Para ti, de mí.
Cada mañana despertaba con el mismo sueño en mente, el mismo olor a podrido, la misma persona riéndose en mi cara y yo siendo torturada.
Mi cabeza dolía; el sueño había robado todas mis esperanzas de tener una buena noche de descanso.
No me sentía bien, tenía ganas de vomitar y llorar. ¿Qué significaba aquel sueño? ¿Por qué tenía que soñarlo todas las noches desde hace dos años?
Volteé hacia el otro lado de la cama y este estaba vacío; entré en pánico en seguida. Estaba en problemas.
Corrí a la ducha y me di cuenta de que él ya no estaba ahí. Debía correr.
Fui a la cocina; ahí estaba, tan imponente, con su mirada y ojos penetrantes, llenos de rabia y de rencor.
“Querida, qué bueno que despiertas. Yo desperté y mi desayuno no estaba listo. Me pregunto porqué”
Y ahí, cuando me moví un poco y todos mis huesos dolieron, me di cuenta de que estos dos años no habían sido una pesadilla; era algo que lamentablemente vivía día con día.