Pensamientos a medianoche

19.

Para ti, de mí

El amor es tan delicado como un globo; debes ser cuidadoso y extremadamente delicado al momento de tratar a la persona que amas.

Pero de igual manera, el amor es igual de doloroso que las espinas de una rosa; si no eres cuidadoso, te puedes lastimar.

Y esa es la historia de cómo Mía se perdió a sí misma tratando de complacer a aquel amor que una vez la cuidó como su más preciado globo, pero que pinchó con sus espinas todas sus esperanzas y destruyó todo de sí.

Mía deseaba conocer al amor, estar enamorada y sentir esas llamadas mariposas; en algún punto de su vida logró cumplir esa fantasía que su corazón tanto anhelaba. El amor llegó a ella como un tornado que puso su mundo de cabeza.

Al principio todo iba bien: paseos por el parque, atardeceres juntos, besos robados y caricias bien bienvenidas. Pero lo que ella no sabía es que su tiempo de amor se iba agotando y cayendo como en un reloj de arena, lentamente.

Al principio eran cosas pequeñas, como comentarios sobre la vestimenta: "Creo que deberías cambiar tu ropa, siento que no encajas muy bien conmigo" "Tienes razón, voy a cambiarme rápido" o miradas que denotaban el descontento.

"No puedo creer que de verdad le hayas dicho eso a mis amigos"

"¿El qué, amor? No entiendo"

"Que no te gusta salir a bares, me dejaste en ridículo"

"¿Por qué? Es cierto, no me gustan los bares, no entiendo por qué está mal"

"Con razón nunca habías tenido novio" dijo exasperado, "se supone que a los novios les debe gustar lo mismo, así que si yo disfruto de los bares, por consecuencia a ti también te deberían gustar"

Mía lo pensó un poco y llegó a la conclusión de que su novio tenía razón; si muchas relaciones habían durado mucho tiempo, es porque tenían muchas cosas en común. Lo que ella no sabía es que amor es autenticidad, no imposición.

"Está bien" dijo en voz baja.

Poco a poco todo cambió y el globo de cuidado se fue haciendo cada vez más pequeño y reprimido por las espinas que alguna vez dijeron amarla. Ya no quedaba nada.

Con su novio era perfecta; no hablaba cuando no se lo pedían, siempre trataba de estar lo más perfecta que podía, siempre hacía lo que se le pedía y nunca se negaba alguna petición. El hombre estaba feliz; al fin había encontrado y moldeado a la novia perfecta.

Eso creía él mientras Mía moría lentamente por dentro, creyendo que si hacía un solo movimiento mal, su relación iba a acabar mal, sin saber que el final de ese amor había llegado hacía mucho tiempo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.