Pensamientos a medianoche

33.

Para ti, de mí.

Cada mañana despertaba con el mismo sueño en mente, el mismo olor a podrido, la misma persona riéndose en mi cara y yo siendo torturada.

Mi cabeza dolía; el sueño había robado todas mis esperanzas de tener una buena noche de descanso.

No me sentía bien, tenía ganas de vomitar y llorar. ¿Qué significaba aquel sueño? ¿Por qué tenía que soñarlo todas las noches desde hace dos años?

Volteé hacia el otro lado de la cama y este estaba vacío; entré en pánico en seguida. Estaba en problemas.

Corrí a la ducha y me di cuenta de que él ya no estaba ahí. Debía correr.

Fui a la cocina; ahí estaba, tan imponente, con su mirada y ojos penetrantes, llenos de rabia y de rencor.

“Querida, qué bueno que despiertas. Yo desperté y mi desayuno no estaba listo. Me pregunto porqué”

Y ahí, cuando me moví un poco y todos mis huesos dolieron, me di cuenta de que estos dos años no habían sido una pesadilla; era algo que lamentablemente vivía día con día.




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