Todo este tiempo se había estado cuestionando si en verdad había hecho bien en castigar de esa forma a Lugus. Era el mayor castigo en el sector delantero, solo comparable a ser expulsado al vacío, y quizás eso podría ser preferible. Se suponía que socialmente era impensado lo que estaba sucediendo, que no se respetasen las cadenas de mando, no había registros de ello desde hacía mucho. Se sabía que todas ellas nunca terminaban bien y los problemas de fondo no se solucionaban, era por esto por lo que las insurrecciones estaban tan mal vistas. Pero al parecer, eso solo funciona cuando todo marcha bien, y hacía mucho tiempo no se registraba una situación crítica semejante que pusiera a prueba la estructura supuestamente infalible.
Mayor aun fue el golpe de realidad, en la que la teoría y los mandatos fallaban, al ver nuevamente a Lugus frente a él en ese pasillo, esta vez colaborando con quienes lo estaban desafiando. – Todo este tiempo reprochándome a mí mismo el haberle expulsado del sector, hubiese sido mejor expulsarlo al vacío. Le regalé un buen elemento al enemigo, como no pude verlo antes. – Se decía a si mismo a la vez que lidiaba con ambos contrincantes en el pasillo que dividía ambos sectores: el Tanque y Lugus.
Aquel sentimiento de traición era demasiado grande, el psicólogo no debería haber vuelto a aparecer, ni siquiera haber escalado en la jerarquía del sector de atrás ya que allí los del sector delantero no eran populares. De alguna manera había logrado ascender en la jerarquía del sector, no contó con que todo, últimamente no estaba siguiendo lógicas, al menos no la suya, no contaba con la aparición de un personaje desafiante a la autoridad como el Tanque. En otros tiempos la sola vergüenza por una acción así era suficiente para que el o los infractores se retractasen.
- No comprendo ¿por qué es que todas estas anomalías me suceden a mí? – Se decía a sí mismo en fracciones de instante. - No es de ahora, fue así siempre. No lograr hacer bien lo que se supone que debería hacer bien. Nunca fui el mejor de la clase como se esperaba del hijo del Capitan; no fui el pretendiente elegido para quien debiera ser mi compañera optima, incluso ahí perdí, contra la nada misma, creo que eso es lo peor; y como capitán, no logré la contundencia que debía tener, el liderazgo necesario. Solo es al final, cuando ya no quedan más opciones que es que puedo romper la inercia y reaccionar tomando alguna medida. Aunque, como es de costumbre, mis soluciones terminan llegando tarde ocasionando más problemas que soluciones. Quizás lo mejor habría sido sincerarme conmigo y aceptar que no soy Capitan. Pero ya era tarde, la reputación de mi vida ya no era lo que estaba en juego si abandonaba en este momento, sino la integridad de la nave. Si el Tanque llegara al mando de todo, quien sabe que podría suceder con todos. No veo más salida que sellar el pasillo, negociar con esta gente, parece imposible, si además cuenta con la ayuda de Lugus, menos aún puedo fiarme. Él también tuvo su ambición de ser Capitan de alguna manera, usó mis miedos, mis inseguridades en mi contra, confiar en alguien debe ser lo más peligroso que uno puede hacer.
- Las inseguridades suelen aparecer en el peor momento Iván.
- ¿Con qué fin? – Preguntaba en alguna consulta cuando Lugus aún era parte del sector delantero.
- Muchas veces se reacciona así para ponernos en estado de alerta ante la incertidumbre.
- Debería ser yo mismo quien mejor me conociera y más animo debería darme, lo cierto es que parezco ser mi peor enemigo. Me congelo en el peor momento.
- La única forma de evitar eso es enfrentándolo. Acostumbrarse a lidiar con esas situaciones. Al enfrentarlas el miedo se diluye y vemos que los problemas no eran tan grandes como parecían.
- Pero es difícil.
- Si fuese fácil cualquiera lo haría.
Las consultas que hacía Iván al psicólogo, rara vez le eran de ayuda, lo dejaban con más temores que con los que llegaba. Pero Lugus tenía otra visión.
- Creo que estas siendo un poco duro con Iván.
- No estoy de acuerdo Capitan.
- Viene lidiando con algunas frustraciones y me preocupa.
- Entiendo lo que dice Capitan, pero justamente debe enfrentarlas, no evitarlas ni suavizarlas. Estas son las situaciones que lo deben forjar.
- Igualmente creo que estas siendo un poco duro.
- Lo entiendo señor. Pero debe evitar ver esta situación como su padre y más como su Capitan. No sería correcto de mi parte decirle que espere, que sus problemas se solucionarán con el tiempo, mágicamente como él lo espera. Como si la sola existencia de un fuerte deseo lo hiciera materializarse.
- Es cierto, aunque a veces, actuar de más fuerza las situaciones e igualmente no sucede lo esperado. No todo debe ser confrontación, muchas veces es necesario dar tiempo a situaciones tensas para que se calmen.
- No es el caso señor, Iván no está en conflicto por sobre actuar, ni por esperar un poco, sino por lo contrario, y esperar de más.
- Entiendo el punto. No es fácil para mí, mis roles se mezclan en esta situación: el de Capitan y el de padre.
- Es el futuro Capitan, su sucesor, no puede ser tan dubitativo. Todo lo que vengo trabajando con él es justamente llevarlo a las situaciones en que no pueda no definirse. Es una especie de entrenamiento, cuanto más lidie con esas situaciones, más normal será para él y no escapará asustado. – El Capitan se quedó pensando unos instantes antes de salir del lugar.
- Solo trata de no ser tan duro con él.
- Si señor. – Pero mentía. Tenía la certeza de que bajar la intensidad de su trabajo no forjaría el carácter que el joven futuro Capitan necesitaba. Ya había visto esas actitudes en lideres débiles, y los resultados no tendieron a ser positivos. Lugus venía de una escuela diferente, sabía por qué había sido elegido entre los pasajeros de generación cero, y no fue precisamente por seguir criterios ajenos.