo, tomó su mano llevándola hacia su rostro, dándole ahí el beso que en el último instante había logrado esquivar. La soltó y la vio alejarse por el pasillo hasta desaparecer. Desde que cerró la puerta hasta pudo dormirse, se preguntó una y otra vez si podría haber hecho algo para haber logrado un final diferente. Pero su escusa era contundente, él no estaba calificado para que ella pudiera cumplir su misión. No estaba calificado para sentir algo por ella.