Pasajeros en extinción

4.2 - El Tanque

No pasó mucho tiempo hasta que comprendió como era la dinámica en el sector de atrás. Sin embargo, no era lo que había esperado. Posiblemente la dinámica actual de ese lugar era uno de los que menos se le habrían cruzado por su cabeza. Se sorprendió al ver que, a pesar de tanta tecnología, avances, conocimiento de estar a bordo de una nave con una misión, la sociedad de la parte trasera parecía haber involucionado. Todo esto delante de las narices del sector trasero, sin que se hubieran dado cuenta, En algún punto, el sector delantero parece haber cortado demasiado los lazos con el sector de atrás, ya perdiendo el control de como se desenvolvieran como sociedad cerrada.

Los marginales, como él, se movían en la periferia, la mayoría del tiempo en silencio, sin destacar. Solo se acercaban a los demás cuando era momento de buscar comida. Su ración estaba asegurada, al menos hasta ese momento. La mayoría, no hacia gran cosa, solo iban y venían, con sus pantallas por delante de ellos. Quizás hasta algunos de ellos usaban la cámara de sus pantallas para ver donde caminaban, y que sus pies no tropezaran con algún desnivel ni se chocaran algún poste que apareciera de repente. Eran los que más detestaba, no hacían nada, solo existían. Nunca logró saber algo relevante de todas las disciplinas que, se suponía, debían saber para mantener dentro de esa micro sociedad a bordo. Por último, estaban los cavernícolas, al menos así él los llamaba.

No entendía bien como se generó el ambiente preciso para que estas personas tomaran este rumbo. Un poco desidia del sector delantero quizás, otro poco, resistencia al sector delantero por parte de los de atrás, como siempre se supo que existió. Pero en este punto, ya no parecían pasajeros ni tripulantes, sino cualquier grupo de individuos sacados al asar de cualquier lugar incivilizado, menos de donde venían.

El desorden, el aire con aroma viciado, humedad y olores a mucha gente amontonada era lo que predominaba. Quizás la ventilación no estaba funcionando como debería, o quizás no daba abasto. Las habitaciones improvisadas, eran parte del paisaje de los bordes del salón principal. Los marginales fueron los que comenzaron con estas practicas, habían sido echado incluso de sus habitaciones, quienes las tenían. Dormían en los bordes de los pasillos y del salón, se cubrían con los residuos que vaya uno a saber de que parte de la nave fueron consiguiendo. Al menos por ahora, debía lidiar con ellos, ser como ellos, no había lugar para un desterrado.

A quien no tardó en reconocer, analizar, y de quien tendría que cuidarse, era al que llamaban el Tanque. Naturalmente nunca había visto un tanque en su vida, pero la sensación seguramente habría sido similar. Era más grande que cualquiera de los que haya estado a bordo. Quienes lo veían caminar en su dirección, solo atinaban a quitarse de su paso, nadie quería que el Tanque lo lleve por delante.

Era solo un jovencito, aun se le notaban facciones redondeadas de puberto, a pesar de eso, no dudaba en intimidar a los demás para obtener de ellos lo que quería. Una actitud muy retrograda y cavernícola parra esta altura de civilización, aun así efectiva. Nadie se animaba a hacerle frente, y quien alguna vez lo haya hecho, no la pasó muy bien interponiéndose en el paso del Tanque.

- Resulta interesante la aparición de este personaje. Él no es malvado de por si, al igual que sus seguidores, son solo oportunistas. Simplemente encontró un hueco en esta micro sociedad, y él solamente habita ese hueco porque es donde saca mas ventaja de la situación. Quizás por ser intelectuales, confiamos demasiado en la buena voluntad de los individuos, en la formación y en el razonamiento. Por este motivo no aprendemos a defendernos, porque no era necesario bajo estos conceptos. Pero ahora, solo creamos una sociedad que no se defiende, donde el uso de la fuerza es cuestionado con argumentos y teorías, pero una sociedad que no se defiende, es una sociedad indefensa.

Solo hubo una ocasión en la que estuvieron frente a frente. Uno de los fieles secuaces de Tanque fue quien se dio cuenta de que era nuevo en la parte de atrás. El grandote no se fijaba en esas cosas, pero los demás sí. No le temía a nadie, por lo que no se molestaba en recordar a los demás, mucho menos si se trataba de alguno de los marginales del sector. Se le acercaron y lo interrogaron, cerrándole el paso y la visión.

- ¿De dónde saliste? – Le preguntó el Tanque con mala cara y desconfianza.
- No hay nadie nuevo aquí, solo puede venir de adelante. – Dedujo el secuaz.
- De adelante. – Apenas pudo contestar, con voz lenta y los ojos bien abiertos, sabiendo que no había logrado pasar desapercibido como hasta entonces.
- Mala suerte, habrás cometido un error grave para que te manden atrás. – Dijo el secuaz – Eso somos para los de adelante, solo su basurero, un lugar de castigo para ustedes.
- ¿Qué fue lo que hiciste? – Le preguntó el grandote.
- Nada grave.
- Pero estás aquí. Ninguno de ustedes viene porque sí. – Se le acercó al rostro acortando la distancia y le repitió con un tono mas amenazante aún. - ¿Qué fue lo que hiciste?

En ese momento, Lugus aumentó involuntariamente su nerviosismo. Era imposible que no sucediera, teniendo en frente semejante ropero, saliendo de vaya uno a saber qué clase de estadística genética entre los pasajeros.

- Tuve desacuerdos con el Capitan.
- Significa que peleaste con el Capitan. ¿Lo golpeaste?
- No, no nos golpeamos adelante.
- Que aburridos. ¿Entonces? ¿Por qué discutieron?
- Solo no estaba de acuerdo con unas ideas suyas.
- No te creo. Solo por un desacuerdo no terminas aquí atrás. Es el mayor castigo que le podrían dar a uno de los de adelante.
- Sucedió que mis ideas lo hacían ver como un líder débil. – Comenzó a contar con un leve temblor en la voz por sus nervios. - Y decidió quitarme del medio. En el sector de adelante siempre se acata lo que el Capitan dice. No es bien visto contradecirlo.
- Entonces eres enemigo del Capitan.
- No sé si enemigo.
- Si no eres enemigo no me sirves. Y aquí atrás, te conviene serme útil.
- Un contrincante puedo ser. – Respondió, buscando una frase que no lo hiciera sentirse un traidor.
- Eso me sirve. – El Tanque enderezó su postura dejando la actitud amenazante. – Síguenos. – Dio media vuelta y siguió caminando. Lugus se despegó de a poco de la pared y comenzó a seguir al grandote y su grupo.




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