Pastillas con sabor a libertad

LOCURA - Capítulo IV

Lleno de euforia por aquel logro di un brinco de mi cama a la sala, para gritar ¡lo conseguí! ¡Cumplí el objetivo que me propuse! elevé una oración agradeciendo a Dios por haberme ayudado en ese reto, ya estaba adentro de la universidad, cual joven ilusionado no veía que ese era solo el principio, que la mochila vaciada solo fue para volverla a llenar, los libros, cuadernos jamás se deben guardar, porque siempre en la vida de una persona estarán.

En ese viaje que iba a caminar, no me di cuenta que tanto la ilustración como la oscuridad iba a encontrar, si confieso que hice todo menos estudiar y como en la vida das lo que recibes, yo le daba poco tiempo a los libros y poca nota yo recibía.

Cual error de principiante el primer día de clases me enamore, amor…

Amor mejor que muchas sustancias para el hombre afligido,

amor correspondido más eficiente que cualquier medicina que yo haya consumido,

amor rechazado sabor acido que menos corazones a herido,

amor terminado sabor amargo donde no solo el corazón está involucrado mente y alma terminan destruidos.

Obviamente aun no era amor, en esa época con dieciocho años no trataba de buscar su significado ni mucho menos descifrarlo, solo avanzaba hacia ella cual lobo visualizando su presa, eso creía yo, no vi en el espejo el hibrido que me había convertido, cuerpo de lobo y mente de oveja y ella cuerpo de oveja y mente de lobo.

Mi dulce Erika la veía todas las mañanas en aquel salón donde ella escuchaba la clase y yo solo en su rostro ponía atención, pero llegaban los días de examen y me entraba la locura por querer estudiar siete cursos ciento cincuenta diapositivas por cada uno, mi madre me miraba con cierta preocupación y me decía “te encanta vivir al filo del cuchillo” una gran expresión, era cierto, jóvenes memorizando minutos antes un tema de una exposición, bibliotecas vacías donde ni un alma había antes de la semana de calificación, pero llegada la hora tan llenas que no encontrabas ni un sitio donde sentarte para aprender la lección.

Todos vivimos ciertos momentos de adrenalina, aunque algunos les encanta agregarle un poquito de dosis extra, desde levantarse tarde hasta quebrar una empresa todo suma en esos tanques del cerebro y del corazón, donde se alberga la ansiedad y muy pero muy oculto la depresión.

No crean que es el único enemigo, existen más desde que abrimos los ojos, es una lucha contra reloj, contra el tiempo, apenas unos minutos nos bañamos, cambiamos, peinamos, planchamos incluso cocinamos el almuerzo, no hubo tiempo para el desayuno un par de panes a la mochila y una botella con avena, ingerimos lo más fácil en la mañana y lo más difícil de digerir en la noche, siempre mirando el reloj esperando que se detenga, aunque sea unos minutos para compensar los que dormí de más.

Sales corriendo cual maratón, intentando esquivar a las personas que van sin apuro ni desesperación, ves las calles y una procesión de autos que apenas avanzan unas cuadras te dice ¡no! Es mejor tomar otra opción, ingresas a la estación y otra procesión esta vez de personas esperando el bus, increíblemente lleno y apretado es el viaje, las personas viajan tan juntas y apretadas que un poco más y se roban un beso.

Ambas opciones suman ansiedad y preocupación a nuestra vida, desde el hombre que siente el deseo de querer bajarse y empujar el carro hasta el que va en un bus con vía libre, pero con treinta personas delante suyo esperando, llenando poco a poco ese tanque ubicado en nuestro interior, en tan solo unas horas ves como estuvimos tantas veces al filo del cuchillo.

No te culpo por sentirte cansado y dormir unos minutos demás, es cierto existe la responsabilidad, pero en mi nación también es dura la jornada laboral, la hora de entrada laboral o escolar en uno pierdes dinero y en el otro una clase ambos te castigan y el temor a esa pérdida da origen a otro ser la frustración, siempre estará ahí cuando exista una perdida porque llegara la idea de que se pudo hacer de una forma diferente.

Cuando no puedas solucionarlo con la razón llega la acción, cuantas mañanas gritos desesperados de los pasajeros más frustrados, cuantas mañanas de hombres golpeándose en una estación por no poder controlar su frustración, espectáculos de lucha impresionantes donde hombres y mujeres lanzan puños de locura y desesperación, pero todo eso le era indiferente al tiempo, el no conoce de estos sentimientos y tampoco le importan los tuyos, los que afloran en el calor de hasta las mañanas más frías, en tan solo unos minutos te tomaste un shot de estas emociones y terminaste embriagado de ira, de rencor y eso que apenas son las nueve de la mañana.

Una fila que da tres vueltas la estación, uno ya no sabe ni donde formarse para tomar el bus correcto, todos tranquilos avanzan en orden, hasta que uno ve el bus viniendo a lo lejos sabes que si esta medianamente vacío es tu oportunidad de oro y si está lleno pues toca regresar a la fila, mientras seguimos avanzando el hombre detrás de mí se ve más desesperado, seguro tiene un trabajo donde son muy exigentes o eso es lo que pienso para no caer en la idea de que solo lo hace por molestar por querer incitarme a pelear y botar toda su frustración de la tardanza.

Mientras avanzo el hombre de atrás me empuja diciendo avancen, no sé y nunca entenderé porque lo hacen, mis pies no están estáticos, se están moviendo, no estoy en la misma posición de hace un segundo, si avanzo más voy a chocar a la mujer que esta adelante sin razón alguna, sigue empujando y diciendo avancen, sigo controlando el impulso, en ese momento llega un bus medio vacío, me hago a un costado para el que quiera avanzar, la mujer de adelante no hace esa acción se queda estática y una mujer más joven pasa pidiendo permiso, pero rozándola apenas, de pronto la mujer mayor al sentir eso toma de los pelos a la mujer que la rozo y que ya se encuentra a su frente tirándola casi al piso tratando de evitar que continue corriendo, empieza la pelea que ya hace muchos minutos se estaba cocinando, la joven voltea y le empieza a gritar con justa razón, que le pasa, que tiene, no sabe que si quiero le puedo pegar anciana estúpida, la mujer que estaba delante mío no se quedó callada y a pesar de su falta porque no sentí que el rozamiento haya sido motivo para tal acción, le dijo, me has golpeado acaso no te das cuenta jovencita malcriada, yo me sorprendí la mujer que se veía tan calmada en un momento saco todas las intenciones de su corazón, sin control, sin siquiera analizar si lo que le había sucedido era necesario para iniciar esa trifulca.




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