¿por qué las mujeres se enamoran de los cabrones?

Capítulo 6

Las semanas siguientes transcurrieron con una dulzura que Noor no recordaba haber experimentado en ninguna relación anterior. Gael y ella habían encontrado un ritmo propio, una manera de compartir sus vidas que combinaba la pasión inesperada de sus primeros encuentros con una intimidad emocional cada vez más profunda. Los fines de semana se convirtieron en una mezcla de exploraciones improvisadas por la ciudad -mercados de antigüedades, exposiciones de arte que ninguno de los dos habría visitado solo, restaurantes pequeños que descubrían por casualidad- y noches tranquilas en casa, donde Gael la observaba trabajar en sus piezas de cerámica con una fascinación genuina que nunca dejaba de conmoverla.

-Deberías vender estas piezas -le dijo una tarde de domingo, sosteniendo con cuidado un pequeño jarrón que Noor acababa de terminar de esmaltar-. Son demasiado buenas para quedarse guardadas en un estante.

-Es solo un hobby, Gael. No tengo tiempo para convertirlo en un negocio serio.

-Podrías hacer tiempo si realmente quisieras. -Le devolvió el jarrón con cuidado, mirándola con esa intensidad que todavía la sorprendía después de semanas juntos-. Tienes un talento real aquí, Noor. Sería una pena que se quedara escondido solo porque no encaja perfectamente en tu horario ya organizado.

Aquella conversación se quedó rondando en la mente de Noor durante días, plantando una semilla de posibilidad que nunca antes se había permitido considerar seriamente. Quizás, pensó, había pasado tanto tiempo construyendo una vida cuidadosamente estructurada y predecible que había olvidado dejar espacio para sueños que no encajaban perfectamente en esa estructura.

Pero esa reflexión quedó abruptamente interrumpida un martes por la tarde, cuando su teléfono sonó con una llamada de un número desconocido que, contra su costumbre habitual de ignorar números no identificados, decidió contestar por una intuición que no podría explicar completamente después.

-¿Noor Aziz? -preguntó una voz femenina profesional al otro lado de la línea.

-Sí, soy yo.

-Le llamo del Hospital Universitario. Su madre, Yasmin Aziz, ha sido ingresada esta tarde tras sufrir un desmayo en su lugar de trabajo. Está estable, pero los médicos quisieran hablar con algún familiar lo antes posible.

El mundo de Noor se detuvo momentáneamente, el teléfono casi resbalando de sus manos sudorosas mientras el pánico se apoderaba de cada fibra de su cuerpo.

-¿Está bien? ¿Qué pasó exactamente?

-Es mejor que hable directamente con los médicos cuando llegue, señorita Aziz. Le recomendamos que venga lo antes posible.

Noor colgó el teléfono con manos temblorosas, la mente completamente en blanco excepto por un pánico creciente que amenazaba con paralizarla por completo. Sin pensarlo dos veces, corrió hacia la puerta de Gael, golpeando con una urgencia que reflejaba exactamente el terror que sentía.

Gael abrió casi inmediatamente, su expresión relajada transformándose en preocupación instantánea al ver el rostro pálido y las manos temblorosas de Noor.

-Noor, ¿qué pasa? ¿Qué ha pasado?

-Mi madre. Está en el hospital. Se desmayó en el trabajo y no sé qué... no sé qué está pasando exactamente, y necesito ir ahora mismo pero no puedo ni siquiera pensar con claridad para llamar a un taxi.

-Ven aquí. -Gael la envolvió en un abrazo firme por un momento, permitiéndole descargar parte de su pánico antes de tomar acción-. Voy a llevarte yo mismo. Coge tu bolso y las llaves, yo bajo el coche mientras tanto.

La eficiencia calmada con la que Gael tomó el control de la situación, sin ningún rastro de la ligereza bromista que normalmente caracterizaba su personalidad, ofreció a Noor un ancla desesperadamente necesaria en medio del caos emocional que amenazaba con consumirla completamente.

Durante el trayecto al hospital, Gael condujo con una concentración seria, sosteniendo la mano de Noor cada vez que un semáforo se lo permitía, ofreciendo palabras de consuelo que, aunque simples, lograban mantenerla mínimamente centrada en lugar de sucumbir completamente al pánico.

-Va a estar bien -repitió varias veces, con una convicción que Noor no sabía si era genuina o simplemente una estrategia para mantenerla calmada-. Los hospitales son rápidos con este tipo de situaciones. Vamos a llegar, vamos a hablar con los médicos, y vamos a tener respuestas claras muy pronto.

Cuando finalmente llegaron al hospital, Noor prácticamente saltó del coche antes de que Gael terminara de aparcarlo completamente, corriendo hacia la entrada de urgencias con una urgencia que ignoraba por completo el protocolo normal de estacionamiento adecuado. Gael la siguió apenas unos segundos después, habiendo dejado el coche de cualquier manera en una zona probablemente no autorizada, priorizando estar a su lado por encima de cualquier consideración práctica.

En recepción, una enfermera los guio hacia una sala de espera mientras confirmaban la ubicación exacta de Yasmin Aziz, y los minutos que siguieron se sintieron como una eternidad angustiosa para Noor, quien no podía dejar de caminar de un lado a otro de la pequeña sala, su mente generando escenarios cada vez más catastróficos sobre lo que podría estar pasando.

-Siéntate, cariño -dijo Gael suavemente, tomándola de la mano para guiarla hacia una silla-. Sé que es difícil, pero necesitas conservar energía. Vamos a tener noticias pronto.

-¿Y si es algo serio, Gael? ¿Y si perdí la oportunidad de decirle tantas cosas que quería decirle?

-No estás perdiendo esa oportunidad ahora mismo. Está viva, está estable, según nos dijeron. Vas a tener la oportunidad de hablar con ella muy pronto.

Las palabras de Gael, pronunciadas con una calma que contrastaba dramáticamente con el pánico interno de Noor, lograron anclarla lo suficiente como para respirar con algo más de regularidad hasta que finalmente un médico apareció en la puerta de la sala de espera, preguntando por la familia de Yasmin Aziz.




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