Pasillo 33

Capítulo 5

Normalmente soy alguien impuntual, pero no sé si llegué demasiado temprano y por eso he sentido el tiempo tan largo. Creo que estaba algo nervioso, la verdad. Quedamos a las doce y ya pasó media hora. Supongo que puede estar trabajando, así que tal vez se le dificulte.

Espérame ahí, ya voy en camino.

Ya viene en camino, pero ¿qué tan largo es el camino?

—Ya voy en camino.

—Te estoy esperando desde hace como un ahora —dice ella.

—Había mucho tráfico.

—Sabés, si en realidad no te importa, solo decime.

Luego llegué y ya no estaba. Creo que fue algo infantil, aunque entiendo que no me alisté con tiempo; al menos pudo esperar un poco más. No sé, por algo habíamos quedado de vernos y así. Supongo que podría irme también. No sé qué tanto le interese verme, aunque me da algo de curiosidad saber de qué vamos a hablar. Hace mucho que no lo hacemos y no sé de qué podríamos hablar realmente. ¿Qué tal si viene y no estoy? Sería infantil también, pero ¿qué tal si no viene y yo sigo aquí? Creo que solo puedo esperar unos veinte minutos más y, si no viene, pido algo.

—¿Va a pedir algo? —dice el mesero.

Es la primera vez que no tengo mucha hambre.

—Todavía no, estoy esperando a alguien.

—Está bien, me avisa entonces.

—¿Por qué no me esperaste? —dice ella.

—Tenía hambre y nunca viniste.

—Solo tardé como veinte minutos. De verdad que es increíble lo mucho que te valgo verga, ¿verdad?

No me quiero volver a casa con quemaduras de café. Creo que podría ir al baño y disimular un poco que no me he ido del todo. Este lugar es muy bonito; no acostumbro mucho a venir a lugares así. Supongo que tiene buen gusto al haber escogido este restaurante, aunque se me hace demasiado si es únicamente para almorzar. Me pregunto qué tal son los baños. Normalmente no voy a baños públicos; el solo hecho de respirar dentro te podría dejar tres tipos de malaria.

Bueno, pues no está mal, supongo. Es como algo rústico. No sé mucho sobre decoración de interiores, pero la cabeza de venado en la pared me pone algo incómodo. Realmente no venía a hacer nada y el señor que se lava las manos ya me vio entrar, así que no puedo simplemente darme la vuelta. Carajo, a pesar de que está más limpio de lo que pensé, creo que el ser humano es igual a donde sea que vaya. No voy a entrar ahí.

—Ya estaba así cuando vine —dice el viejo.

Ni siquiera me sorprende. Oh, me está llamando; tal vez ya está aquí.

—Hola, ¿dónde estás?

—Sí… un segundo, solo estoy en el baño.

Mierda, parezco un vagabundo. ¿Cómo se abre la llave? Ni siquiera tiene manija o algo así. He visto unos que tienen como sensor, o tal vez… Bueno, me da igual.

¿Quién será? Supongo que está en la puerta. Ya me reconoció, me está saludando. Qué pena: se vistió muy bien y yo vine muy casual. Aunque mi excusa es que era un almuerzo; no sabía que había que traer saco y corbata ni nada de eso. Tampoco tengo un saco. Tengo que conseguirme uno.

—¿Cómo estás? —dice él.

—Todo bien… gracias.

Me extiende la mano. ¿Es la mano o el puño? Supongo que quiere un apretón, pero no lo sé. Mierda, le agarré el puño. Ahora bailamos con las manos. Qué forma de saludar, la verdad.

—¿Ya pediste algo?

—Todavía no, te estaba esperando.

—Hubieras pedido algo.

—Es que estaba en el baño.

¿Cómo inicio? Normalmente no hablo con la gente. Nunca he quedado con nadie a comer o algo así. Para mí salir a comer es eso: salir a comer. Pero las pláticas son raras. Normalmente contás tu día o algo interesante, pero no sé qué le puede interesar.

—Ahorita en el camino casi choco.

Bravo, pendejo.

—¿En serio? ¿Todo bien?

—Sí, o sea, como que chocó una moto con un bus y me agarraron desprevenido, pero me detuve a tiempo.

—Oh, qué mal. ¿Y el de la moto cómo estuvo?

—Pues no me quedé mucho a ver, pero solo vi como que estaban peleando. Entonces parece que todo bien… aunque algo mal, supongo. No sé.

Quiero dispararme en la cara. Quiero tomar una ametralladora y dispararme en la cara con quinientas balas. ¿Cómo puedo ser tan estúpido? Debería irme, no sé. Voy a sonreír un par de minutos y luego voy a fingir que veo la hora y debo ir a clase, aunque es sábado. Bueno, hay gente que estudia los sábados.

—Es que cae mal, la verdad. La gente que anda en moto de pronto se mete en cualquier lado; es bien peligroso.

¿Me está siguiendo el tema o solo es para no estar incómodo?

—¿Vos manejás moto? —dice él.

—No, la verdad no. ¿Vos?

—Más o menos. Quería sacar la licencia, pero prefiero andar en carro igual.

—Sí, también.

—¿Qué carro andás?

—Pues… una camioneta vieja. Era de mi tío.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.