Pasajeros en extinción

4.8 - Comienza el conteo

Las luces estaban de regreso, encendieron menos de las que eran normalmente, pero al menos ya no estaban en completa oscuridad. Se levantó lentamente, aun con el cuerpo dolorido por el frio extremo al que había estado expuesto. Ahora la noticia podía confirmarse, el Tanque y los suyos ya no estaban entre ellos, todos los que estaban frente a aquella puerta, no habían regresado. Eran los más agresivos y los que por miedo habían decidido seguir al grandote. Él se había salvado justo a tiempo, de no haber regresado asustado habría quedado congelado junto a todos los demás. Ya no sentía tanto frio como antes, quizás era su imaginación, pero no, definitivamente el aire era más cálido. Probablemente al regresar la luz también había reactivado la calefacción, y los demás sistemas vitales como la producción de alimentos. No era la temperatura de antes, a la que estaban acostumbrados, pero no era aquel frio extremo como cuando todo se apagó.

Se levantó y comenzó a caminar al gran salón lentamente. Cruzó gente llorando en los pasillos, seguramente eran cercanos a los que no volvieron, era entendible, había quienes si tenían alguien a quien perder a bordo. Nunca se había dado cuenta de eso hasta ese momento, no era solo un viaje a través del vacío espacio para llegar a algún lugar y cumplir una misión, había personas y familias a bordo que eran así mismo parte de la misión, aunque él lo olvidara, aunque todos lo olvidaran. Creyó oír algún grito más desconsolado aun a medida que avanzaba por los pasillos, alguien no había resistido el tiempo de frio y oscuridad, y había decidido terminar allí su viaje. No le sorprendía después de todo lo sucedido a bordo, ahora lo veía muy claro, pero antes era impensado. Solo podía seguir avanzando, ya solo se trataba de conseguir metas cada vez más pequeñas como llegar de un lugar a otro.

Finalmente había llegado al salón. Ese solía ser el lugar más concurrido por los del sector y de a poco iban llegando más. Mas allá de ver a todos abrigados, con rostros asustados y de preocupación, con la incertidumbre de que sucedió o que más podría suceder, todos estaban mirando hacia el mismo lugar: la panta.

Al regresar la luz, por algún motivo, la pantalla volvió a encender también. Todos miraban aquello que tanto deseaban y lo cual había sido un desencadenante de los reclamos al sector de adelante. A pesar de eso, era extraño ver esa pantalla encendida, sabiendo que la nave había tenido una explosión, que se había apago y congelado todo por quien sabe cuánto tiempo. Pero ahí estaba, encendida una vez más, aunque no mostraba imagen alguna. Solo un fondo negro con un número que resaltaba en rojo. Cuarenta y un porciento era el numero en la pantalla, nadie sabía por qué estaba ahí y mucho menos que significaba.

Todos se acercaban mirando la pantalla, como hipnotizados, no podían dejar de mirarla, no podían parpadear, como esperando que algo más sucediera en ese fondo negro con números rojos; una transmisión desde el frente, algo, pero nada sucedía.

El tiempo pasó, los del sector iban y venían, ya no estaban frente a la pantalla como en el primer momento. Lentamente volvían a hacer sus cosas, los que podían. Había mucho más espacio, una buena parte de la población quedó congelada en aquel pasillo limítrofe con el frente.

Alguien comentó a Lugus - Me acerqué lo más que pude, para ver cómo estaba el pasillo, pero no me podía acercar mucho, es un pasillo congelado, incluso hay escarcha dejando todo blanco, incluso los cuerpos no son fáciles de distinguir, está todo cubierto.

Habían comenzado a tomarlo como alguien de referencia en el sector. Los que eran considerados de carácter fuerte, por detrás del Tanque, todos habían tenido la misma suerte tras la explosión. El único que quedaba de ellos era él, a eso sumarle que venía del sector de adelante. Él era quien más conocía en el sector, el único que podría dar una remota respuesta de cualquier índole.

- …No lo sé, quizás reiniciaron los sistemas… …quizás estén trabajando para repararlo… …quizás…

Ni él mismo sabía la respuesta, también estaba asustado como los demás, tenía un leve temor de que podría significar ese número en fondo rojo. Estaban a bordo de una nave donde no sabían si alguien tenía el control siquiera. Quizás haberse congelado no hubiese sido mala idea - …quizás… -.

El tiempo seguía pasando, sin poder medirlo. La gente del sector iba y venía, algunos se quedaban frente la pantalla. Se sentaban frente a ella, a veces en grupo, a veces viéndola fijamente, como esperando una señal, una respuesta, a que les hablara, o que les diera la solución como por arte de magia. Otras veces le hablaban, en voz baja, como rezándole que las cosas volvieran a ser como antes, que mostrara algo más que solo un numero estático y sin saber su sentido, que revelara algún secreto, o simplemente que les entretenga.

Lugus solo los observaba:

– Pobres infelices. Estar en un viaje donde poco tenían que hacer, pierden su entretenimiento principal por un problema generalizado. En lugar de comprender la situación, reclaman algo ridículo, solo piensan en ellos, en su pequeño universo, en ver su propio ombligo. Reclaman y tensan la cuerda, solo complican una situación complicada. Terminan enfrentando los dos sectores, los que deberían convivir, complementarse de alguna manera. El frente: lógico, racional; el fondo: emocional, instintivo, animal, primitivo. No entiendo por qué, nadie entiende, pero Salvatier insistía en que ambos grupos debían convivir, complementarse. Pero no dijo como, y aun no lo pudimos descubrir. Ya dudo que se pueda lograr. No fracasamos porque éramos distintos, fracasamos porque no nos supimos integrar. El error fue intentar avanzar sin ser enteros, mutilando algo de lo que somos. Eso Salvatier lo entendió, nosotros no. Ya no hay pasillo que nos una otra vez.

- Me han preguntado que es ese número, por haber estado tanto tiempo en el sector delantero, creen que sé lo que significa, lo cierto es que no, o tal vez sí. Si es lo que creo, no es una respuesta prometedora, y creo que es lo que la mayoría intuye. Algunos decidieron no lidiar más con la incertidumbre. Otros, siguen viendo a la pantalla, siguen esperando.




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