Pensamientos a medianoche

8.

Para ti, de mí.

Querida soledad, de la que todos llegamos a escapar, quiero pedirte perdón porque no te supe apreciar.

Querida amiga mía, que siempre estás ahí cuando todos se van, la única incondicional. Solo quiero decirte que si te llego a olvidar, no me trates de recuperar, porque yo siempre volveré a ti.

Una ranita que siempre amaba saltar de aquí para allá y nuevos amigos encontrar, la popular ranita creyó que por siempre iba a durar; qué iluso y tonto pensar.

No todo es para siempre; la vida pasa, la belleza se vence y los amigos se van. Como le ocurrió a la pequeña rana, lástima que estaba tan cegada por todo el supuesto amor que no lo supo identificar, no supo ver que aquellas personas a las cuales alguna vez apreció, se fueron sin decir un adiós.

—Hola —dijo quien decidió quedarse.

—Hola, soledad —dijo la pequeña rana al darse cuenta de lo que ocurría a su alrededor—. —Bienvenida de nuevo —dijo con una sonrisa amarga al darse cuenta de que su fiel amiga nunca le iba a fallar.

Pobre ranita soltaría en su estanque sin nadie en quien confiar.




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