Lugus había logrado contener la idea del grandote de tomar por la fuerza el sector delantero. Su profesión siempre le dio las herramientas para evitar que le propinaran varias palizas. En su caso, se trataba de alguien muy astuto, con mucho poder de persuasión, no era perverso, solo que podía manipular las palabras con tanta facilidad que lograban convencer a los demás de lo que él quisiera. Si lo amenazaban de muerte, era preferible llevar a cabo la amenaza sin permitirle hablar, de lo contrario, podría convencer al otro de llevar su amenaza a cabo contra sí mismo.
A su parecer, el hijo del capitán, el cual había heredado el puesto tras la muerte de su padre, no tenía el carácter necesario para estar al frente de esta misión. Algo en su forma de ser, en su formación, no le habían hecho formar el carácter necesario para una persona al mando de una misión de este calibre.
Hay cosas que no se heredan – pensaba -, tampoco pueden enseñarse, o tal vez sí, pero no en un ambiente controlado como este, donde los niños fueron criados en situaciones consideradas ideales, alejados de los desafíos de la especie, la competencia física juega un papel importante, no solo la mental, calificadas con notas. El mandato de respetar al superior también juega en contra. De esta forma los niños crecen obedeciendo, no crean criterio, y desde temprana edad al mínimo desvío de conducta, son reprendidos, descalificados, desvinculados, en la nave estos son los que terminan destinados a los sectores técnicos y alejados de los demás para que, como un alimento en mal estado, no contamine a los demás.
Todas estas fueron las teorías de Salvatier que más eh cuestionado, las que afectaban mi área. En las demás cuestiones técnicas, no puedo descartar su genialidad, ese era su área teórica principal. Pero en el área socio-psicológica, para mí, dejó mucho que desear. No estoy seguro, quizás los que nos eligieron para esta misión pensaban lo mismo, y quizás por eso me eligieron a mi para esta misión, y no a los demás psicólogos que, según recuerdo, eran más afines a las teorías de Salvatier. Alguien que solo obedece no sabe qué hacer en situaciones extremas, no tiene criterio propio, no tiene decisión, su seguridad se basa en que las ordenes fueron dictadas por alguien más, ahora, hace doscientos años o mil. No importa, alguien que solo sigue ordenes, no sabe cómo afrontar un evento inesperado. En cambio, alguien como yo, que no solo conozco las teorías de Salvatier, ante todos estos eventos, tengo más herramientas, aunque no para mantener a salvo la misión, eso no está en mi poder, sino para mantener a salvo a los que estamos a bordo, incluso de nosotros mismos.
- Dime ¿Por qué no atacar al frente directamente? Tengo entendido que así se hacía en la antigüedad. Era algo que llamaban reinos.
- ¿Eso es lo que quieres hacer, un reino?
- No, esto no es tan grande, y no somos tan primitivos.
- Algunos más que otros.
- Sé que piensas, que soy un bruto, un salvaje por usar algo tan primitivo como la fuerza. – El Tanque se le acercó, lento, pero sin detenerse hasta quedar frente a frente. Lo tomó del cuello apoyándolo en la pared, presionando hacia arriba por la mandíbula, no quería asfixiarlo, sino mostrarle la fuerza con la que contaba en sus manos. – Ustedes son cerebrales, subestiman con la cabeza, pero cuando la realidad se muestra tal como es, instintiva, caprichosa, caótica, no entiende de que es justo, de quien merece algo y quien no. Eso es la naturaleza, caos, movimiento, cambio. Siempre sobrevivió el más fuerte, el más resistente. Con la mente, ustedes intentan convencer a lo natural de que son mejores, pero aún no lograron detener las fuerzas de la naturaleza, solo contenerlas un tiempo. Hace siglos quieren imponerse con cerebro, con discursos, con teorías de como deberían ser las cosas, en lugar de aceptar que la realidad es como es, y ahí solo puedes hacer dos cosas: enfrentar la realidad, o esconderte en un rincón a llorar repitiéndote que es injusto. - El grandote fue soltando su fuerza y lo dejó libre lentamente. – Si pudieras ver la expresión de tu rostro, podrías ver que puedes tener mucho cerebro, mucha evolución, pero no dejas de ser un animal asustado, huyendo de lo real, inventando refugios con sus cabezas.
Se dio media vuelta y lo dejó con los ojos por de más abiertos contra la pared, con el corazón como intentando salírsele del pecho. A pesar de ser alguien del sector de atrás, ser un bruto y orgulloso de ello, el Tanque tenía razón en algo: los de adelante son solo cerebrales, y él era solo fuerza de la naturaleza, como le gustaba describirlo, pero ambos son extremos. Los extremos solo logran desequilibrio cuando uno de los dos se sobrepone al otro. Como en un péndulo, la respuesta natural es regresar en dirección opuesta con – casi – la misma fuerza. Lo ideal debiera estar en algún punto medio de equilibrio, en todo, blanco y negro, creer y no creer, mente y cuerpo, hombre y máquina. Quizás el error de la especie ha sido siempre tomar una bandera y defenderla con la vida de ser necesario.
El grandote creía en su bandera, eso lo dejaba en conflicto obligatorio con la bandera opuesta, y parecía dispuesto a defenderlo con su vida, aunque quizás sobre confiado de que nadie podría detenerlo. Era revelador que el grandote demostrara semejante lucides en todo lo que le planteó. Parecía un bruto, un salvaje, pero al final, ese era el personaje que los de adelante asumieron que los de atrás eran. Los subestimaron demasiado, pensar no era algo puramente exclusivo de los del sector delantero, y si lo era, ya no más. El Tanque no solo era fuerza bruta, sino que pensaba bien donde y cuando usarla, era su herramienta, pero no por eso lo usaba para todo.
Sin embargo, para Lugus, aceptar la realidad era un hecho, pero su herramienta no era la fuerza, siempre había sido la mente, el análisis, la persuasión. De alguna forma sabía que podía emplearla para lograr su objetivo. Sobrevivir en el sector de atrás, ya era un hecho. Sin embargo, quien hoy aseguraba su bienestar era el mismo que amenazaba su futuro, por lo que también debía lograr complacerlo y hacerlo llegar al frente de la nave. Pero no encontraba forma de que eso sucediese sin que generara un problema funcional. Por más fuerza que tuviese, no lograría hacer siempre lo que él quisiera, y eso podría poner a todos a bordo en peligro.