Lugus no entendía qué había pasado, los oídos le zumbaban y le dolían como nunca. Estaba desorientado, y con frio, mucho frio. La temperatura de toda la nave siempre se había mantenido en un rango estable, nunca fluctuaba, al menos no en los sectores de los pasajeros en general. Le habían mencionado que el sector bajo era más cálido por efectos del reactor, pero hasta entonces, no había sentido frio a bordo. Su cuerpo se había desacostumbrado a sentir frio, hacía ya mucho tiempo que no lo experimentaba, quizás por eso mismo era que casi no sentía los brazos y piernas, incluso el pecho y el centro del estómago los tenía contraídos ante la inesperada y repentina caída de temperatura. Solo atinó a arrastrarse en el suelo hacia el sector de atrás, la misma dirección a la que estaba huyendo antes que la explosión lo derribara.
Continuó su regreso al sector de atrás, comenzó a sentir de a poco los brazos, el frio no era tan frio, quizás se estaba acostumbrando a esa nueva temperatura. Pero a medida que avanzaba, comenzaba a sentir como la sangre volvía a circular por sus extremidades, casi podía sentir la calidez de la sangre por cada arteria. Ya no había dudas, en el sector de atrás la temperatura era más templada, aún seguía siendo más frio de lo que allí estaban acostumbrados, pero no tanto como el que sintió tras la explosión. Por algún motivo, el sector del pasillo se congeló. Quizás alguna cañería se había roto, algo en el sistema de calefacción, lo que permitía mantener la nave a temperatura y no estar a las heladas temperaturas del vacío del espacio; dudaba que se hubiera roto el casco, la nave no soportaría la descompresión, no lo sabía. Sea lo que sea que haya pasado, se había llevado a muchos. El alcanzó a regresar justo a tiempo antes de la explosión, pero los que estaban en el pasillo no, incluido el Tanque. Aquel que parecía imparable, quien deseaba ser el capitán de una nave averiada por la fuerza, solo había logrado esto, una explosión que los congeló casi a todos.
Desconocía el estado del sector delantero, era de por si más pequeño que el sector de atrás, y si el congelamiento fue equitativo hacia ambos lados del pasillo, lo más seguro es que todo el sector delantero se encontraba congelado. No lo sabía, no había forma de saberlo, el frio repentino había terminado con todos los que estaban allí. Solo se había salvado por haber dado vuelta y huido. Algo había explotado, algo habían roto no solo en la nave, solo estar vivos ya era demasiado en una nave más averiada que antes.
Solo cuando se le pasó el aturdimiento, fue que levantó la vista al gran salón para al fin captar el nuevo paisaje. Era el mismo lugar, pero más oscuro, más aún que antes. Faltaban luces, faltaba gente, hacía más frio. Los que quedaron no se veían animados, había confusión y decaimiento generalizado. Comenzaron a buscar y repartir frazadas sacadas de los dormitorios, muchos temblaban y se abrazaban a sí mismos mientras temblaban, parecían abrazar el calor corporal que insistía a escapar de ellos. No podían escapar al hecho físico que el calor de sus cuerpos los abandonaba.
El ambiente era de confusión y miedo total, incluso llegó a ver quiénes lloraban de rodillas frente a una luz apagada, como si su llanto y suplicas la haría encenderse una vez más. Un escenario desolador salido de algún mal sueño, un desenlace traído de algún chiste de la existencia, donde reclamaban más y más aún se les quita. Donde ya estaban mal, e impensablemente, aun podía empeorar.
La escena era desalentadora, confusión y llanto por los rincones, la oscuridad se había apoderado de todos los rincones apenas cortados por tenues luces de emergencias dispuestas cada cierto espacio, las cuales ni siquiera todas encendieron. Lugus estaba seguro de que era la primera vez que las notaba, antes quedaban camufladas a la simple vista de quien miraba sin prestar atención. Solo atinó a caminar hacia algún rincón de los que estaba acostumbrado, abrazado a sí mismo, aun con temblores como espasmos por el frio extremo que había sentido. Alguien pasaba con frazadas en lo oscuro, apenas si le pudo ver, estiró el brazo forcejeando brevemente por quitarle una. El otro lo empujó tirándolo al suelo fácilmente, apenas tenía energías para mantenerse en pie, no tenía energías para enfrentar ni al más débil a bordo. El breve forcejeo hizo que algunas de las frazadas cayeran, el desconocido levantó todas y amagó a irse, solo se detuvo para ver a Lugus temblando en el suelo. Tomó una de las frazadas con apuro, la más fina que pudo distinguir con el tacto y se la arrojó encima dando media vuelta para perderse en las sombras. Lugus la tomó y solo atinó a llevarla a su pecho y abrazarla con el impulso primitivo de mantenerse en posición fetal. Se quedó allí, en un rincón, abrazado a un fino trapo como abrigo en un pasillo frio y oscuro donde los demás iban y venían, asustadas, sin saber, al igual que él, que era lo que pasaba.
No tenía idea de cuánto tiempo había pasado, lo despertó alguien que tropezó con él cayendo al suelo. Solo atinó a tomarse de la pierna donde le habían golpeado. El frio corporal había disminuido, se sentó manteniendo la posición fetal y finalmente se cubrió con la frazada, no era muy grande, pero logró cubrirse dos veces con ella en esa posición. Solo se quedó allí, observando la oscuridad, abrazado a sus piernas en el rincón de un pasillo frio.
Se levantó sin dejar de cubrirse, le dolían las piernas como si hubiera corrido una gran distancia, el frio las había contraído demasiado. Puso una mano en la pared para usar de guía y comenzó a caminar siguiendo las luces. Quería llegar al gran salón, pero no estaba seguro donde estaba sin luces, apenas las de emergencia si iluminaban un poco, entre tanta oscuridad era suficiente. Iba llegando al gran salón cuando vio todo blanco, como una puñalada de luz en los ojos que lo hizo cerrarlos abruptamente y cubrirse el rostro; la luz había regresado.