Los del sector de atrás, habían recuperado energías y estaban protestando, haciendo ruido nuevamente. Sus rostros no parecían de enojo, sino de susto, de miedo, de no saber cómo llevar su día a día sin aquello que usaban para todo. Desde escribir, pensar y comunicarse, todo pasaba por sus pantallas. Era su medio para interactuar con un mundo más amplio que el gran contenedor de metal en el vacío en que se encontraban a bordo. Solo querían una cosa: las pantallas de vuelta. No les interesaba oír excusas, ni razones de lo que estaban atravesando, ni a los peligros que se enfrentaban. Solo querían que sus vidas volvieran a ser como eran: predecibles, anestesiadas, viviendo en otra realidad más confortable que la actual en la que solo debían esperar y cumplir su parte de la misión, de la cual, tampoco eran los que la verían llegar a su fin.
La puerta que separaba un sector del otro permanecía cerrada como siempre, los del sector de atrás poco y nada tenían que hacer en el frente. Sin embargo, nunca se había presentado una situación igual, el reclamo no cesaba, y no se sabía hasta donde podría escalar el conflicto. Nunca se había contemplado una situación similar en la planificación de la misión, ni las complicaciones técnicas como las sociales. Los desarrolladores del proyecto muy posiblemente habían esperado la predisposición de los pasajeros de colaborar ante cualquier situación imprevista que pudiera presentarse. La realidad era diferente, solo les importaban sus pantallas y reclamaban sin aceptar escusa alguna.
Los ruidos hicieron asustar una vez más a los del sector delantero. Una vez más el Capitan fue informado, no había otra persona que tuviese la autoridad para intentar calmar la situación. – Si solo se tratara de los pasajeros de atrás, podría buscar una manera de negociar. – pensaba. Pero la intromisión del Tanque, hacia que la ecuación variara. Era imprevisible y lo más violento que se había conocido hasta entonces a bordo, no sabía cómo lidiar con él. Tal vez tendría que localizar a Lugus, él quizás tendría mejor idea de cómo lidiar con él, pero no sabía dónde estaba ni como localizarlo. La situación se le iba de las manos, tanto lo técnico como lo humano. – Ojalá estuviese mi padre aquí, él sabría mejor como lidiar con todo esto, incluso con Lugus. – Dejó una vez más lo que estaba haciendo y se dirigió al sector de atrás, solo esperaba encontrar las palabras adecuadas para hacerles entender la situación y lograr que cooperaran. Ya lo había intentado la vez anterior sin éxito alguno, pero no encontraba algo más que pudiera hacer.
La puerta que separaba un sector de otro se abrió, los gritos y golpes se hicieron más fuertes retumbando en las paredes del pasillo. Iván intentó pronunciar palabras que nadie oyó, el ruido no permitía que se lo escuchara. Bajó la rampa con las manos en alto pidiendo algo de calma, a lo que los protestantes entendieron y comenzaron a ceder con los gritos.
- Por favor pasajeros, ya se lo explicamos, estamos en una situación complicada y de riesgo, necesitamos su colaboración. En este momento no es posible volver a habilitar los sistemas de las pantallas. Tenemos muchos sistemas dañados.
- ¡Ustedes tienen pantallas! – Gritó alguien.
- Ya les explicamos, controlamos todo por las pantallas, es un sistema diferente al de las pantallas personales.
- ¡Queremos las pantallas!
- Si les damos las pantallas nos quedamos sin sistemas principales, nos quedamos sin nada.
- Busquen la manera. – Esta voz era conocida y esperaba oírla.
- Tanque, por favor, necesito tu colaboración, tienen que entender que no se puede. Ayuda en la misión.
- Tienes que poder resolverlo, sino no deberías ser el Capitan. – Todos alrededor quedaron en silencio con expresión de sorpresa, nunca nadie habría considerado acusar al Capitan de que no estaba a la altura del puesto.
- No hay forma que otra persona sea el Capitan. – Respondió Iván. En ese momento, otro rostro conocido asomó desde atrás del grandote, era Lugus.
- Iván, hagamos una reunión tranquilos y te explico que está pasando y que es lo mejor para todos. – El rostro de Iván cambió y el sentimiento de poder calmar las aguas se desvanecía de su mente.
- ¿Esta es idea tuya Lugus? – Acusó el Capitan. – Deberías ayudarme y lo que has intentado hacer, siempre fue desplazarme.
- No es así Iván. Tengamos una reunión y busquemos el bien común como debe ser.
- No se hará ninguna reunión sin que yo esté presente. – Agregó el grandote. – Yo decido que se reclama y que no.
- No tendré ninguna reunión con ninguno de ustedes. Solo puedo esperar más amenazas o que quieran desplazarme.
- No necesito estar a solas para hacer eso. Puedo arrancarte la cabeza ahora mismo. – Dijo el Tanque subiendo el tono.
- Espera por favor. – Dijo el psicólogo con una mano como intentando contener al grandote, aunque sabía que era inútil, su acción era más simbólica que practica.
- ¿Estás apoyando esto Lugus? Es una completa traición a todo lo que podías traicionar.
- Hablemos Iván, encontremos un acuerdo para todos.
- No, ya conozco tus trucos, hablas y hablas hasta marear y lograr confundirme, lo mejor es no dejarte decir ni una sola palabra.
- ¡Los dos hablan demasiado! – El grandote comenzó a dirigirse hacia la puerta, acelerando, sin actitud amistosa.
El Capitan, al ver al gigante acercársele, solo atinó a hacer lo que ya había meditado ante una emergencia: dio media vuelta para cruzar la pequeña rampa, cruzó la puerta y dio la orden a quienes lo acompañaban.
- ¡Cierren la puerta!
Iván cruzó la puerta y esta se cerró detrás de él, sus asistentes aplicaron un bloqueo para que no fuera posible abrirla con normalidad. El grandote y los demás del sector de atrás, comenzaron a golpear la puerta. No parecía demasiado reforzada para el grandote, consiguiendo algún elemento quizás lograría abrirla, además estaba enfadado como nunca, no le gustaba que sus objetivos escaparan cuando ya había decidido atacar. Sabía que ese era el momento en que tendría que tomar el frente, contaba con el enojo y accionar de los demás de su sector. El momento quizás no se repetiría, y si encontraran alguna manera de devolver las pantallas, así fuera de manera parcial, los del sector de atrás se calmarían y no volverían a tener esa ira colectiva con la que contaba ahora. Ya controlaba su sector, nadie se oponía a su voluntad, era el momento de tomar el siguiente puesto, controlar a todos en la nave a su antojo.