Observé mi mano manchada de sangre una vez más. No sabía si era mía o suya, pero sí una cosa: no debía mirar atrás.
No tardarían en darse cuenta. Nuestros padres estaban por regresar. Justo ahora. No cuando podrían haberme salvado —si es que mis palabras alguna vez hubieran sido suficientes para convencerlos—, sino ahora, cuando ya era demasiado tarde.
No había vuelta atrás, y tampoco quería que la hubiera.
Nada podría volver a ser como antes.
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Editado: 15.06.2026