Para ti, de mí.
Dos chicos estaban sentados en el parque; su amor se notaba a kilómetros. El chico la veía a ella y ella veía al chico. Pero había algo…
Darían su vida el uno por el otro, pues estaban enamorados. ¿En qué más podían pensar, además de estar juntos por la eternidad de sus vidas? Pero había algo…
“Gracias por acompañarme hoy”, dijo ella a su chico. Hay algo que quiero decirte. Pensó ella.
“No tienes por qué agradecerme, mi amor”, dijo el chico a ella. Definitivamente había algo…
Pasaron todo el día sentados solo observando y disfrutando de la compañía del otro. Pero había algo…
“Quiero decirte algo”, dijo ella de repente, cortando el cálido silencio. Llenándose finalmente de valentía, habló.
“Te oigo”, dijo el chico.
La chica suspiró; ese es el algo que esperaba.
“Sé que me oyes, pero no estoy segura de si me escuchas”, dijo mirándolo fijamente.
“¿Qué quieres decir?”, dijo él.
“Hace dos días te dije por qué hoy te iba a invitar aquí”.
Se calló expectante a que el chico, su chico, recordara y recordara todo lo que alguna vez le dijo entre lágrimas, esperando aquel consuelo que nunca llegó, esperando esa atención que nunca recibió. Esperando ser escuchada, ese era el problema.
Al no recibir respuesta, decidió tomar aire y hablar: “Hoy se cumplen dos años de la muerte de mamá; esperaba que al menos lo recordaras de cuando te lo dije hace dos días”.
El chico conmocionado intentó decir algo, pero nada salió de su boca. La chica decepcionada decidió tomar sus cosas y con la voz rota dijo: “Eso pensé”.
Ella solo quería ser escuchada.