Para ti, de mí.
Una rosa, una rosa roja, una rosa roja y grande que amaba escuchar los sonidos de la naturaleza, una rosa roja y grande que no deseaba estar sola.
Pobre de esa rosa roja y grande, pobre de ella que le tocó un feo destino, el estar sola hasta marchitarse y que sus hojas caigan de su tallo como un paso del tiempo desafiante.
Una rosa roja y grande que adoraba escuchar los sonidos de las hojas de los árboles, mecerse. Que adoraba escuchar a los grillos cantar por la noche mientras la luna bañaba sus ya cerrados pétalos. Una rosa roja que solo quería hacer sonidos tan hermosos como los de las luciérnagas que alumbraran la noche.
Una rosa roja y hermosa, que por un momento tuvo esa compañía tan efímera, que realmente no la creyó cierta. Gracias, lindo pajarito, tu canto siempre será recordado con mucho cariño.
Una hermosa y grande rosa, que solo quería a alguien a su alrededor para poder charlar y crear esa bella melodía que sabía, se llamaba risa. Algún día, solo debía esperar a que el destino tal vez la quiera y su compañero de charlas llegue.