La noticia parecía ser cierta: el Capitán había sido encontrado sin vida. Nadie sabía por qué. No había presentado indicio alguno en sus controles médicos periódicos. Si tenía algo, no lo habían visto. Sin embargo, antes de irse a su camarote, lo habían notado un poco más callado. Pero no avisó a nadie si padecía alguna molestia. Se fue a descansar un poco más temprano, eso era todo lo que se sabía.
Anton solo estaba sorprendido al igual que los demás, no sospechaba de nada, hasta que se enteró que el medico que lo había atendido, también había presentado malestares y mareos similares a los suyos.
- No hay manera de saberlo.
- Pero usted también sintió mareos doctor.
- Así es, pero no es garantía que haya una relación entre todo.
- Y si la hubiera ¿Por qué le afectaría más al Capitán que a nosotros?
- Alguna predisposición genética. Aún no puedo saberlo.
- Creo que es algo relacionado a mi exposición en el reactor. Y sus mareos y los míos también.
- Si llega a ser así, quizás hay algo. Alguna fuga de radiación o un efecto secundario que hasta ahora nadie notó.
- Pero ¿Por qué no nos mató a todos?
- Como te dije. A nosotros solo nos mareó, pero el Capitán debe haber tenido alguna predisposición, y al estar cerca de ti, le afectó.
- ¿habría que ver si tengo radiación?
- El escáner no rebeló nada. Y ya estas mejor, yo igual. Por si acaso, podemos mantenerte aislado un tiempo, como precaución.
- ¿Y si no tengo nada de eso y resulta ser algo más como un virus?
- De ser así, le tendría que afectar a alguien más fuera de tu círculo cercano. Sigo pensando que el aislamiento es la mejor opción. ¿Viste a alguien más aparte de mí y del Capitán?
- Si, a una persona.
Anton se mantuvo un tiempo en la enfermería, para poder ser monitoreado. Sin embargo, no presentó ningún otro síntoma, ni él ni el médico, por lo que, de haber tenido alguna radiación, había sido poca y se habría terminado. Lyra fue consultada por el médico, pero no presentó ningún síntoma semejante, lo cual reforzaba su teoría de radiación temporal, invisible al escáner, y que no afectaba a todos por igual.
La ceremonia de despedida del difunto Capitán, fue realizada mientras él estaba en observación. Era muy extraño lo que había pasado, y a pesar de la sorpresa, y que por primera vez había un nuevo Capitán, cuando su cabeza se quedaba en silencio, acostado en la camilla viendo al techo, volvía a recordar lo sucedido con ella. Su frase final, sentenciante, quedaba en eco infinito en su cabeza.
- ¿Qué tal si…?
Se decía a sí mismo una y otra vez. Como si haber hecho algo diferente pudiera haber modificado el resultado. Una infinidad de pasados posibles, ningún futuro y solo un presente. Y no era el presente que había deseado.
No había vuelto a sentirse al cien por ciento nuevamente. Cada tanto sentía algún leve mareo que lo obligaba a sostenerse de una pared o de algo para no caer. El médico recomendó que no volviera a entrar al reactor, que la maniobra que regresara las fases del pulmón a la normalidad sea realizada por alguien más.
- Pero yo sé cuánto es lo que modifiqué esa válvula.
- Indícale bien a tu sustituto como lo debe hacer y ya.
- Pero quiero ir. Es mi trabajo.
- No puedo arriesgarte a que te desplomes ahí dentro y no podamos sacarte. O peor, que te afecte más de lo que ya te afectó y pueda provocarte un daño irreversible.
- Eso no será necesario. Voy a poder.
- Ya lo decidí. Y el Capitán está de acuerdo. Lo lamento Anton.
No había escusa que pudiera modificar la decisión del nuevo Capitán si así lo había dispuesto. Debió asegurarse que su compañero comprendiera bien lo que debía hacer. Debió indicarle bien que panel, que llave, que movimientos hacer, todo lo más rápido posible. A pesar de haber sido escaneado, no se había encontrado nada mal con este técnico. Sin embargo, tampoco habían encontrado nada en Anton, y el reactor le afectó de todas formas. Su compañero lo sabía, y estaba un poco nervioso por esto. Era esta la razón por la cual debía tener bien en claro lo que debía hacer.
El momento había llegado. Ya el reactor se había vuelto a coordinar con el ciclo del pulmón, y era momento de revertir la maniobra que se había realizado. Una vez más, todos en el sector de arriba estaban monitoreando. El suplente estaba listo, por lo que comenzó la maniobra una vez autorizado.
El suplente abrió la escotilla. Al ingresar sintió la pesades del ambiente, esa que Anton había intentado describirle. Ahora lo entendía, pero, aun así, para él mismo era difícil de describirlo.
Llegó al panel indicado. Estaba muy nervioso, no había esperado que la densidad del ambiente le requeriría tanta energía. La transpiración no se hizo esperar. Se dio cuenta que las cejas servían como protección para que la transpiración salada no entrara en sus ojos. Sin embargo, la transpiración era tanta que fue imposible que no ingresaran unas gotas a sus ojos. Instintivamente llevó la mano al rostro para limpiarse, solo para chocarse con el casco del traje.
Anton observaba a través de las ventanas en las puertas que daban directo al reactor. Quizás era por la ansiedad, pero lo veía moverse como en cámara lenta. No es lo mismo estar ahí y ver desde afuera. Saber lo que hay que hacer, pero no poder hacer nada desde donde estaba.
Su compañero ya había destapado el panel, pero no veía bien. La transpiración le había irritado los ojos. Sentía mucha presión del ambiente en el cuerpo y comenzaba a dudar de que perilla debía girar. Después de pensar un poco, logró identificarla. Colocando su mano encima la giró lo que le habían indicado.
Rápidamente colocó la tapa del panel para comenzar a cerrarla. Sin embargo, algo lo detuvo. Le pareció sentir un golpe en el suelo, como si alguien golpeara a la puerta. Luego otro, un poco más fuerte que llegó a sacudir el ambiente. No llegó a sentir el siguiente golpe sin desplomarse en el suelo.