No era solo eso, en mi habitación el aire era demasiado espeso incluso podía tocarlo, el enemigo que tantos años se ocultó o de lejos me ataco ahora podía olerlo, sentirlo mas no verlo, todavía no, todavía no era momento de su gran aparición, obviamente aún tenía un poco de cordura, aun no estaba tan vulnerable, es un oportunista y la oportunidad perfecta la espera pacientemente en la sombra de mi ventana.
Fui a un especialista a escuchar unos consejos para superar aquel dolor y me dijo, que no solo debía tomar las pastillas qué debía de alejarme de todo lo que mi vida angustiaba.
Tanto el medico como los consejos de amigos y familiares eran parecidos debía de tomar una decisión para alejarme de todo lo que me cause estrés o frustración.
Roxana me dijo para vernos porque quería saber sobre cómo me encontraba por el tema de mi padre, no tuve mente mal pensada porque quizás hubiera tenido la idea de que era una trampa, por un lado, quería consolar mi pena, por otro quería ver si mis acciones eran distintas.
Como las pastillas yo cargaba porque a pesar de que aún me encontraba en medio de la cordura y locura sentía la necesidad de ellas, debido a eso, Roxana solo vio pena y tristeza, no una acción extraña.
- ¿Cómo has estado? – pregunto Roxana.
- Bien sobrellevando el momento- respondió Martín.
-Sinceramente me sorprendió mucho tu actitud frente a la muerte de tu padre- dijo Roxana.
- ¿Por qué lo dices? – dijo Martín.
-Porque por lo que me contaste no fue el más ejemplar pensé que no lo querías- respondió Roxana.
-Cuando pasan los años uno se pone a pensar en tantas cosas que yo pensé que ya me daba igual tristemente no era cierto- dijo Martín.
-Lo dices porque te apenaste por su partida- dijo Roxana.
-Lo digo porque a pesar de todo el dolor siempre en el fondo espere que me dijera hijo perdóname- dijo Martín, pero solo se fue y nunca más lo volví a ver solo me resigne a vivir así.
- ¿Qué sentiste el día que te enteraste de la noticia? – pregunto Roxana.
-Sentí que el tiempo se acaba y que jamás se cerraría esa herida, que jamás se cumpliría ese pequeño deseo de mi corazón- dijo Martín.
- ¿Qué harás ahora? – pregunto Roxana.
-Seguiré con mi vida he intentare darle todo lo posible a las personas que aún están aquí a las que amo de verdad.
Roxana al ver que el hombre que conoció seguía totalmente igual solo triste por esa pérdida no pensó en nada más.
Otra cita más, otra analizada más, otra conclusión más y yo sin decirle la verdad, no era tan tonto sabía que Roxana algo tramaba.
Por aquellas sustancias que yo consumía pensando si ella en algún momento cuenta se daría y con pena dentro de mí los cálculos en el trabajo empezaron a salirme mal nuevamente, no podía ni sumar ni restar la gente más cercana a mí y el médico tenían razón ese trabajo a pesar de que tuve buenos resultados me hacía mal, mi mente perdida perdía negocios, mi mente confundida confundía a los trabajadores y mi mente dañada daño me hacía.
Así que no se me ocurrió mejor idea que dejarlo un momento e irme de viaje, momento oportuno para relajarme y para ella momento oportuno para intentar desenmascararme.
Fue un viaje al norte de mi país escapando de Lima la gris buscando aguas cálidas que me hicieran feliz.
Los primeros días entre el sol, la arena y el mar sentía que libremente podía respirar, tomado de la mano de Roxana miramos el horizonte infinito del océano y en las noches mirábamos la luna y las estrellas, pero a pesar de esos días de inmensa felicidad no podía escapar de la realidad, en mi maleta no solo había empacado ropa y útiles de aseo también tenía las pastillas, sabía que siete días en un lugar tan lejano y con el enemigo rondando un ataque de ansiedad en cualquier momento me podía dar.
Los primeros días lo pude aguantar, aunque poco a poco sentía que mi cuerpo se empezaba a debilitar como si me fuera a desmayar, pero no era producto de la falta de comida, o del golpe de calor que a cualquiera le puede dar era el, si, mi eterno rival.
En aquel bote junto a los turistas veía viejos, jóvenes incluso niños llenos de alegría pensaba que eso me podía ayudar pero los que hemos pasado por esto sabemos que cuando la enfermedad, empieza a atacar, sabes que la ideas de tu mente y el medio latente de tu corazón sin explicación así nomás no se puede parar, mientras más al fondo el bote se metía más miedo en mi cuerpo sentía, cualquiera me llamaría cobarde, pero todos los demás habían alcanzado superar ese reto con valentía en ese momento parecía que esa palabra yo no la conocía, de pronto un escalofrío invadía mi ser, yo apretaba mis brazos y piernas para disminuir la tensión de mi cuerpo, quería bajarme de ese vehículo porque realmente sentía que no podía estar ni un minuto más lejos de la orilla, paso el viaje y de vuelta al puerto, pisando tierra dije por fin ya no tendré esas sensaciones, mentira, todo temblor tiene réplicas las mías eran dolores en la nuca y en la cabeza una punzada tan fuerte que sentía que mi cerebro se partía, para terminar con un dolor tan fuerte en las mejillas pensando que mi rostro tieso en cualquier momento se quedaría.
Roxana me veía tan asustado y también se había ganado con mis actitudes, yo miraba fijamente a un lado o me tocaba la parte trasera de la cabeza con la mano.