Principe Del Hielo

12.- SUEÑOS ROTOS

Narrado por Killian

Desperté mucho mejor de lo que esperaba, la verdad.

Pensé que me iba a costar mucho más levantarme con el desastre que tenía en la cabeza, pero después de tragarme una par aspirinas y tomarme mi jugo de proteínas —que, por cierto, sabe a nada, pero es necesario para mantener este cuerpo en forma—, me sentí casi humano otra vez. Bueno, casi, porque la cruda todavía se nota un poquito, no voy a mentir.

Me metí a la ducha con agua bien caliente, de esas que te quitan hasta el último rastro de cansancio y de noche larga, y cuando salí, envuelto solo en una toalla a la cintura, me quedé parado frente al espejo del baño un buen rato. Y bueno… ¿qué puedo decir? No es por ser vanidoso, pero es que es imposible no reconocer la obra maestra que tengo enfrente.

—Vaya, Ashford —me dije a mí mismo en voz alta, pasándome una mano por el cabello todavía húmedo y dejándolo caer con ese desorden tan elegante que solo yo logro—, hoy estás especialmente bien. ¿Cómo lo haces? Deberían darte un premio o algo así.

Me puse de pie, me acomodé los hombros, giré un poco el cuerpo de lado para ver la postura… vamos, que estaba impecable. Y entonces se me ocurrió la idea genial.

Saqué el celular, busqué el ángulo perfecto —que, siendo yo, son todos perfectos, pero hay que elegir el mejor— y me tomé una foto: medio cuerpo, solo con la toalla, el pelo mojado cayendo sobre la frente, esa mirada de "acabo de despertar y soy increíble".

Me encanta hacer esto. Subir una foto así, dejar que todo el mundo la vea, y saber que estoy alborotando todo el avispero.

Es mi forma de entretener a las masas, digamos. Y que conste: no espero el mensaje de nadie en específico. Eso me parece de lo más tonto que hay. Gente que sube cosas solo para ver si esa persona le escribe… por favor, qué falta de dignidad. Yo lo hago porque quiero, porque puedo y porque todos merecen tener una imagen tan bonita en su pantalla. Nada más.

Así que la subo directamente a mis historias, le pongo una canción de las recomendadas que suena bien, que combina con el ambiente, y listo. Pero… bueno, ya que estoy aquí, reviso las notificaciones.

Por curiosidad general, me digo a mí mismo.

Solo para ver qué hay, qué se cuenta la gente. Pero seamos sinceros: mis ojos van directo a una cosa.

¿Aceptó ya la solicitud? ¿Entró a verla? ¿Dijo algo?

Nada. Sigue igual. @Malloray_08Nath sigue sin haber aceptado ni rechazado. Sigue ahí, pendiente.

—Bah —digo tirando el celular sobre la cama con un poco de fuerza—. Seguro que no se ha conectado todavía. O se hace el interesante. Lo que sea, me da igual.

Me visto sin pensarlo mucho. Hoy no voy a ningún evento importante, solo vamos a casa de los abuelos. Nada especial. Pero como conozco a mi hermana, y sé que ella es capaz de arreglarse como si fuera a una boda real solo para ir a tomar té, decido ponerme algo semiformal. Un pantalón bueno, una camisa de esas que se ven elegantes pero relajadas, zapatos limpios… Por si acaso. No voy a dejar que ella llegue y se vea mejor que yo, eso ni loco.

Justo cuando me estoy abrochando el último botón, suena el teléfono de nuevo.

Mark: ¿Cómo amaneció la belleza más grande del universo? ¿Sigues vivo?

Sonrío y dejo el celular otra vez sobre la mesa.

Ya te contestaré.

Entonces me llega otro mensaje, este sí de mi hermana.

Keyla: Pásame a buscar en media hora. Y ponte algo decente, por favor, que vamos a ver a la abuela.

—Siempre mandando —murmuro, pero ya lo tenía planeado.

Tomo mis llaves del coche, cojo la caja con el regalo que compré ayer —algo bonito, caro y que seguro les va a gustar, porque sé elegir bien— y salgo de mi departamento, cerrando la puerta tras de mí. Media hora. Tiempo más que suficiente para llegar, recogerla y que yo siga siendo el puntual de los dos, como siempre.

Entre que arranco y salgo del edificio, ya voy refunfuñando por lo bajo.

La verdad es que me molesta bastante tener que hacer de chófer de mi propia hermana. O sea, Keyla es una mujer hecha y derecha, ¿no? Ya va siendo hora de que aprenda a manejar o, mejor aún, que se consiga un novio que sea competente y que no le importe tener que llevarla a todos lados. Porque el que tiene que cargar con ella siempre soy yo. Y hablando de novios… ahí es donde me hierve la sangre de verdad.

Amo a mi hermana, con el alma, es lo mejor que tengo, pero verla con ese tal Ariel me llena de desesperación y de impotencia. Es que no lo entiendo. Ella es oro puro, brillante, talentosa, hermosa, y él es… bueno, él es lo que es.

Alguien que la frena, que no está a su altura ni por casualidad, y que encima se cree mucho. Me desespera ver cómo se deja arrastrar por él, cómo él limita todo lo que ella podría ser. Pero ya he aprendido que, si le digo algo, peor. Así que me lo trago, me callo y sigo conduciendo.

Para distraerme, enciendo el equipo de sonido a todo volumen. Busco entre las listas y pongo una canción que me gusta mucho: “Por tus ojos”, de un artista mexicano. Y aquí entre nos, porque muy poca gente lo sabe —sería fatal para mi reputación que se supiera—, pero mi gran gusto culposo son los corridos, esas canciones que aquí llaman bélicas, con todo ese ritmo y esa fuerza, y también el reguetón en general.




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