Para ti, de mí.
La brocha triste estaba, pues su pincel no le hablaba.
¡Oh, qué gran pesar!
Había hecho de todo; hasta una cena le tenía preparada. Ya no sabía qué más hacer. ¿Cómo le hablabas al amor de tu vida si esta otra parte no quería saber nada de ti?
—Deberías darle un ramo de rosas —dijo su amigo el cepillo, sacudiendo sus cerdas con entusiasmo—. ¡A todos les encantan las rosas!
La brocha siguió el consejo, consiguió el más grande ramo de rosas y se lo llevó a su pincel, pero no funcionó.
—Siempre que le doy a mi peine una pintura, se pone muy feliz; tal vez eso te ayude —dijo la peinilla.
La brocha siguió el consejo y consiguió la pintura más bonita de la tienda, pero una vez más, no funcionó.
¿Qué más podía hacer? La brocha derrotada y con su mirada agotada se acercó a su amiga la perla.
—Ya no sé qué más hacer —dijo con claro cansancio y la tristeza de su lado—. Intenté hacer todo lo que mis amigos me dijeron, pero nada parece funcionar; tal vez sea momento de parar.
—¿Y ya intentaste charlar? —dijo la sabia perla con voz calmada—. - Intenta hablar con Pincel y preguntarle cómo el problema se puede solucionar.
Lo brocha lo pensó y al final un bombillo por encima de su cabeza se encendió.
—Tienes razón, Perla, muchas gracias.
La perla con asentimiento lo despidió. La brocha con su pincel habló y supo lo que buscaba; solo un poco de atención necesitaba.