Pensamientos a medianoche

5.

De mí, para ti.

Había una vez dos adolescentes que querían su amor al mundo mostrar. Pero el miedo de uno de ellos les impedía avanzar. Aunque el amor se podía sentir, había un secreto que no dejaba avanzar y, tal vez, no era tan secreto.

—No tengas miedo —dijo la chica tendiéndole la mano con su cabello ondeándose con el viento y su rostro iluminado por el sol—. Cuando caigas, yo estaré aquí para sostener tu mano.

La otra persona no le creyó. ¿Cómo podía confiar en alguien que en algún momento la había traicionado? Seguía recordando esa trágica tarde en la que descubrió el cuerpo de su amante junto a la traición en persona. ¿Cómo podría darle su confianza?

El sentimiento de traición y rencor su vida llenó. Recordaba los momentos de amor antes de la traición, con la devoción con que en algún momento de su vida a su pareja miró.

Indecisa, la otra persona decidió darle una segunda oportunidad a quien decía ser el amor de su vida. No debió.

Finalmente, su amor al mundo pudieron comentar. Las dos estaban extasiadas, excepto que de alguna manera el pasado siempre regresa.

Esa traición se repitió una vez más; ella lo hizo, soltó su mano y la tristeza, todo el lugar inundó.

—Por favor —dijo la chica—, perdóname —rogó de rodillas, con lágrimas corriendo por sus mejillas.

Ella se agachó a su altura y sus lágrimas con sus pulgares secó, mientras sentía cómo el aire se sentía frío, al igual que su alma.

- El amor nos puede cegar, más si amamos con todo nuestro corazón. —Comenzó a hablar—. Hoy no te puedo perdonar; tal vez en el futuro lo haga, pero hoy no.

Y así se levantó y hacia atrás no miró.




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