Pata de lana (el arte del placer impuro)

Pata de lana

Decidí escribir un libro novelado sobre la vida de este singular personaje cuando recibí su carta invitándome a pasar un par de semanas en el «Tutumazo», su estancia. Casi había renunciado a hacerlo. Espere este momento por ocho largos años. 

Estoy algo incómodo pues el me dijo que cuando lo crea conveniente me llamaría, en aquella ocasión me dio a entender que lo conveniente seria antes de morir, puesto que había disfrutado de la vida y sus placeres, especialmente los carnales con tantas distinguidas damas de la sociedad cruceña, como también hermosas mujeres y jovencitas de pueblo que realmente no le interesaba conocer la reacción de estas, sus maridos, hijos, parientes o lo que sea. 

Aclarandome que no era miedo, sino indiferencia. 

Me llamo Vladimir Ballejos Barrancos, periodista de profesión y nací en la ciudad de La Paz. 

Ocho años atrás trabajaba en Santa Cruz como corresponsal de un matutino paceño, se me instruyó seguirle el rastro a cierto caballero, rico ganadero y dueño de varias haciendas. Corría el rumor de que era conocido por su legendaria capacidad para conquistar mujeres, no importaba si eran casadas, viudas, solteras, jovencitas o incluso religiosas, él las conseguia y después de ilucionarlas pero complacidas luego las abandonaba. 

Todo este avispero se desató cuando una joven y acaudalada dama de la crema noble de la ciudad se suicidó con un disparo en la cabeza, en pleno acto de coronación de la Reina del Carnaval. La autoinmolación pudo verse en vivo y directo por todo el país gracias a la televisión, fue terrible, tuvo repercusión internacional. La distinguida occisa dejó una carta de despedida en la que culpaba a este señor anteriormente nombrado de abandonarla y que sin su amor ya no quería vivir. 

Mi misión fue ubicarlo y entrevistarle, lo conseguí a duras penas gracias al entusiasmo propio de mis veintidós primaveras, sin embargo jamás llegó a publicarse porque hice un trato con él, que me revelaria todos sus secretos de seducción en un segundo encuentro y además me cedería los derechos de publicación de su biografía. 

Al periódico informe que era imposible ubicarlo y el asunto quedó cerrado. 

En Santa Cruz a este caballero lo conocían como «Pata de lana». 

En momentos más lo volveré a ver. ¿Acaso estará cercana su muerte?, pues veamos cuanto a cambiado, por el momento no conocía su estancia ni su enorme mansión. 

 

 

 

 

 

 

 




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.