Pasillo 33

Capítulo 8

He sentido algo extraño estos días. Es como si hubiera una incomodidad en mi pecho. Trato de analizarlo; al principio pensé que era algo físico o muscular, pero es una mezcla entre que me falla la respiración y como si hubiera mal masticado un trozo de carne y lo tuviera atravesado en el esófago.

Normalmente me distraigo haciendo cosas y siento que se va, pero cuando me quedo completamente solo empiezo a sentirme así. Es como si tuviera ansias de hacer algo, creo que puede ser eso, como si quisiera salir corriendo, como si tuviera que hablar con alguien sobre algo; quiero hacer algo, pero no sé qué es. Quisiera saberlo y sacarme esas ansias, pero no puedo. Mientras más lo pienso, me siento más incómodo.

En fin, disfruta tu desayuno, Wilson, pásala bien hoy. Quisiera que me acompañaras a clase, sos el único con el que me gusta hablar, o me siento cómodo.

—Te voy a extrañar —dice él.

—¿Cómo?

—Que te voy a llevar.

—¿A dónde?

—A lo del señor que empaca queso, lo que te dije cuando hablamos.

—Ah, sí.

—Sí, dice que si le ayudas bien ahí te reconoce un billete, entonces te veo cuando salgas para que lo vayas a conocer.

—Está bien, ahí te veo.

Bueno, parece que me consiguieron chamba, lo que deseaba tanto. La verdad, sí lo necesito, demasiado. Necesito mucho una ayuda extra. Normalmente me gasto todo lo del mes y creo que me basta, pero de pronto hay una emergencia y no tengo nada. Todos los días comiendo fuera, así se me va todo; tengo que ahorrar en ese sentido. Todo porque no tengo la energía para hacerme desayuno, cuando es algo tan sencillo. Como sea, qué ansias tengo de conocer a mi nuevo posible jefe. Espero que no sea muy pesado, pero al menos lograré distraerme.

No me gusta mucho, sí, hablar con otras personas. Tengo muy en claro eso. Si voy a trabajar, me dicen y yo lo hago; no quiero socializar, es un peso que siento en la mente y no me agrada para nada cómo se siente. Me pasa siempre. Es como estas personas que me encuentro en los pasillos; todos tienen sus grupos y, por ejemplo, si yo llegara a acercarme, no es como que pase a ser parte de ese grupo, porque se conocen, tienen sus chistes locales y posiblemente me sentiría excluido. Tal vez me esconda un rato en el baño.

PUM.

—Perdón —dijo ella.

—No, perdón, no te vi.

Ay, no, es ella. No sé si sabía que era yo o se tropezó y no se dio cuenta; realmente no la vi. Estoy muy nervioso. Creo que nos hemos visto la cara mucho tiempo y no sé si va a reaccionar mal.

—Te voy a comprar otro jugo —digo.

—Ja, ja, no te preocupés, ¿desde cuándo sos tan amable conmigo?

—Eh, ¿cómo has estado? No te había visto…

—Sí me habías visto.

—Sí, tenés razón.

—Pensaba no decirte nada, pero, aprovechando que te tengo de frente, ¿por qué me dejaste de hablar?

—No sé, yo… Tal vez me daba pena.

—¿Eso es todo? ¿Alguna vez te hice algo?

—Mirá, perdón si se te hace incómodo hablar conmigo, estabas enojada y solo quería alejarme.

—¿Enojada? Ah… bueno, sí, me molestó un poco, pero sabés, las cosas se hablan de forma madura, sos grande ya. No me disgusta acercarme a vos, pero a veces sos bien difícil de tratar.

Cada palabra pica. No pica, duele, como un habanero.

—¿Te gustaría que siguiéramos siendo amigos? —digo.

—A pesar de que sos un imbécil, sí, me caes bien, me hace falta tener con quién hablar de alguna babosada.

—Bueno, pensé que tenías más amigos…

—Pensé que dijiste que no me habías visto.

—Te invito otro jugo.

—Dale pues, vamos.

Es como si no hubiera pasado nada, para ella. Me siento nervioso, como si fuera una extraña. No sé si tenía varios meses de no hablar con ella y me sigue tratando igual. En parte me da mucho alivio. No sé si puedo decir que la extrañaba, pero se siente agradable tener a alguien con quien conversar.

—Qué rico se ve tu almuerzo —dice ella.

—Ah, sí, mi mamá lo hizo.

—Ay, a mí solo me dio para comprar acá en la glorieta.

—Si querés, compartimos.

Cómo extraño que alguien me haga el almuerzo. Bueno, lo que hice no está tan mal.

—Un té helado, por favor —dice ella—. ¿Vos querés algo?

—No, gracias.

—¿Ya comiste?

—Ahorita voy a comer, traje almuerzo.

—Qué tuani, mirá, yo me hice pasta con atún. ¿Vos qué hiciste?

—Pues, un intento de pollo frito y puré.

—Pero, si se ve bien rico.

—Ja, ja, qué va, a mi mamá sí le queda rico.

—Ay, sí, me acuerdo.

—¿Qué?

—¿Qué de qué?




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