Estuvo intentando retomar sus rutinas de trabajo, aunque encontró nuevos obstáculos. No solo las bandejas y algunos caños dañados obstruían algunos pasillos, sino también su cuerpo no resistía las jornadas como antes, la voluntad estaba, pero el cuerpo no respondía como deseaba. Sin embargo, no dejaba de cumplir sus tareas, demorando un poco, pero siempre cumplía. De igual manera, no lo podían apurar con los tiempos como antes, nadie sabía qué hora era, cuanto tiempo llevaba realizando una tarea, nada.
Todo era muy confuso desde la sobrecarga del reactor. Las ordenes no eran claras, había protocolos que no se estaban siguiendo, y creía saber la respuesta. Un protocolo de emergencia, como el que se debería aplicar, generaría el pánico en los pasajeros de atrás, como el Capitán le había dicho. Se deberían usar los recursos al máximo para las reparaciones requeridas, sin embargo, temían que blanquear la situación con todos los pasajeros, pudiera generar pánico. Era entendible, a eso sumarle que eran gente que poco podían ayudar y, de hecho, aun sabiendo que ocurrió un evento delicado en la nave, solo estorban con trivialidades. Son unos malagradecidos. decía para sí mismo.
Ya estaba terminando su recorrido, las piernas le pedían descanso. No podía dejar de aportar en su trabajo, en lo que sabía hacer; eran uno menos desde el accidente, y él había estado recuperándose por bastante tiempo. Muchos sistemas se habían reparado con prisa y sin prolijidad por los compañeros restantes. No eran los de mejor desempeño, pero entendieron la gravedad del momento y aportaron lo mejor de sí. Ya habría tiempo para acomodar, lo importante era habilitar con normalidad la mayor cantidad de sistemas posibles.
Fue regresando a su camarote, lento como se había hecho costumbre, con mezcla de cansancio y desgano por la situación de los daños y lo imposible de reparar todo. Fue ahí cuando la vio aparecer.
- ¿Cómo estás? – Preguntó ella con un leve nerviosismo después de tanto tiempo sin verlo.
- Lyra, ¿Qué necesitas? – Respondió con tono neutro sin mostrar entusiasmo al verla.
- Nada, yo… – suelta con la voz entrecortada. - …quería ver como estabas.
- Bastante cansado.
- ¿Aun tienes dolores?
- Algunos.
- Entiendo. – Dejó una leve pausa, entendió que el ánimo no era propicio para nada. – Te dejo descansar. Adiós.
Intentó responder el saludo, pero no emitió sonido alguno, seguramente ella no lo notó, y habrá sentido más distancia aún de la que quería mostrarle. Ella siguió caminando, solo volteó para ver cómo se cerraba la puerta.
No estaba segura de que acababa de suceder ahí, o tal vez sí. Pasó mucho tiempo desde que hablaron por última vez, en ese mismo lugar. No pudo evitar recordar aquel beso de despedida en el dorso de su mano, repasaba una y otra vez esa sensación que nunca había sentido.
Al igual que ella, Anton fue a descansar, repasando una y otra vez lo sucedido, tanto antes como ahora; había sido muy clara aquella vez, y él se había dejado llevar. El contexto actual no era el propicio para fantasear con una muchacha de un sector inalcanzable para él. Debía enfocarse en su misión, en su rol, en sus tareas. Sin embargo, ahí estaban esos recuerdos, y volvían una y otra vez hasta quedarse dormido.
El tiempo pasaba, entre tiempo de descanso, recuerdos y tareas sin sentido. A pesar de intentarlo, no tenía lo necesario para reparar los daños. Pasaba mucho tiempo solo, como para no tener pantallazos de recuerdos; no eran su pensamiento principal, pero seguían ahí, presentes. Ahora al menos el cuerpo no dolía tanto, o quizás se acostumbró a los dolores. Ya no recordaba como era levantarse sin que algo en el cuerpo le doliera, pero también dudaba que siempre haya sido así.
En un momento, todo es rutina nuevamente, uno se acostumbra a las nuevas situaciones; por más que no sea favorable, con el tiempo adecuado, uno se vuelve a acostumbrar a la rutina. Y en un momento a otro, por suerte, ella vuelve a aparecer para romper esa rutina.
- Hola Anton.
- Hola. – Respondió tratando de disimular la alegría de volver a verla.
- ¿Cómo estás?
- Bien. – No podía decirle cuanto había pensado en ella. La respuesta elegida fue la automática. No podría decirle la verdad. - ¿Vos?
- También. – Se hizo un leve silencio que era claro que él no iba a romper. – Quería pedirte un favor técnico.
- Si, dime. – Dijo soltando un poco de curiosidad.
- Hay unas conexiones que me están dando lecturas dudosas en el control. Quería pedirte que me ayudes a localizarlas y controlarlas.
- No hay problema. ¿Quieres ir ahora?
- Salvo que estés con algo más importante.
- Vamos, sería bueno poder arreglar algo hoy. – Respondió mientras se ponían en camino.
- ¿Cómo van las reparaciones?
- No muy bien, en todo está faltando algo que no hay para poder repararse.
- Lo sé, además los problemas con los pasajeros de atrás, no nos dejan traer repuestos de la parte de atrás sin algo a cambio.
- Algo de eso escuché. ¿Siguen pidiendo cosas sin importancia?
- Si, no importa cuánto se les trate de explicar la situación, solo piensan en sus pantallas.
- Son unos desagradecidos. No hay otra definición.
- ¡El camino está obstruido! – Dijo ella con sorpresa al ver las bandejas de cables y caños interfiriendo el paso.
- Igual se puede pasar. Nomás sígueme. ¡Ay! – Soltó una queja de esfuerzo al tener que agacharse entre las bandejas y cables caídos.
- ¿Esto es seguro? – Preguntó con temor.
- Solo está desplomado. No hay nada desconectado, por ahora.
- Parece que esta parte sufrió más.
- El reactor está cerca, y las cañerías también sintieron los impactos, muchos soportes no resistieron y tiraron las bandejas. Por eso trataron de sostener los caños atándolos para que no se rompan, sino sería un desastre esto.
- ¿Más aún?
Después de caminar un poco más entre cables y escombros, llegaron a la puerta de la sala de tableros del reactor.