Para ti, de mí.
La armonía del arpa alguna vez fue hermosa; no podía dejar de escucharse por todo el lugar. Todos viajaban desde lejos solo para escucharla sonar.
Se sentía importante, e incluso imponente; nada podía frenarla. O eso creyó, hasta que cayó en las manos equivocadas.
El arpa, confiada y serena, dejó que aquellas manos rústicas y llenas de cayos tocaran sus cuerdas. Una bella melodía sonó por todo el lugar; el arpa estaba feliz, creyó encontrar a aquel que la haría los mejores conciertos disfrutar.
Pero de repente, el ambiente cambió, la melodía se arruinó; aquellas manos que el arpa juraba adorar eran las que ahora estaban destruyendo aquella paz y armonía.
Hasta que lo peor sucedió, aquellas manos comenzaron a arrancar las cuerdas; el arpa se quedaba callada, pero por dentro sufría.
Pobre arpa, si tan solo no se hubiera quedado callada…