Para ti, de mí.
Querido y para nada reconocido amor, solo quiero decirte que el viento sopla por la pradera, las luces se encienden en la ciudad, las olas resuenan por la playa y la calma abunda en mi corazón.
Solo que quiero narrarte una historia.
Había una vez...
Una gran familia de cisnes vivía en un estanque muy alejados de todos; no conocían el mundo exterior, estaban tan acostumbrados a su burbuja que no notaron el momento en el que uno de ellos comenzó a cambiar.
La pequeña de los cisnes quería salir y conocer el mundo, tener sus propias historias iguales a las de sus padres.
Los cisnes mayores al principio estaban renuentes, asustados con la idea de que su pequeña hija saliera lastimada por el cruel y oscuro mundo.
Luego de un tiempo, por la insistencia y por el amor a su hija, los padres decidieron ceder. "Un año completo fuera de casa." Fue lo que dijo el padre: "No podemos evitar que conozcas el mundo, así que aquí estaremos para cuando decidas volver" dijo la madre.
Con toda la alegría del mundo, la pequeña agradeció a sus padres y emprendió su camino hacia el mundo exterior, aunque este, bueno, no era lo que ella esperaba.
Cisnes malos, que buscaban aprovecharse de la inocencia de la pequeña. Avaricia, maldad y rencor eran los sentimientos principales.
La pequeña estuvo a punto de rendirse; el mundo exterior no era como ella esperaba, incluso ya le habían roto el corazón. Hasta que lo encontró, el cisne más hermoso y bondadoso que el mundo pudo haber tenido.
Rápidamente, calló enamorada, y dio gracias al universo que fue correspondida. El resto es historia, pero no con un final feliz.