Me pasó algo extraño, Iván me invitó a su camarote, de él y de sus padres, ósea: el del Capitan. Creí que Madre no me dejaría, como ya había sucedido antes con otros niños, pero para mi sorpresa, esta vez me dejó ir. Estaba tan encantada con la invitación que hasta sospecho que deseaba ir ella en mi lugar. No la recordaba así de entusiasmada por algo, quizás por alguna de mis notas, o no, no recuerdo, quiero creer que sí. Solo sé que al fin la veo un poco calmada y no es tan gruñona como siempre. No había llegado a terminar con mis deberes, me faltaba uno, pero no se enojó por eso. Se está tomando un descanso de su carácter normal, ojalá dure.
No sabía que hacían los demás niños en estas situaciones, era la primera vez que iba al camarote de un superior tan superior. Madre solo me pidió que me comporte, dijo que era un momento muy importante, para ambas, que debía dar buena impresión y comportarme, no tener ningún desacuerdo con Iván, y mucho menos con sus padres. Veía el brillo en sus ojos cuando se inclinó frente mío, pidiéndome que hiciera todo lo me que dijeran y aceptara lo que me ofrecieran. No era su forma habitual de decirme las cosas, hizo darme cuenta de que esto era en verdad importante. De haber sabido que iba a tratarme así, me habría acercado a Iván mucho antes. Hacía mucho que deseaba encontrar la forma en que su ánimo fuera así, las buenas notas ya no estaban dando ese resultado. Quizás ser la compañera de él no era tan mala idea después de todo.
El entusiasmo y las indicaciones de Madre me provocaron la sensación que el tiempo de espera se alargaba más de lo normal, a pesar de que ya conocía a Iván del estudio y de las actividades ahí que nos han tocado hacer juntos. No era un extraño para mí, pero sus padres si, no había tenido trato con ellos antes y no sabía cómo eran, si como Madre o como… no sabía cómo más podrían ser. No tenía más referencias que la mía de cómo eran los demás padres.
Lo que me resultó extraño fue ver por primera vez como era otra familia puertas adentro, como era tener dos padres y no solo uno de ellos como era mi caso. Sin embargo, me cayeron bien, y creo que yo también a ellos, eso quiero creer al menos. Poco después de haber llegado a su camarote ya mis nervios habían desaparecido por completo.
Fue extraño, pero no por raro, sino por ajeno a como es mi vida con Madre. Ella no me da un beso en la frente como la madre de Iván le dio cuando llegamos, ni me hizo una caricia en el cabello como aquella extraña después de besar a su hijo. Pude sentir algo, un escalofrío que me recorría desde los cabellos que me tocó a la piel, bajando por mi rostro. No estaba acostumbrada a una sensación así. Era una sensación cálida y agradable, pero totalmente ajena para mí. Después de eso nos fuimos a un rincón a entretenernos con las pantallas.
- ¿Tu madre te da siempre un beso al llegar? – Le pregunté más tarde a Iván.
- Si, siempre que regreso. ¿La tuya?
- No, la mía no.
- ¿Por qué?
- No lo sé, solo, nunca lo hizo.
- ¿Tu madre está enojada con vos?
- No lo sé. Tal vez.
- ¿Hiciste algo para enojarla?
- No lo sé. Espero que no.
Las preguntas de Iván hicieron cuestionarme algunas cosas: ¿Sería posible que Madre estuviese enojada conmigo? ¡Habré hecho algo mal y no lo sabía? No quería creer eso, pero de ser así tendría mas sentido como era su trato conmigo, el por qué nunca me daba un beso al llegar o el por qué nunca me hacia una caricia en el cabello.
Con Madre solo teníamos tres pantallas, pero allí había muchas más. En un rincón de la habitación estaban agrupadas varias pantallas grandes que me daban curiosidad, lo que mostraban no era nada parecido a lo que había visto hasta ahora, pero no quise alejarme de Iván ni molestar, aunque Madre no estaba, podía sentir su voz en mi cabeza repitiéndome sus indicaciones.
Mas tarde llegó el Capitan, él también actuó extraño: extraño para mi claro. Al verlo llegar, su compañera caminó hacia él con una leve sonrisa, le rodeó el cuello con sus brazos suavemente y juntaron sus labios por unos instantes. Creo que no pude esconder mi cara de asombro al verlos, nunca había visto nada similar. Demasiadas preguntas me surgían tan solo por estar ahí presente, observando. Incluso comencé a preguntarme: ¿Qué era realmente normal, como ellos eran entre sí, o como Madre era conmigo? Me gustaría saber cómo son las demás familias puertas adentro para poder contestar esas preguntas, pero no era algo fácil de lograr.
Con Iván seguíamos entretenidos con las pantallas, aunque yo estaba más entretenida viéndolos por encima de mi pantalla, sin que se dieran cuenta. Me sentí invasora ante esas escenas que sucedían frente a mí, pero no podía dejar de verlos. Después de saludar a su compañera, el Capitan se acercó a nosotros.
- ¿Como están niños? – Dijo mientras se inclinaba hacia Iván para besarle la sien, similar a como había hecho su compañera cuando llegamos.
- Bien – Respondí tímida.
- Iván me habló de vos. – Dijo el Capitan mientras deslizó su mano en mi cabello al igual que su compañera. – Dice que sos muy buena con los números.
- Si, me gustan. – Afirmé mientras me recuperaba del escalofrío que me había provocado su mano en mi cabeza. - ¿Qué muestran aquellas pantallas? – Pregunté señalando al rincón.
- ¿Aquellas? Muestran diferentes parámetros de la nave, me sirve cuando estoy aquí. ¿Quieres verlas? – Recordaba las indicaciones de Madre, de no molestar al Capitan, pero mi curiosidad me ganaba, además fue él quien me ofreció verlas de cerca, así que asentí tímidamente. – Vengan. – Dijo finalmente con su cálida sonrisa relajada que no se desvanecía desde que llegó.
No recuerdo bien que sucedió después, mi vista se perdió en aquellas pantallas. Al verlas pude entender muchas cosas, no se si fue el Capitan que me iba explicando, o si al ver podía entender todo: los gráficos, los números, los códigos de colores. De lejos no lo había logrado distinguir, pero de cerca todo tenía otra forma. De pronto, todo lo que había estado aprendiendo hasta ahora tomaba sentido. Quedé hipnotizada con aquellas pantallas, al irme, mi mente repasaba esas imágenes una y otra vez.