El fin de semana que siguió a la cita catastrófica transcurrió en un silencio incómodo entre los dos apartamentos contiguos del tercer piso. Noor no había vuelto a ver a Gael desde que se despidieron en el portal, y aunque se decía a sí misma que aquello era exactamente lo que necesitaba -espacio, distancia, tiempo para pensar con claridad-, no podía negar que cada vez que escuchaba pasos en el pasillo o el sonido de una puerta abriéndose, su corazón daba un pequeño vuelco de expectación que después se convertía en una decepción silenciosa cuando comprobaba que no era él.
El sábado por la mañana, incapaz de seguir dándole vueltas al mismo pensamiento una y otra vez, decidió refugiarse en lo único que siempre lograba calmar su mente: la cerámica. Sacó su torno del pequeño trastero que había habilitado como taller en una esquina de su salón, se puso un delantal manchado de arcilla seca de proyectos anteriores, y se dispuso a perder la noción del tiempo moldeando algo que, por el momento, no tenía ni idea de qué sería.
Fue precisamente en ese estado de concentración absoluta, con las manos cubiertas de arcilla húmeda y música clásica sonando de fondo, cuando el timbre de su puerta sonó con una insistencia que la sacó abruptamente de su burbuja creativa.
-Ya voy, ya voy -murmuró, limpiándose las manos lo mejor que pudo en el delantal antes de abrir la puerta.
No era Gael, para su sorpresa y -tenía que admitirlo- cierta decepción. Era Camila, con una expresión que oscilaba entre la preocupación genuina y una curiosidad que apenas lograba disimular.
-¿Qué pasó anoche? -preguntó sin preámbulos, invitándose a sí misma a entrar antes de que Noor pudiera siquiera procesar la pregunta-. Gael me llamó esta mañana y sonaba fatal. No quiso contarme detalles, solo dijo que la cita había sido "un desastre monumental" y que probablemente tú necesitabas espacio.
Noor suspiró, cerrando la puerta tras su amiga y guiándola hacia la cocina, donde al menos podría ofrecerle un café mientras procesaba cómo explicar lo sucedido sin que sonara tan dramático como en realidad había sido.
-Nos encontramos con su ex-prometida en el restaurante.
Camila se quedó paralizada a mitad de camino hacia la silla.
-¿Valentina?
-¿La conoces?
-Solo de nombre. Gael no habla mucho de esa época de su vida, pero sé que fue... difícil. -Se sentó finalmente, con una expresión seria que reemplazó por completo su curiosidad inicial-. ¿Qué pasó exactamente?
Noor le contó todo, desde el vino derramado hasta la aparición de Valentina y su revelación sobre la boda cancelada, sin omitir la explicación que Gael le había dado después ni la tensión incómoda con la que había terminado la velada. Camila escuchó en silencio, con una expresión cada vez más pensativa.
-Sabía lo de la boda cancelada -admitió finalmente-. Toda la familia lo sabe, aunque nadie habla mucho de ello porque fue un tema delicado durante mucho tiempo. Pero nunca escuché la versión de Gael sobre por qué lo hizo, solo los rumores de que había sido un cobarde de última hora.
-¿Tú qué piensas? ¿Crees que fue cobardía o que realmente estaba siendo honesto consigo mismo, aunque fuera tarde?
Camila se quedó pensativa durante un largo momento, removiendo su café sin realmente beberlo.
-Creo que Gael es una persona que ha cometido errores, como todos nosotros. Y creo que a veces confunde la sinceridad brutal con la valentía, cuando en realidad ambas cosas pueden coexistir con el egoísmo. -Miró a Noor directamente-. Pero también creo que ha cambiado mucho desde entonces. Lo he visto crecer, madurar, ser más consciente de cómo sus acciones afectan a los demás. No sé si eso es suficiente para ti, pero quería que lo supieras.
-No sé qué pensar, Camila. Una parte de mí quiere creer que merece una oportunidad, que su explicación tenía sentido. Pero otra parte, la parte que vio a mi madre destrozada por un hombre que prometía cambiar una y otra vez, me grita que estoy siendo ingenua.
-Tu madre y Gael no son la misma persona, Noor.
-Lo sé. Racionalmente, lo sé. Pero el miedo no siempre es racional.
Camila asintió, comprensiva, y durante un momento se quedaron en silencio, cada una perdida en sus propios pensamientos. Fue Camila quien finalmente rompió el silencio, con una pregunta que Noor no había considerado del todo.
-¿Qué sentiste tú, en ese momento, cuando lo escuchaste explicarse? Olvídate de lo que "deberías" sentir según tu lista o según lo que le pasó a tu madre. ¿Qué sentiste tú, de verdad?
Noor cerró los ojos, recordando la vulnerabilidad genuina en el rostro de Gael, la forma en que su voz había temblado ligeramente al admitir su error, la sinceridad cruda con la que había reconocido su propia cobardía pasada.
-Sentí que estaba viendo a la persona real detrás de toda esa fachada de seguridad y arrogancia -admitió en voz baja-. Y eso me asustó más que cualquier otra cosa, porque es mucho más fácil rechazar a un cabrón superficial que a un hombre complicado que reconoce sus propios errores.
-Eso me parece una respuesta bastante reveladora.
-No me ayudes tanto, por favor.
Camila sonrió, dándole un apretón cariñoso en la mano antes de levantarse.
-Solo digo que quizás deberías dejar de intentar encajar a Gael en una categoría fija, sea "el hombre perfecto de tu lista" o "el cabrón que debes evitar", y simplemente permitirte conocerlo como la persona compleja que realmente es. Sin etiquetas, sin comparaciones con tu padre o con patrones del pasado. Solo Gael, tal como es ahora.
Las palabras de Camila se quedaron resonando en la mente de Noor durante el resto del día, incluso después de que su amiga se marchara, dejándola sola de nuevo con sus pensamientos y una pieza de cerámica a medio terminar que, sin que ella se hubiera dado cuenta conscientemente, había ido tomando la forma de un corazón imperfecto y ligeramente torcido.