Para ti, de mí.
Dos dulces princesas una vez se juntaron a hablar. Las risas se escuchaban por todo el lugar, un rumor por aquí y otro por allá. ¡Vaya que los chismes abundaban por el lugar!
—Siento que lo que hago no es suficiente —dijo una de ellas suspirando con dramatismo y triste como si el mundo en su contra pudiera estar—. Mi príncipe no me logra notar. —Con un puchero, una pequeña flor del césped logró arrancar.
Mientras una suspiraba con un aire trágico, arrancando pétalos de una flor, la otra reía, convencida de que el amor siempre encuentra un valor.
—No te rindas, lo vas a lograr conquistar —dijo la otra princesa con un optimismo y una sonrisa singular; su largo y hermoso vestido ondeando con el viento se podía notar.
—No lo haré —respondió altanera con fingida seguridad—; mis cartas de amor seguirán llegando a su lugar.
Ambas gritaron de emoción; así durante todo el día siguió la conversación, los chismes iban y venían, la amistad por lo alto seguía.